Roncar... ese maldito hábito nocturno

Lo sufre una mujer por cada cuatro varones. Para evitarlo, se recomiendan medidas higiénico-dietéticas
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7 de diciembre de 2001  

Dicen que roncar es un problema de dos: del roncador o roncadora, y de quien intenta conciliar el sueño a su lado. No es para menos. Se sabe de algunos ronquidos que alcanzan una intensidad de 80 decibeles -equivalente a la de una avenida muy transitada-, cuando se aconseja que para dormir los sonidos de la habitación no superen los 30 decibeles.

Lo que todavía no ha sido definido es si el roncar conlleva algún perjuicio para la salud. "Algunos estudios aventuran que el roncador tiene un mayor riesgo cardiovascular y cerebrovascular, pero no hay ninguna evidencia que lo sustente", afirma el doctor Claudio Rabec, jefe del Centro de Insuficiencia Respiratoria y Patología Respiratoria del Sueño del hospital Tornú.

"Por eso, el tratamiento de los ronquidos es encarado como un problema estético y no médico", agrega el neumonólogo.

¿Qué se entiende por estético? Que altera la relación de la persona con su medio; esto es, con quienes el roncador comparte su habitación o incluso los de las habitaciones vecinas.

Como podría suponerse, el roncar es muy frecuente. "Afecta al 50% de la población masculina de más de 45 años -señala el especialista-; en las mujeres su prevalencia es menor: se estima que hay una mujer cada cuatro varones roncadores."

Turbulencias

"El ronquido se produce en un área de la vía aérea superior llamada orofaríngea que carece de sostén cartilaginoso, y que por esta y otras causas tiene una tendencia al colapso durante la noche -explica el doctor Rabec-. Esta tendencia hace que el aire que por allí circula, en vez de pasar en forma laminar lo haga en forma turbulenta."

Y es justamente esta turbulencia la que produce aquellas molestas vibraciones sonoras que llamamos ronquidos. Cuando éstos son frecuentes, lo primero que hay que descartar es que sean un síntoma de una afección llamada apnea obstructiva del sueño, en la que la vía aérea colapsa hasta impedir el paso del aire, produciendo microdespertares nocturnos.

El síntoma cardinal de la apnea es la somnolencia diurna, y la herramienta diagnóstica indicada para distinguir entre un ronquido común y la apnea es la polisomnografía.

Descartada la apnea, existen medidas higiénico-dietéticas para disminuir estas disonantes sinfonías nocturnas: no tomar alcohol ni sedantes antes de dormir y dormir de costado son las más efectivas. Y para los casos en que esto no funciona hay alternativas terapéuticas.

"El tratamiento sólo se indica si el ronquido constituye una condición molesta para su entorno -dice Rabec-. En ese caso, existen dos opciones: una es la cirugía en la que se extrae parte del paladar y de la úvula; la otra es el uso durante la noche de prótesis similares a las odontológicas."

La cirugía ha demostrado reducir la intensidad y el tono de los ronquidos, haciéndolos más llevaderos en el 90% de los casos; el problema es que al año la mitad de los pacientes recuperan su capacidad para mantener despiertas a sus parejas. Con respecto a las prótesis, éstas tampoco son una solución definitiva: son efectivas en alrededor del 60% de los casos, y no están exentas de efectos adversos. Es el paciente el que decide qué camino tomar para traer algo de silencio a sus noches, con ayuda de su médico.

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