Placer ilimitado

Javier Auyero Para LA NACION
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30 de mayo de 2009  

AUSTIN, Texas.- Sólo en la última década, las ciencias sociales han tratado con cierta seriedad y sistematicidad las emociones como fenómeno colectivo generalizado. La pasión, ya sea por la música, el arte o el deporte, ha quedado relegada a exploraciones más bien limitadas y anecdóticas.

Cuando el análisis social ha tratado el problema del gusto, las posturas han sido dos. Un reduccionismo social que hace de lo que nos apasiona sólo una marca de nuestra posición social; por otro lado, la que se concentra en el actor, haciendo de la pasión una elección individual inexplicable. El artículo de Benzecry intenta resolver esta tensión, al tomar en serio lo que los actores sienten y la manera como esas intensas sensaciones son organizadas socialmente a posteriori.

Siguiendo el argumento de un artículo clásico de la sociología norteamericana, que decía que lo que nos gusta es siempre producto de la socialización grupal, este nuevo estudio muestra cómo lo que produce en un comienzo una intensa atracción -el deslumbramiento por una experiencia desconocida-, se convierte en instancias de aprendizaje que, como el amor de pareja, garantiza la capacidad de manejar, reproducir y sostener el placer a largo plazo.

Raras veces, un artículo así ha obtenido la circulación global que éste obtuvo en el corto tiempo, desde su publicación.

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