Mitos y realidades sobre el clima frío

No siempre hay que abrigarse en extremo Los especialistas aconsejan prestar especial atención a las manos, la cabeza y los pies Salir a la calle con el cabello mojado no es aconsejable
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3 de mayo de 2003  

Entender que el frío por sí solo no es el causante de las enfermedades más comunes, asegura el doctor Enrique Casal, médico del Programa de Medicina Interna General del Hospital de Clínicas, puede ayudarnos a observar que los cuidados con que intentamos protegernos de él a veces resultan exagerados o contraproducentes.

Abrigo apropiado

Como los seres humanos no podemos adaptarnos fisiológicamente a temperaturas muy extremas, el abrigo sirve para mantener la temperatura corporal y las funciones del organismo, que requieren una temperatura estable.

Pero si bien el ser humano tiene una tendencia automática a protegerse del frío, el cuidado debe focalizarse en aquellos individuos que por diversas circunstancias no poseen este reflejo natural: los chicos muy pequeños que no pueden abrigarse solos ni buscar el reparo, y los ancianos que por su debilidad o dificultades motrices o cognitivas no perciban la necesidad de abrigarse o no puedan realizar la acción adecuada para lograrlo.

Aunque la temperatura ambiente sea la misma para todos, lo cierto es que algunas personas van tapadas hasta el cuello y otras parecen ni reparar en el frío, caso que suele preocupar sobre todo a las madres.

"Las diferencias pueden ser inducidas. Hay madres más exageradas y que abrigan sin necesidad. O cubren de forma agobiante zonas como el cuello, sin que exista una razón fisiológica especial para eso -afirma el médico-. Pero también depende de la actividad metabólica basal de cada sujeto, que determinará que algunos sean friolentos y otros no padezcan especialmente el rigor invernal. Y estas diferencias deben ser respetadas: hay personas que se mueven poco, son pasivas, y otras movedizas, inquietas, que transpiran con facilidad y suelen tener menos frío. Y por último, está el estilo personal: ciertos individuos prefieren tolerar el frío a cargarse de ropa."

En cambio, sí hay motivos para proteger especialmente determinadas zonas como la cabeza, las manos y los pies (la tradición de los escarpines tejidos para el recién nacido da cuenta clara de esta necesidad).

"Lo que hace perder el calor al centro del cuerpo es la superficie expuesta al intercambio -dice Casal-. Hay superficies muy extensas que nosotros descuidamos, como por ejemplo la cabeza, que representa el 15% de la superficie corporal. Un buen gorro puede suplir varias de estas capas de abrigo en otras partes del cuerpo".

Las manos y los pies también son superficies extensas, además de que por ser los más periféricos están más expuestos al enfriamiento, y en ellos la circulación se lentifica, sobre todo en estado de reposo.

Por último, en cuanto a eso de andar cantando bajo la lluvia, cabe puntualizar que al mojarse, el cuerpo pierde temperatura y se produce frío en el centro del organismo, lo que provoca un descenso en las defensas. La situación es más delicada aun cuando una superficie amplia como la cabeza se expone a una combinación de agua y bajas temperaturas, caso habitual en los chicos que salen del natatorio con el cabello mojado.

La lección de los esquimales

Hay distintas maneras de conservar el calor corporal mediante la indumentaria, de acuerdo a las diversas culturas.

Una es poner distintas capas de abrigo, una sobre otra, como hacemos los occidentales: la camiseta, la camisa, el suéter, el saco y, tal vez, el sobretodo.

Otra forma muy interesante es la de los esquimales: como la temperatura cálida tiende a ascender (quienquiera que observe qué pasa con el vapor de la ducha podrá comprobarlo: cerca del piso hace frío), los esquimales usan una capucha que permite ajustar o desajustar el orificio por donde se ve el rostro. Eso permite la expulsión o la retención del aire caliente dentro del organismo. Con ese simple mecanismo los esquimales conservan el calor. Para el resto del cuerpo usan un abrigo ligero hecho con piel de animal, pegado al torso, y encima otro más grueso. Es decir, se exponen al frío intenso, pero usan poca ropa.

En Occidente, a la hora de dormir también muchos prefieren el sistema de las capas superpuestas, mientras que otros usan ropa ligera y se cubren con un edredón bien abrigado. En ese caso, todo es cuestión de gustos... y de bolsillo.

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