Hicieron un relevamiento de aves bonaerenses

Contiene información sobre el estado de las poblaciones
Contiene información sobre el estado de las poblaciones
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23 de agosto de 2001  

De acuerdo con una investigación realizada por dos zoólogos del museo de La Plata, Carlos Darrieu y Aníbal Camperi, en la provincia de Buenos Aires habitan 362 especies de aves autóctonas pertenecientes a 49 familias diferentes. Este trabajo, presentado en forma de un catálogo, aporta importante información destinada al seguimiento y evaluación de la biodiversidad, tanto en escala local como en la regional.

La obra, realizada en virtud de un convenio celebrado entre la Secretaría de Política Ambiental de la provincia de Buenos Aires y la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, agrupa las distintas especies en familias y éstas en órdenes. Otros datos que brinda son los nombres científico y vulgar, la categorización según su riesgo de extinción y la distribución geográfica.

Para indicar la distribución geográfica de las aves, los científicos siguieron el esquema dado hace varias décadas por Raúl Ringuelet y Raúl Aramburu, de la Universidad Nacional de La Plata. En ese esquema se divide la provincia de Buenos Aires en cuatro áreas. La primera está ubicada al norte del río Salado y posee aves de tipo subtropical. La segunda área está al Oeste y es habitada por aves pampeanas con ingreso de especies provenientes de la denominada provincia biogeográfica chaqueña. La cuarta área, al sur de la provincia, está representada por un gran número de especies que ingresan desde la Patagonia. El área restante, la tercera, es de transición, con aportes de especies de las otras zonas.

"Las aves son unos de los componentes más notables e importantes de los ecosistemas terrestres y acuáticos", comentan Darrieu y Camperi. Según los investigadores, uno de los problemas más graves que afecta la conservación de numerosas especies de aves de la provincia es la destrucción de los ambientes naturales. Así, el pastizal pampeano sufrió profundas modificaciones por la actividad agropecuaria, lo que trajo como consecuencia una modificación en la presencia y el número de aves ligadas a ese hábitat.

En peligro

Darrieu y Camperi comentan que la aplicación de plaguicidas incide negativamente en el ciclo reproductivo de varias especies. Estas sustancias tóxicas se van acumulando en el organismo y producen efectos nocivos, tales como infertilidad, debilitamiento de la cáscara del huevo e inviabilidad del embrión, o, en casos extremos, la muerte.

Un ejemplo del impacto negativo producido por los plaguicidas es el del aguilucho langostero, que llega a la Argentina desde América del Norte. Por medio del anillado y otros métodos de seguimiento, se detectó una alarmante disminución en sus poblaciones.

Otro factor que afecta a las poblaciones de aves es la caza, tanto comercial como deportiva. "La primera, destinada a la captura de ejemplares destinados al mascotismo -explican Darrieu y Camperi-, impacta especialmente a los cardenales, corbatitas, mixtos y jilgueros. En cuanto a la caza deportiva, entre los grupos más perseguidos se encuentran las perdices, o inambúes, y las martinetas."

También son cazados, en menor medida, los patos silvestres y el ñandú. Esta última especie es perseguida para extraer sus plumas y por su carne. Por esta causa y la progresiva destrucción de su hábitat se produjo la extinción del ñandú en la provincia de Buenos Aires, sólo quedan pequeños grupos dentro de algunas estancias.

Quien desee obtener el catálogo de aves bonaerenses puede solicitar información al correo electrónico acamperi@museo.fcnym.unlp.edu.ar

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