Una agencia local que busca su espacio

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30 de agosto de 2000  

En la última década, aunque la ciencia local debió enfrentar numerosas dificultades, la minúscula Conae fue una excepción: incluso en medio de la crisis, logró construir una trama de acuerdos internacionales que todavía le permiten compartir costos y resultados con diversos socios, como los programas espaciales de Brasil, España, Italia y los Estados Unidos.

Con la sonda astronómica SAC-B logró aprender de la NASA las bases de la arquitectura satelital, que transfirió al país.

Luego, la Conae diseñó, hizo construir y puso en órbita, por medio de la NASA, el SAC-A, un minisatélite de ensayo de las futuras misiones tecnológicas, enviado al espacio en 1998. El éxito total de este pequeño satélite de 50 kilogramos certificó los sistemas ópticos, electrónicos y mecánicos de los aparatos medianos que lo siguieron.

Por un lado, el SAC-C es un satélite de 485 kilogramos de interés para la gente de campo, especializado en monitorear el agua, el aire y los suelos de la Argentina y que pronto estará en órbita junto con el Landsat 7, el Terra y el EO1 estadounidenses.

Todos ellos formarán una red ambiental denominada Constelación de la Mañana.

Por otro lado, ahora llegan los Saocom -mucho más pesados- orientados a la prevención de catástrofes.

Si con el SAC-C la Argentina aprendió a hacer satélites de buen tamaño y cámaras espaciales, con el Saocom, ya diseñado y en construcción, hace sus primeras armas en radares espaciales, algo que en el hemisferio sur es privilegio de muy pocos.

Todos estos desarrollos constituyen herramientas científico-tecnológicas que la Argentina podrá vender a buen precio.

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