"Se fuma más para enfrentar el estrés"

Lo afirma el antropólogo y psicólogo Leonardo Daino, director de la Campaña Antitabaco de Lalcec
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31 de mayo de 2003  

"Lo que más vemos hoy en nuestros grupos de cesación son personas que fuman habitualmente para enfrentar los altos niveles de estrés", comenta el licenciado Leonardo Daino, antropólogo, psicólogo y educador en salud, a cargo de la Campaña Antitabáquica de la Liga Argentina de Lucha Contra el Cáncer (Lalcec).

A principios de los años noventa, cuando Daino y el doctor Juan Pablo Abadie elaboraron su trabajo "Hacia una tipología psicosocial de los fumadores", el perfil del fumador típico argentino era más difuso: había fumadores hedonistas, fóbicos, farmacodependientes, masoquistas, maniacodepresivos, alucinadores, entre otros.

Ahora, los elevados niveles de estrés derivados de la situación de crisis que experimentamos los argentinos parecen habernos igualado ante el cigarrillo. Así, la mayoría de los fumadores son fumadores sociales, que recurren al hábito culturalmente aprendido de fumar que les provee una traicionera herramienta de control para las tensiones cotidianas.

"Nuestra cultura provee de mecanismos de escape a sus miembros: hábitos, ceremonias -escribieron Daino y Abadie en el citado trabajo-. En el caso del tabaco, un hábito-adicción establecido sobre la base de la nicotina que facilita el manejo de situaciones sociales ansiógenas."

Por eso, el trabajo en grupos de pacientes o mediante terapias individuales para fumadores en tránsito a la abstinencia se apoya esencialmente en lo psicológico. "El objetivo es sacarle al fumador esa suerte de bastón que es el cigarrillo, y empezar a buscar otras áreas de la vida de la persona en la que pueda descargar el estrés", explica Daino.

Triple dependencia

"Está ampliamente demostrado que dejar de fumar es difícil debido a que el tabaco genera tres formas de dependencia: gestual, física y psíquica -señala el doctor Fernando Verra, médico de planta del Hospital de Clínicas y de Lalcec, experto en tabaquismo-. Lo gestual surge del hábito repetido de sacar un cigarrillo, encenderlo, aspirar el humo y exhalarlo."

Si cada cigarrillo se consume en diez pitadas, aquel que fuma un atado diario realiza este ritual 72.000 veces al año. "Se entiende entonces que cuando el sujeto deja de fumar ese ritual tienda a perpetuarse automáticamente", agrega Verra.

La dependencia física es la más obvia; ya nadie niega que la nicotina es una droga capaz de generar adicción; "esto es la necesidad de incorporar la droga al organismo en forma regular".

Por último, está la dependencia psíquica. "Esta se debe a dos factores: el placer que percibe el fumador al fumar, que tiene bases neurobiológicas, y a la vez el hecho de que el tabaco participa de la regulación del humor -explica Verra-. Cuando el fumador está nervioso, ansioso o irritable, fumar le produce un efecto sedativo, mientras que cuando está triste, decaído o fatigado, el tabaco puede estimularlo".

Aquel cigarrillo que se fuma por placer es el más fácil de apagar, asegura el licenciado Daino. "Buscamos que el fumador los reemplace por algo positivo -dice-, que al dejar de fumar comience a sentir de nuevo su cuerpo, que recupere el gusto, el olfato, la capacidad de caminar o de hacer deportes.

"Los cigarrillos más difíciles de apagar son aquellos que quedan encendidos en alguna fisura de la personalidad -apunta-. Son esos cigarrillos a los que la persona recurre por razones muchas veces ocultas, en las que fumar le permite enfrentar ciertas situaciones, que al repetirse van generando un hábito."

En Lalcec, el trabajo en grupos o en forma individual apunta a que la persona descubra las razones ocultas de su hábito. "Sacarle esa suerte de bastón implica en primer medida conocer qué es lo que le pasa a la persona con el cigarrillo", concluye Daino.

Los cursos de Lalcec para dejar de fumar se realizan todos los meses; el próximo comienza el 6 de junio. Informes: (011) 4832-7595/4800/2684.

Cine y moda, sin tabaco

En este Día Mundial sin Tabaco, las organizaciones Mundial y Panamericana de la Salud (OPS y OMS), respectivamente, "hacen un llamado a la industria del entretenimiento, en especial el mundo del cine y la moda, para que dejen de promocionar un producto que mata a uno de cada dos usuarios habituales".

Según la OMS y la OPS, Marlboro tuvo presencia destacada en al menos 28 de las películas de mayor recaudación de Hollywood en los últimos diez años. Y en la pantalla grande, según la Universidad de California, EE.UU. se fuma un 300% más que en la vida real.

Se trata, en definitiva, de campañas "en favor de...". Y las campañas anticigarrillo ¿sirven? "Sí, porque operan a nivel subliminal -dice la doctora Ana María Gómez, médica y psicoanalista-. Pero reducir el tabaquismo no depende sólo de campañas: en la adicción hay aspectos del psiquismo (concretamente, la pulsión de muerte), mucho más fuertes que la información sobre los riesgos, algo que todos conocen. Por eso, creo que hay que trabajar con el fumador que reconoce su dependencia en forma individual. "

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