Los recursos humanos

En Energía Atómica no entran científicos
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29 de febrero de 2004  

En la sociedad que hace al Instituto de Tecnología Jorge A. Sábato singularmente efectivo, la Universidad de San Martín (Unsam) se hace cargo de los salarios docentes, de parte de las becas y del título académico; la Comisión Nacional de Energía Atómica (Conea) por su parte, aporta la infraestructura y sus propios científicos.

"El alumno está en un ambiente de laboratorios en funcionamiento, y se empapa en una diversidad de temas. Aquí, los docentes se encuentran entonces con materia gris reactiva, lo que es muy bueno para nuestra institución", dice el secretario académico del Instituto, el licenciado Luis Quesada.

Todo eso permite una formación académica de excelencia, que recibe una titulación muy bien reconocida en el mundo. En ese sentido, la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (Coneu) acaba de otorgarle acreditación por seis años.

Por otra parte, dada la exigencia respecto del rendimiento (los estudiantes tienen que recibirse indefectiblemente al cabo de cuatro años), la ecuación presupuestaria es altamente eficiente.

Pero -porque siempre hay un pero-, si bien es cierto que los egresados del Instituto de Tecnología Jorge A. Sábato son muy requeridos para trabajar dentro y fuera del país, la Comisión Nacional de Energía Atómica, cuyos investigadores son docentes del Instituto, no puede aprovecharlos: hace más de una década que tiene prohibido el ingreso de nuevos investigadores.

El dato es aún más preocupante si se tiene en cuenta que, con un promedio de edad de alrededor de cincuenta años, el futuro de sus planteles científicos es mucho menos que promisorio.

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