Manos a la obra

Nora Bär
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28 de mayo de 2003  

Lentamente, los argentinos estamos emergiendo del colapso, como otras veces -muchas más de lo que hubiésemos deseado-, con la sensación de que habrá que volver a empezar.

¿Cuál será el camino para saldar deudas sociales y transformar las heridas de la pobreza y la inequidad en un impulso decidido hacia la reconstrucción?

Si bien la pregunta es compleja, el informe "Aportes para el desarrollo humano en la Argentina", elaborado por la sede local del Programa de las Naciones para el Desarrollo (PNUD), y desarrollado por un destacado equipo de especialistas coordinados por Liliana De Riz y Juan Carlos Portantiero, ensaya una respuesta valiosa y esclarecedora: a lo largo de casi trescientas páginas de estudios y análisis, ofrece una nítida radiografía de la realidad nacional y algunas valiosas claves que permiten comprenderla.

Partiendo de la premisa de que no basta con crecer y crear riqueza, sino que hay que preguntarse también por la calidad de ese crecimiento -ya que el desarrollo por sí mismo no vale si no sirve para la expansión de las capacidades de las personas y como motorizador del bienestar social-, una de sus conclusiones es que el derrumbe económico que padecimos no se produjo en el vacío: la economía se desplomó porque Estado y sociedad se bifurcaron desde que aquél se transformó en un espacio para la apropiación de dádivas que escindieron cada vez más a débiles de poderosos, a quienes acceden a la Justicia de los que quedan excluidos.

El diagnóstico es doloroso: abundan los desencuentros, los errores que podrían haberse evitado y el olvido del bien común, pero -como escribe en el prólogo Carmelo Angulo Barturen, representante residente del PNUD- el país aún tiene resto . Todo indica que existen capacidad de adaptación al cambio, voluntad de reconstrucción de los lazos sociales.

Hay, también, un valioso capital humano que en laboratorios y centros de investigación sorprende a sus colegas del extranjero.

Por eso -afirma Barturen-, "lo importante es torcer el rumbo de la decadencia, recuperar un sentido de progreso y no cejar en el empeño. (...) No se trata de instalarse en el pesimismo ni de ahondar heridas, sino de poner en manos de los argentinos las herramientas para comenzar a cambiar la historia". Y, más adelante, citando a Ernesto Sabato, subraya: "El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos, porque a la vida le basta una grieta para renacer". Sólo falta, entonces, poner manos a la obra.

Por: Nora Bär
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