Resultados alarmantes

Franco Varise
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27 de abril de 2004  

Todo lo que el mar recibe inexorablemente lo devuelve. La sobrepesca y depredación de los recursos es una constante del litoral marítimo argentino con resultados alarmantes para especies ictícolas como la merluza hubbsi, el calamar y, en este momento, la merluza negra o de cola. A diferencia de lo que ocurre con otros sectores productivos, el crecimiento de las exportaciones generalmente se traduce en una mayor presión sobre los recursos marítimos, que biológicamente no alcanzan a recuperarse.

La Argentina exporta el 90 por ciento de sus capturas; en 2003, las ventas alcanzaron los 800 millones de dólares, casi el doble del valor de los embarques por carnes vacunas.

La merluza negra es uno de los productos más apreciados, junto con el langostino, por el mercado internacional. Un kilo se cotiza en unos 10 dólares sólo en la primera venta. Pero un buque congelador tiene capacidad para desembarcar entre 2000 y 3000 toneladas de producto elaborado, que significan unas 7000 toneladas de captura real al año.

Es una especie muy longeva. Es decir que alcanza su madurez reproductiva sólo a los 9 años, a diferencia de su pariente, la merluza común, que desova a los dos años. Esto provocó una sobrepesca de ejemplares juveniles, con el consecuente impacto sobre la cadena reproductiva de la especie.

En el país está permitida una captura de 5000 toneladas anuales, pero en verdad las empresas pesqueras tienen graves problemas para segregar a los juveniles, que apenas deberían ocupar un 25% del total de capturas.

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