Las ilusiones de los papás por donación

Hombres y mujeres reaccionan de una manera distinta al convertirse en receptores de óvulos o espermatozoides ajenos
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27 de agosto de 2000  

Poco se ha estudiado acerca de los efectos psicológicos que tienen los tratamientos de reproducción asistida en sus protagonistas. En este sentido, la psiquiatra Luisa Barón, presidenta de la Fundación para la Investigación Científica y Psicológica (Impsi), realiza desde hace 14 años un seguimiento pionero y exhaustivo de 300 parejas argentinas (que en algunos casos incluye a sus hijos) que han recurrido a la ovodonación (OD) y a la donación de espermatozoides (DE).

Fantasías y temores

De varios de los trabajos realizados por la doctora Barón, algunos de los cuales fueron presentados ante la Sociedad Americana para la Medicina Reproductiva, se extraen conclusiones acerca de las reacciones de quienes decidieron ser receptores de espermatozoides u óvulos para acceder a la paternidad o maternidad. En nuestro país no existen registros oficiales al respecto, pero en los últimos 10 años nacieron unos 700 bebes por ovodonación.

"Al momento de la toma de decisión, los hombres que debían recibir donación de espermatozoides para fecundar los óvulos de su mujer aceptaron el tratamiento luego de un promedio de dos semanas -explicó la doctora Barón- mientras que las mujeres que debían recibir los ovocitos para ser fecundados por los espermatozoides de su esposo lo hicieron después de cinco meses de haber recibido la opción de tratamiento."

La especialista explicó también que los miembros de la pareja atraviesan una situación denominada duelo genético por no poder transmitir la totalidad de la herencia genética de ambos a su descendencia. "Los sentimientos de pesar y sufrimiento fueron comunes a ambos grupos -dijo la doctora Barón-. De todas maneras, el 79 por ciento de las mujeres se refirió al dolor de no poder transmitir su fisonomía a sus hijos, mientras que el 82 por ciento de los hombres se refirió al dolor de no poder transmitir su descendencia."

Otra cuestión especialmente problemática indagada por los trabajos de la psiquiatra argentina se refiere a la oposición entre mantener la donación en secreto o divulgarla.

"El 19 por ciento de los que recibieron óvulos y el 2 por ciento de los que aceptaron espermatozoides inicialmente expresaron su decisión de divulgarlo, sin saber cuándo ni cómo hacerlo -ilustró Barón-. Estas proporciones ascendieron al 52 y el 31%, respectivamente, después de recibir asistencia psicológica. Los motivos de no darlo a conocer fueron predominantemente el miedo al rechazo del niño y a que buscara a su padre-madre genético".

De hombres y mujeres

¿Qué sentiré por este hijo? Esa fue otra de las preguntas realizadas a las parejas. Y las respuestas revelaron diferencias entre varones y mujeres: los hombres expresaron un gran miedo a no amarlo (49%) y a ser rechazados por el hijo (87%); mientras que las mujeres temieron la ausencia de sentimientos maternales (86%).

La indagatoria psicológica no dejó aspectos por evaluar, y también indagó a las parejas acerca de los sentimientos hacia los donantes: los hombres experimentaron celos y enojo, e incluso tuvieron fantasías inconscientes de infidelidad de su mujer (79%). Ellas, por su parte, expresaron sentimientos de inferioridad (86%) y gratitud (78%) hacia las donantes.

Sobre el embarazo, "las mujeres encontraron en este período y el de lactancia una oportunidad de compensar biológicamente su falta de óvulos propios -agregó la psiquiatra-. Los hombres no tuvieron esa sensación y se sintieron más excluidos durante el embarazo."

Conflictos y soluciones

La experiencia acumulada en el tema permite subrayar a la doctora Barón que el apoyo psicológico de las parejas que reciben donación de óvulos y espermatozoides es imprescindible para garantizar la salud emocional del grupo familiar.

"Todas las familias que analicé son normales -dijo la investigadora-. Los niños presentaron un desarrollo emocional adecuado a su edad. No se puede decir hasta el momento que estos tratamientos generen problemas familiares que justifiquen no hacerlos, siempre y cuando se tenga en cuenta el acompañamiento psicológico antes y durante el tratamiento, el embarazo y después del parto".

En su opinión, "los conflictos estuvieron más relacionados con la personalidad de los padres receptores que con el hecho del tratamiento en sí. En el caso de los hombres, hubo que ayudarlos más para integrarse en los vínculos familiares: si bien el varón accede más rápidamente a la donación, no por eso tiene menos conflicto. Manifiesta y expresa mucho menos que la mujer, hay que darle tiempo para elaborar la situación", agregó Barón.

En cuanto al derecho de los hijos de conocer la manera en que fueron concebidos, está contemplado en países como Canadá y Australia, donde las leyes sobre fertilización asistida son de avanzada. "En la Argentina no hay legislación sobre el tema -señaló la psiquiatra-. Considero que debe contemplar los derechos del niño y establecer el apoyo psicológico como obligatorio. Y creo que los padres no deben mentir: aconsejo que cuenten a sus hijos, en lenguaje apropiado a la edad, la manera en que fueron concebidos. Contrariamente a los miedos de los grandes, los chicos que fueron informados no presentaron reacciones adversas o conflictos".

En un tiempo no muy lejano, tal vez no nos asombre escuchar a un niño o una niña comentar con naturalidad que alguien donó la famosa semillita para que su papá y su mamá pudieran traerlo a este mundo y concretar su intenso deseo de darle la vida y amarlo.

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