Mascotas: no siempre son los mejores amigos de los mayores

Especialistas de la UBA analizaron el tema en un informe
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23 de octubre de 2000  

La utilización de animales con propósito terapéutico no es novedosa: delfines que estimulan a niños autistas o caballos que permiten a pequeños con deficiencias mentales desplegar sus potencialidades son algunos ejemplos.

La terapia asistida por animales favorece el bienestar fisiológico o psicológico del ser humano. Sin embargo, la relación con las mascotas no siempre es color de rosa. Así lo demuestra un trabajo realizado por psicólogos, asistentes sociales y veterinarios de la Universidad de Buenos Aires (UBA): la falta de manejo de las condiciones psíquicas del vínculo y del contexto puede ocasionar problemas en las personas mayores.

Relaciones conflictivas

Los investigadores estudiaron un hogar de ancianos del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, tres geriátricos privados, domicilios particulares de adultos mayores atendidos por cuidadoras del Programa de Atención Domiciliaria y un centro de jubilados. Evaluaron el estado mental de los ancianos, así como las actividades que desarrollan, su grado de independencia y su actitud frente a los animales.

"En una cultura como la nuestra, que tiende a aislar a los mayores, las mascotas pueden convertirse en parte insustituible de la red de apoyo social. Fieles, cariñosas y leales, no se preocupan por el éxito social, profesional o económico del dueño, su apariencia física o su estado de ánimo. Por eso, el contacto con ellas puede disminuir el stress, levantar la moral, la autoestima y las habilidades sociales, aliviar la soledad y la depresión, y reducir la dependencia de medicamentos. Además, son un medio de diversión y recreación", explica el investigador Edgardo Marcos, de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA.

Sin embargo, "el vínculo puede dar lugar a situaciones conflictivas, favoreciendo la patología singular y de relación", enfatiza Graciela Zarebski, investigadora de la Facultad de Psicología de la UBA y directora del trabajo. Esto puede ocurrir con los ancianos postrados en sus casas, que permiten a sus mascotas conductas que atentan contra la higiene y, por lo tanto, contra su salud. O cuando el animal incrementa la agresión o se produce una falta de respeto por el otro, lo que indica que no alcanza con comprarle un animalito al abuelo para mantenerlo entretenido .

En algunos hogares, los especialistas observaron que el tamaño del predio y la escasa vigilancia posibilitaban la libre deambulación de animales, incluyendo habitaciones y comedores. Cajas y cajones les servían de comedero y albergue, lo que provocaba acumulación de restos de comida por doquier, que a su vez incrementa los riesgos de transmisión de enfermedades, lesiones y contaminación ambiental.

En cuanto al diagnóstico de los residentes de los hogares, muchos tenían severas patologías, siendo la situación de aislamiento y soledad un factor recurrente. En casi todos los casos rehusaban el contacto social. De ahí la utilidad de canalizar con la mascota los vínculos que el sujeto no podía establecer con sus semejantes.

Una mejor convivencia

Entre este panorama y el de una cristalina piscina donde convergen niños y delfines hay un gran abismo. Por eso, Zarebski y el equipo que dirige asesoraron a autoridades, profesionales y residentes en la búsqueda de un reordenamiento interno, con lugares especiales para que los animales coman y duerman, y donde se garantice la higiene.

Asimismo, fortalecieron en el barrio la idea de hogar , diferente de la de un depósito de lo inservible. Los psicólogos trabajaron con los residentes para establecer normas y límites de convivencia con las mascotas. Desde el área veterinaria se vacunó, desparasitó y esterilizó a los animales y se estableció una rutina de consultas periódicas.

"La relación con la mascota, regulada y con ciertas condiciones, permite una organización del sujeto. Al mismo tiempo, suple el lugar de un trabajo, tomado como fuente de gozo y responsabilidad: permite al anciano sostener un motivo de vida, a través del amor a los animales", asegura Cristina Carlós, otra de las autoras de la investigación, que también contó con la participación de Beatriz González, Enrique Lombardo, Daniela Cabrol, Alicia Sarmiento, María Cristina Salomone y la estudiante de psicología Mirta Mancini.

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