Un descubrimiento que hará historia

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9 de noviembre de 2007  

MALARGUE (De una enviada especial).- El propósito de entender el fenómeno de los rayos cósmicos de altísimas energías lleva casi un siglo, a lo largo del cual hubo decenas de intentos que terminaron en fracaso. Tal vez por eso sorprende que el artículo "Correlación entre los rayos cósmicos de más alta energía y objetos extragalácticos cercanos", que hoy se publica en la tapa de Science , haya seguido un trámite inusual en la publicación de trabajos científicos, muchos de los cuales deben soportar meses de revisiones antes de ser definitivamente aceptados.

"Lo enviamos y a los cuatro días nos contestaron que querían publicarlo -recuerda Roulet-. Es más, querían incluirlo en la siguiente edición, pero les pedimos que demoraran la publicación unas semanas hasta que se reuniera la Colaboración, lo que ocurrirá mañana."

El primer indicio para develar la incógnita llegó hace alrededor de un año. "Vimos que, de los quince eventos más energéticos que habíamos registrado, dos venían de Centauro A -detalla el investigador-. Entonces, dijimos: «Bueno, esto es importante, pero asegurémonos». Cuando pudimos reunir más registros que pueden correlacionarse con galaxias cercanas con núcleos activos, decidimos que podíamos anunciar el resultado."

El mecanismo detallado de cómo estos núcleos galácticos activos pueden acelerar partículas a energías 100 millones de veces mayor que el más poderoso acelerador de partículas en la Tierra es aún un misterio. De aquí en más, los científicos esperan que los siguientes 10 o 15 registros, algo que podría llevarles los próximos cinco años, les permitirán entender muchos de los detalles de estos extraños integrantes del zoológico subatómico.

Para ampliar las posibilidades de detección, la Colaboración Pierre Auger planea iniciar la construcción de un observatorio gemelo en el hemisferio norte. "Esto nos despierta avidez por seguir averiguando -dice Etchegoyen-. Tenemos indicios de dónde vienen, ahora queremos saber mucho más."

Para Etchegoyen, tan importante como este hallazgo es que el Proyecto Pierre Auger puso a la Argentina en el mapa de los megaemprendimientos científicos. "El observatorio funcionó a la perfección y los resultados obtenidos confirman la capacidad que supimos construir desde que, en la última década, se decidió instalar el centro experimental en esta zona. Incluso en las peores épocas que atravesamos, en 2001, el proyecto siguió adelante, más lento, pero sin pausa -afirma-. Construir y mantener una instalación experimental como ésta requiere recursos humanos de primer orden. Pudimos desarrollar un grupo que está al más alto nivel internacional."

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