La diabetes en vacaciones

Un aspecto crucial es mantener una hidratación óptima
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23 de enero de 2002  

Aunque las vacaciones hayan quedado atrapadas en el corralito o el destino sea la playa más próxima y mil veces recorrida, finalmente el verano -aunque sea en plena ciudad- conserva casi siempre algo de magia.

Entre los diabéticos, que esas deliciosas sorpresas estivales no se vuelvan sustos depende en gran parte de ajustar su tratamiento a las demandas de la estación más calurosa del año.

Un aspecto crucial es mantener una hidratación óptima. "Es uno de los aspectos más importantes, sobre todo para beneficio del riñón, que trabaja más fácilmente bien hidratado", sostiene la doctora Graciela Fuente, de la Unidad de Nutrición del hospital Durand.

Por eso se recomienda tomar bebidas como agua, soda, gaseosas dietéticas o infusiones frías (té o mate cocido). En personas mayores, es importante que ingieran como mínimo dos litros de líquido por día, preferentemente agua o gaseosas sin azúcar.

Según la doctora Fuente, no es aconsejable que los diabéticos ingieran alcohol, sobre todo cerveza, ya que contiene hidratos de carbono y puede modificar la glucemia. Por otra parte, y más en el caso del insulinodependiente, se correrá el riesgo de llegar con mayor facilidad a una hipoglucemia, ya que el alcohol impide al hígado elaborar glucosa.

Calor y movimiento

"Con las altas temperaturas es muy común que se produzcan bajas de presión -continúa Fuente-. Si la persona con diabetes tiene hipotensión es aconsejable tomar agua mineral con mayor contenido de sodio y que agregue un poco más de sal a los alimentos."

Pero también existen muchos diabéticos que además son hipertensos. En estos casos se recomienda un control muy prolijo de la presión.

"Es importante no confundir la baja de presión con la baja de azúcar, ya que a veces presentan síntomas parecidos: mareo, decaimiento, falta de fuerza -advierte la doctora Fuente-. En estas circunstancias es aconsejable medir la glucosa y tomar la presión para distinguir los síntomas."

No es verdad que se requiera más insulina en el verano. Si hace mucho calor, la hormona se puede absorber y comenzar a actuar más rápidamente, aunque no en forma más intensa.

La actividad física es uno de los grandes pilares del tratamiento de todas las formas de diabetes. Y también hay que adaptarla al verano.

"Convienen actividades aeróbicas y no de alto impacto -dice la especialista-, porque los esfuerzos bruscos pueden afectar el riñón. Hay que hacer ejercicio durante las horas menos calurosas: temprano a la mañana o al atardecer, con ropa liviana y calzado adecuado, sin olvidar medias de algodón para evitar lesiones en los pies. Previamente, tomar suficiente líquido y hacerse un monitoreo de glucosa."

Cuando el trabajo físico es intenso (por ejemplo, un partido de fútbol), la recomendación es verificar el nivel de glucosa durante el entretiempo (especialmente si se es diabético insulinodependiente) y nunca dejar de hidratarse con líquidos, que pueden ser azucarados si la glucemia descendió mucho durante el ejercicio.

Pero no es necesario matarse con la actividad física: moderada cumple igual su función. "Sí hay que realizarla en forma constante: lo ideal es 5 veces por semana. Comenzar gradualmente hasta caminar entre 40 y 60 minutos por día, siempre bajo supervisión médica", concluye Fuente.

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