La ciencia de las películas

Nora Bär
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27 de mayo de 2009  

Desde que en 1902 Georges Méliès estrenó Le Voyage dans la Lune , la película muda en la que -¡ya en ese tiempo!- se representaba el viaje de una nave espacial a nuestro satélite con trucos fotográficos, muchos directores y guionistas de films de ciencia ficción nos tienen acostumbrados a argumentos rociados aquí y allá con conceptos y tecnologías que revelan una imaginación desatada.

Pensemos en Viaje a las Estrellas , por ejemplo, una serie de películas y videojuegos que ya recibió la adhesión de varias generaciones de fanáticos. Algunos de los dispositivos que aparecen en la historia resultaron increíblemente anticipatorios de lo que se convertiría en una realidad cotidiana... casi medio siglo más tarde: como las pantallas táctiles, que hoy están en manos de cualquiera que use una Palm o un iPod, la transmisión inalámbrica que actualmente conocemos como "tecnología Bluetooth" y los intercomunicadores que usan los personajes para ponerse en contacto con la nave Enterprise y que, vistos a la distancia, parecen un antecedente ni más ni menos que de nuestro archidifundido teléfono celular.

No se puede decir lo mismo de otros temas característicos de esta serie, como los viajes a velocidad "superluminal" (superior a la de la luz, lo que transgrediría las leyes de la física) o el "teletransportador", en los que el guionista ya da rienda suelta a su creatividad.

Lo interesante es que cuarenta años más tarde, los guionistas de Angeles y demonios , la película actualmente en cartel basada en la novela de Dan Brown, describen en aras de la diversión una situación fantasiosa (la búsqueda contra reloj de un asesino contratado por una secta, los Illuminati, que quiere destruir el Vaticano), pero no necesitan inventar el condimento científico: ¡la ciencia actual ya alcanza ribetes de ficción!

En el film, Robert Langdon, profesor de Harvard, y Vittoria Vetra, una bella física italiana que trabaja en el CERN (la organización europea para la investigación nuclear) son convocados a Roma para recuperar la bomba más poderosa del mundo, hecha de "antimateria" y robada de uno de sus gigantescos aceleradores.

Y he aquí lo singular del caso: la "antimateria" (formada por partículas subatómicas con igual masa, pero distinta carga eléctrica que las partículas), la "hermana secreta" de la materia que, se cree, existieron casi en iguales proporciones iguales en el origen del universo, es producida en laboratorios como el CERN desde hace 50 años.

Claro que otros detalles no son tan precisos. Todos los laboratorios del mundo sólo crearon hasta ahora millonésimas de gramo de antimateria, y jamás, jamás -como explica la doctora María Teresa Dova, que trabaja en el experimento Atlas del acelerador de partículas más grande del mundo, el LHC-, podría almacenarse dentro de una botellita a pila: como cualquier contacto de una partícula y su antipartícula lleva a su inmediata aniquilación, para aislarla se necesitan moles como edificios enteros. En fin, ésa es una licencia artística...

Por: Nora Bär
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