Se inicia un congreso de cáncer ginecológico

Participan destacados especialistas locales y extranjeros
Valeria Shapira
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21 de octubre de 2000  

La cita data de 1928: "Se describe un método de diagnóstico para ciertos tumores malignos, especialmente de útero". La comunidad científica la lee con poco interés. Su autor, un médico griego llamado George Nicholas Papanicolaou, sólo obtiene crédito en 1943, cuando publica una nueva monografía en la que se explica el método para evaluar las células vaginales y del cuello uterino y detectar así lesiones precancerosas.

Seguramente, la frase "haberlo sabido antes" constituyó una de las expresiones de aquel momento, aunque mantiene vigencia. En 2000 también muchas mujeres la siguen pronunciando: el cáncer cervical o de cuello uterino -una enfermedad curable en el 100% de los casos si se detecta a tiempo- todavía representa el 6% de todas las neoplasias malignas en la mujer, según datos del National Cancer Institute (NCI) de los Estados Unidos. Un documento de ese organismo indica que "más del 90% podría detectarse tempranamente a través del Papanicolaou, pero las pruebas no se efectúan en aproximadamente un tercio de las mujeres".

Este tema y otros relacionados con el diagnóstico y tratamiento de carcinomas del aparato genital femenino y las glándulas mamarias serán temas del Congreso Mundial de Cáncer Ginecológico, que comienza hoy en esta ciudad.

Su presidente, el doctor Guillermo di Paola, profesor consulto de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, dialogó con La Nación sobre los principales temas que se desarrollarán durante la reunión científica.

Ricos y pobres

"El cáncer de cuello uterino ocupa el tercer lugar entre los cánceres en las mujeres en los países desarrollados y, en muchos países subdesarrollados, está ubicado en el primer puesto. Es una enfermedad perfectamente previsible, pero falta educación sobre la necesidad de realizar controles periódicos. Para tomar ejemplos contrapuestos, en la ciudad brasileña de Recife se registran 79 casos cada 10.000 mujeres, mientras que en los Estados Unidos la cifra no supera las cinco o seis mujeres. Nuestro país tiene una incidencia aproximada de 32 casos cada 10.000, pero se observan diferencias entre las grandes ciudades como Buenos Aires, Córdoba y Mendoza (donde hay menos incidencia) y poblados más pobres, en los que el número de casos es mayor", explica el doctor Di Paola.

Una experiencia reciente, en la que se evaluaron 1000 mujeres de la localidad de Abra Pampa, en Jujuy, "reveló la presencia de cuatro cánceres invasores (avanzados) y 25 in situ (precursores), cifras comparables a las de Recife o la India", afirma el especialista.

El cáncer cervicouterino implica la existencia de células malignas en los tejidos de la abertura que constituye la entrada al útero: el cervix o cuello uterino. Asintomático, sólo se detecta por medio del Papanicolaou.

Cuestión de familia

Necesario, pero no suficiente. El temido papiloma virus humano o HPV -que afecta aproximadamente al 20% de las mujeres- es "el factor de mayor riesgo para el desarrollo de carcinomas del cervix, y sobrepasa otros factores, tales como historia familiar y tabaquismo", dice el NCI.

Sin embargo, no todos los tipos de HPV son sinónimo de cáncer ni todas las pacientes con los tipos asociados a patología maligna desarrollarán un cáncer invasor. "Existen más de 70 familias de HPV, de las cuales 10 o 12 se asocian con carcinomas. Las más frecuentes son la 16, 18, 32, 33, 51 y 54. En cambio, otras, como la 6 o la 11 se vinculan con verrugas genitales, características en los tipos de bajo riesgo", afirmó el profesor Di Paola. Considerado un "cofactor" para el desarrollo de este cáncer, el HPV está a punto de ser cercado debido a los avances en el campo de la inmunización. "El desarrollo de vacunas preventivas y terapéuticas será uno de los temas del congreso, y está en su etapa final. Dentro de muy poco tiempo vamos a contar con este poderoso recurso para combatir el virus", dice el especialista.

Actualmente fallecen 40 de cada 100.000 mujeres que contraen cáncer de cuello uterino. "Pap" fue el sobrenombre de aquel médico griego descubridor del test inocuo, indoloro, rápido, seguro y económico que ahora podría evitar esas muertes. Con educación, el "haberlo sabido antes" podría ocupar un sitio de privilegio en el archivo del pasado.

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