La actividad nanotecnológica, en alza

Otorgaron importantes subsidios a grupos académicos de investigación que lograron acuerdos con impresas para sus desarrollos
Nora Bär
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26 de septiembre de 2011  

Los alquimistas ansiaban transmutar metales "vulgares" en oro.

Hoy, los investigadores intervienen en la estructura molecular de los materiales, la modifican y les otorgan a ellos propiedades de las que carecen en la naturaleza. ¿Alquimia? No: nanotecnología, la ciencia y la técnica de lo infinitamente pequeño, con escalas de una milmillonésima de metro.

La nanotecnología, que promete superar las fantasías más desatadas, con la creación, por ejemplo, de textiles que se limpian solos o espejos que no se empañan -y, por añadidura, interesantes oportunidades de negocios-, es hoy un área en alza en el país: por primera vez, ocho consorcios público-privados (todos evaluados por un jurado internacional) recibirán subsidios por más de 110 millones de pesos en total para desarrollar grandes proyectos en esa área.

El que lideran el ingeniero Marcelo Pagnola, de la Facultad de Ingeniería de la UBA (Fiuba), y el doctor Joaquín Valdez, del INTI, junto con un equipo de la Universidad Católica de Salta, permitirá transferir a las empresas cordobesas Electropart e Inmeba la tecnología para realizar núcleos de transformadores que reduzcan entre un 66 y un 80% el gasto de energía.

El proyecto incluye dos líneas de trabajo. "Una involucra el desarrollo de materiales magnéticamente blandos, que disipan muy poca energía al ambiente -explica Pagnola-. El Laboratorio de Sólidos Amorfos de la Fiuba lleva casi tres décadas estudiando aspectos relacionados con este tema. Ya tenemos varias patentes y desarrollamos el prototipo. El subsidio que recibimos del Fonarsec nos permitirá hacer la transferencia para poder reemplazar los transformadores tradicionales, realizados con tecnologías obsoletas."

Aunque deberá estudiarse cada caso en particular, los científicos estiman que el reemplazo de los miles de transformadores antiguos por otros realizados con este material nanoestructurado permitiría un ahorro equivalente a la construcción de una nueva central energética.

Se trata de un material "amorfo" (es decir, sin estructura cristalina, como el vidrio), que los científicos fabrican con técnicas de enfriamiento rápido. "Se hace enfriando rápidamente un material [por lo general, hierro, silicio y boro] en estado líquido -explica Pagnola-. Primero se calienta en un crisol y luego se expulsa a alta presión sobre un dispositivo giratorio. Así, se logran tasas de enfriamiento del orden del millón de grados Kelvin por segundo. Al bajar su temperatura sobre un dispositivo que está en rotación, se genera una cinta muy finita, de micrones de espesor, que se enrolla a gran velocidad: unos 50 metros por segundo. Así, formamos bobinas de material de distinto grosor de acuerdo con las aplicaciones. El proceso de nanoestructurado se logra gracias a un tratamiento térmico controlado, que hace que se formen cristalitos de entre 100 y 200 nanómetros."

Propiedades fantásticas

La segunda línea de este proyecto intentará lograr materiales magnéticos "duros" para producir imanes nanoestructurados que podrían emplearse en motores de ascensores más pequeños, eficientes y de menor costo, y en turbinas eólicas.

"Ninguna pyme argentina puede dedicar un químico a desarrollar nuevas tecnologías -dice el doctor Ernesto Calvo, director del Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (Inquimae) de la UBA-. Lo interesante de estos proyectos es que el sistema científico aporta la capacidad de investigadores que pueden entender la tecnología, buscar bibliografía, comunicarse con colegas en el exterior..." El convenio firmado entre el Inquimae, la Comisión de Energía Atómica y las compañías Laring y Darmex, pretende revolucionar el proceso de anodizado del aluminio.

"La tecnología electroquímica se conoce desde hace 90 años -cuenta Calvo-. Nuestro proyecto propone encontrarle otras funciones por medio de la nanotecnología. Depositando nanopartículas en poros diminutos, por ejemplo, podemos hacer que repela bacterias o producir paneles solares para que un edificio genere su propia electricidad. Todo eso puede lograrse modificando una superficie. Ahora, las empresas, sin ningún desembolso, van a tener cuatro doctores para trabajar en estos proyectos."

El Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad de San Martín (Unsam), junto con el grupo de nanotecnología del INTI, y las empresas Agropharma y Biochemq, desarrollan un dispositivo para hacer diagnóstico in situ de enfermedades infecciosas veterinarias. "Tiene el tamaño aproximado de dos cajas de zapatos -cuenta Diego Hurtado de Mendoza, director de investigaciones de la Unsam-. Permitirá tomar muestras biológicas de 20 a 25 animales y analizarlas en 15 minutos, un proceso que ahora lleva una semana."

Para Hurtado de Mendoza, este tipo de proyectos constituye una experiencia inédita. "Por primera vez logramos sentarnos en una mesa con tres empresas, hablar un mismo lenguaje y coincidir en los mismos intereses", afirma.

Para los científicos, esto también demuestra que no hay contradicción entre la ciencia básica y la aplicada. "Si tenemos éxito, vamos a publicar artículos de frontera -asegura Calvo-. Y además, podremos resolver muchos desafíos tecnológicos."

Por: Nora Bär
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