La vida al natural

Nora Bär
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25 de octubre de 2000  

Aunque cueste creerlo, en este mismo suelo situado a orillas del río más ancho del mundo que hoy está cubierto de millones de toneladas de cemento y cuya atmósfera se torna, por momentos, difícilmente respirable, crecieron en tiempos no tan lejanos más de 38 especies de árboles.

Entre sus ramas florecían orquídeas silvestres y se entretejía el exquisito tapiz de la vida, en el que las especies conviven en industriosa y equilibrada armonía.

Lamentablemente, como ocurrió en gran parte del planeta, esas imágenes edénicas sucumbieron bajo el peso de la civilización tecnológica. Hoy, la visión de la gran urbe nos lleva a pensar que, como se decía de Atila, donde los seres humanos dejamos nuestra huella no vuelve a crecer la hierba .

La evocación puede sonar nostálgica, pero lo cierto es que tanto las consecuencias del deterioro del medio ambiente y la contaminación del aire y del agua, como los efectos sobre el sistema inmunitario de la exposición ocupacional a sustancias químicas, inspiran una preocupación creciente.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que la mala calidad del ambiente es responsable en forma directa del 25% de la morbilidad evitable actualmente en el mundo.

Se sabe, por ejemplo, que el asma está aumentando y que parte de este aumento se debe a la contaminación del aire por el tránsito vehicular. Entre las afecciones ligadas a condiciones ambientales deficientes, las enfermedades diarreicas y las infecciones respiratorias encabezan la lista. Les siguen la malaria y la esquistosomiasis, las enfermedades crónicas respiratorias y muchas infecciones de la infancia. Según un informe de la OMS, el 5% de los tipos de cáncer podría deberse a exposiciones ocupacionales y el 2% a la calidad del aire.

Hay quienes juzgan que, frente a la pobreza y el hacinamiento que dominan el horizonte de muchos países, anteponer la cuestión ambiental es poco realista. Pero, a poco de andar, los hechos demuestran que si los administradores del Estado y de la actividad privada se desentienden del problema y siguen actuando de acuerdo con el precepto que proclama que lo que es de todos no es de nadie , estamos bordeando una cornisa peligrosa.

Ayer y anteayer funcionarios, docentes, estudiantes, investigadores y ciudadanos reflexionaron sobre estos y otros temas en las Jornadas Internacionales Agenda XXI , organizadas por la agrupación Tierra XXI y que contaron con el auspicio de las embajadas de los países bálticos y de las Naciones Unidas.

Al escuchar las exposiciones de los panelistas y las intervenciones del público, a todos nos quedó claro que tan necesario como atacar la pobreza, promover la salud e incrementar el desarrollo económico y la equidad es preservar el medio ambiente. Cuando menos, si pretendemos que las generaciones que vienen detrás de nosotros conserven su derecho al futuro.

Por: Nora Bär
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