Ser adulto no depende de la biología

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5 de septiembre de 2001  

"La idea de lo que es un niño, un adolescente o un adulto ha ido cambiando muchísimo a lo largo del tiempo. Aníbal condujo su histórica expedición a una edad que hoy nadie dudaría en calificar como adolescente -afirma el doctor Hugo Litvinoff, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina-. En el siglo pasado hubo consenso en que la edad adulta sólo se alcanzaba entre los dieciocho y veintiún años, lo que demuestra que la maduración de un individuo no está determinada por condicionamientos biológicos, sino por motivaciones culturales y psicológicas.

"Si bien me parece exagerado afirmar, como lo hace Stephen Richardson, que lo que él llama madurez apenas se alcanza a los 35 años, parece un dato observable que la creciente inseguridad del mundo actual, la falta de valores estables, los rápidos cambios culturales y el relajamiento de la autoridad retrasan el despegue del joven de su núcleo familiar y facilitan de este modo una prolongación de la adolescencia y la juventud -continúa Litvinoff-. Es probable que el aumento de la expectativa de vida juegue su papel, pero no ha de ser menos importante la resistencia de muchos jóvenes a dejarse manipular conforme a las necesidades de los adultos."

"La vida se está extendiendo y, por consiguiente, se extienden sus etapas -apunta Jorge Alperovich, médico y psicoanalista-. Antes, la gente quería hacer todo rápido y hoy existe un comportamiento más relajado. El asunto tiene su lado patológico: la dilatación de la adolescencia da lugar a veces a que los padres cuiden a sus hijos como entre algodones y les sirvan todo en bandeja. Estas son familias disfuncionales, que adolescentizan a los chicos retardando su maduración, su salida al mundo, su independencia. Lo opuesto son los chicos de la calle, que tienen que crecer de golpe y se convierten en adultos antes de tiempo."

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