"La solidaridad ayuda, pero no soluciona los problemas"

La argentina, primera mujer en ese cargo, apuesta a políticas públicas
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14 de mayo de 2003  

El brillo de su mirada clara no cambió y, pese a la agotadora agenda de su primera visita oficial a la Argentina, la doctora Mirta Roses Periago está llena de energía.

Primera mujer que dirige la Organización Panamericana de la Salud (OPS), entidad decana del sanitarismo internacional, establecida en 1902, esta médica argentina nacida en Santa Fe, pero criada y educada en Córdoba (donde fue nombrada Ciudadana Ilustre y Doctora Honoris Causa de la universidad nacional) no ocultó su preocupación sobre la suerte corrida por su ciudad natal.

Recibió la noticia en Washington, donde reside desde hace 8 años con su esposo y sus 4 hijos. Y, de inmediato, se comunicó con el Ministerio de Salud de la Nación y de la provincia, para acercar su ayuda ante el desastre. No en vano, Mirta Roses dice que siempre piensa en volver, pero sus responsabilidades no se lo permiten, al menos, por ahora, cuando recorre los primeros 100 días de su mandato de 5 años.

De su mano, llegaron a Santa Fe el asesoramiento de expertos internacionales en desastres, una poderosa bomba extractora de agua de Naciones Unidas, vacunas.

"Ahora -dice- lo fundamental es asegurar la provisión de agua segura. El desastre es muy localizado y eso lo facilita. Luego, habrá que enfrentarse con las condiciones ambientales en que quedará la zona anegada, los tonelajes de basura, la contaminación, la destrucción de cloacas. Este será el problema más difícil en el largo plazo."

Entre las actividades que desplegó a lo largo de su visita, Mirta Roses ofreció una conferencia acerca de la salud materno-infantil. "En la Argentina -dijo- hay una deuda pendiente. Y tenemos medidas efectivas para estar mejor de lo que estamos. En temas como mortalidad materna hay estrategias aplicadas con éxito en otros países. Por ejemplo Canadá, que tiene el indicador más bajo en la región (2,5 muertes maternas por 100 mil nacidos vivos), o Uruguay, (11 por igual tasa). Una medida importantísima es la atención de la salud reproductiva, pero hay que empezar por la calidad de atención y la superación de la discriminación contra la mujer. Al menos el 80% de los partos son atendidos a nivel institucional en la mayoría de los países del continente. Pero existe la mortalidad materna, inclusive intrahospitalaria. Esto indica una baja calidad de atención del parto, pero también de una llegada tarde de las mujeres a la atención, algo que complica los embarazos.

-En la Argentina, el promedio de la mortalidad materna es de 43 mujeres por 100 mil nacidos vivos. Pero en el Norte supera las 100. ¿Pasa en otros países?

-Sí, inclusive en los más fuertes a nivel económico. Y no pasa en los países que son más equitativos, aunque sean más pobres.

-¿Por qué una sociedad donde la riqueza es distribuida de manera más equitativa trata mejor a sus madres?

-Porque distribuir mejor el ingreso implica discriminar menos entre los géneros.

-¿Cómo opera la salud reproductiva?

-Es muy importante. Toda familia que toma decisiones sobre reproducción ejerce una protección sobre el fruto del amor de una manera más efectiva. Pero para facilitar el acceso a la salud hay que salir de la homogeneidad. Es decir, con indicadores promedio no podremos solucionar nada: hay que mirar cada realidad específica.

-¿Mejorará la salud en el país?

-Habrá un estancamiento de los indicadores de salud. La máxima aspiración durante la emergencia fue la protección, pero merecen destacarse las intervenciones públicas, como por ejemplo la ley de Salud Reproductiva o el anuncio de que se adoptaría un seguro materno infantil para garantizar el acceso de madres y niños a la salud. Hay que compensar las diferencias socio- económicas. No podemos esperar que mejore la economía porque los embarazos están ahora. En el mediano y largo plazo hay que actuar sobre medidas macroeconómicas, pero en lo inmediato deben instrumentarse políticas públicas ya.

-¿La solidaridad puede ayudar?

-Sí, pero no podemos esperar únicamente de la generosidad, la ayuda filantrópica, que son importantes, pero no eliminarán las raíces de los problemas. Cuando el Estado está ausente puede haber mucha energía, esfuerzo y solidaridad, pero no se produce el impacto. Las soluciones sólo se alcanzan con las políticas públicas.

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