
Las dos caras de la clonación
Este viernes, Rudolf Jaenisch, investigador del Instituto Whitehead del MIT, y el padre de la oveja Dolly, Ian Wilmut, del británico Roslin Institute, firman en Science un durísimo editorial contra la clonación de seres humanos que no deja espacio para la duda.
En el texto, cuyo contenido se dio a conocer con anticipación al periodismo acreditado, con motivo del informe que los autores presentan hoy en una sesión especial del senado norteamericano, los científicos aluden al reciente anuncio del norteamericano Panos Zavos y el italiano Severino Antinori de que intentarán clonar un humano en los próximos meses, y advierten que no todo lo que reluce es oro: tras el tono exitista de los titulares sobre clonaciones que se suceden en las páginas de los medios de comunicación, hay todavía muchos procesos de la técnica que no se dominan y ni siquiera se entienden.
"Hay muchas razones por las cuales nunca estaríamos en favor de clonar una persona -dicen Jaenisch y Wilmut-. Sin embargo, en este momento nuestra preocupación inmediata es que estas propuestas no toman en cuenta los problemas que se encontraron en la clonación animal."
Desde la oveja Dolly en adelante, pasando por ratones, terneras, cabras y cerdos, los científicos reunieron ya suficiente experiencia como para comprender que la técnica que los hace posibles no sólo es ineficiente, sino que también está plagada de riesgos inquietantes. "En el mejor de los casos, sólo un mínimo porcentaje de los embriones sobrevive al nacimiento y, de éstos, muchos mueren dentro del período perinatal -explican-. No hay razones para creer que el producto de la clonación humana será diferente. Los pocos rumiantes clonados que sobrevivieron y parecen normales frecuentemente son más grandes que el promedio."
Y más adelante agregan: "La causa de la elevada frecuencia de muerte durante la gestación puede radicar en el mal funcionamiento de la placenta. Los clones recién nacidos suelen exhibir problemas circulatorios y respiratorios. Incluso sobrevivientes aparentemente sanos pueden sufrir de disfunciones inmunes o malformaciones cerebrales o renales que más tarde los llevan a la muerte".
Es innegable que pretender clonar una persona con los conocimientos actuales implica correr riesgos altísimos (sin contar que, si el bebe llega a término, podría sobrevivir con graves anormalidades). Pero hay algo más: para los científicos, tanto o más grave que esto es que la reacción pública ante semejantes excesos terminará por dañar la investigación en marcha para clonar células o tejidos que algún día podrían ser utilizados para regenerar células nerviosas o cardíacas.
La posibilidad de nuevos tratamientos para pacientes con Parkinson, Alzheimer y cardiopatías que hoy no tienen cura dependen de estos estudios. "En un momento en que los problemas de la clonación aún no han sido suficientemente aclarados -concluyen Jaenisch y Wilmut-, intentar aplicarla a seres humanos es peligroso e irresponsable."
Ya hace casi dos milenios, en su obra Vidas y enseñanzas de grandes filósofos , Diógenes Laercio citaba una antigua máxima de Protágoras: "Hay dos lados en toda cuestión, exactamente opuestos uno al otro".
Como en otros órdenes de la vida, la inteligencia, por supuesto, está en saber elegir.







