Muchas mujeres no perciben el riesgo de contagiarse el HIV

Es una actitud llamada optimismo ilusorio, que genera sensación de invulnerabilidad
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29 de octubre de 2000  

En los últimos tres años, las que más se contagian el HIV son mujeres que no consumen drogas intravenosas. Sin embargo, muchas de ellas ni sospechan que pueden adquirir una enfermedad de transmisión sexual. Por lo tanto no se cuidan.

Las campañas de prevención están dirigidas fundamentalmente a la llamada población en riesgo, es decir, a aquellas personas que corren mayor peligro de contraer enfermedades por sus hábitos alimenticios o conductuales. Comprender y explicar las consecuencias que tienen sobre la salud las conductas de riesgo permite diseñar programas de prevención. Pero, ¿qué pasa cuando los destinatarios del mensaje no se consideran a sí mismos una población en riesgo?

"La investigación empírica que analiza la conducta de protección ante enfermedades o acontecimientos que ponen en peligro la integridad física o psicológica del individuo apunta que uno de los factores que disminuye la motivación para realizar conductas preventivas es la ausencia de percepción de riesgo que los individuos tienen al ver su entorno", enfatizan Flor Sánchez y Amalio Blanco, profesores de la Universidad Autónoma de Madrid, Judith Rubio, de la Universidad de Buenos Aires y Darío Páez, de la Universidad del País Vasco.

Esta ausencia de percepción de riesgo puede explicarse a través de las "ilusiones cognitivas": distorsiones en la percepción e interpretación que los sujetos hacen de sí mismos y de su propio entorno social. Estos sesgos se traducen en creernos más de lo que somos, pensar que tenemos un control personal exagerado y fantasear un futuro color de rosa.

Optimismo ilusorio

"Sabemos que las expectativas acerca del futuro ejercen una notable influencia sobre el comportamiento presente de las personas, por eso centramos nuestro trabajo en el optimismo ilusorio hacia el futuro", explica Páez. El resultado de estas investigaciones es que muchas personas creemos tener menos probabilidades de enfermar, de que nos asalten, o de sufrir depresión, que el resto de la gente. En cambio, sentimos más probabilidades de que nos pasen cosas positivas. "Nos imaginamos invulnerables", agrega el investigador.

¿A qué se debe que las personas "suframos" de optimismo ilusorio? El especialista Van der Pligt señala distintos factores: entre éstos, el prejuicio de que las cosas negativas les suceden a personas malas o de otro grupo; la falta de experiencia ante sucesos negativos, que puede llevar a subestimar la posibilidad de que esos sucesos nos ocurran; adoptar una estrategia para defendernos del temor frente a amenazas reales o imaginadas.

El optimismo ilusorio provoca juicios sesgados positivamente respecto del mundo. Si bien puede ser beneficioso para la salud física y psíquica, también puede acarrear consecuencias negativas si se transforma en un mecanismo de negación de la realidad.

Al tiempo que reduce el stress frente a acontecimientos negativos o amenazantes, disminuye la posibilidad de que el individuo ejecute las conductas adecuadas para reducir el riesgo real. Los individuos sólo se cuidan cuando reconocen que determinadas conductas o hábitos pueden aumentar sus probabilidades de contraer una enfermedad. Las mujeres no adictas, que previenen los embarazos con métodos "eficientes", difícilmente usen preservativo. Creen que el sida no es su problema.

"El optimismo ilusorio en particular, y las ilusiones cognitivas en general, podrían estar neutralizando las campañas sanitarias que promocionan la prevención para atajar situaciones de riesgo, objetivo difícil de conseguir cuando el riesgo no se percibe. Los resultados de algunos programas de intervención resaltan la necesidad de persuadir a las personas de la existencia del riesgo real. El objetivo de estos programas debería estar en la búsqueda del equilibrio entre las consecuencias negativas y positivas del optimismo ilusorio", concluyen los investigadores.

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