Una anatomía de la imaginación

Investigadores de Cemic descubrieron algunas operaciones mentales que permiten tomar objetos
Nora Bär
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24 de octubre de 2000  

Hace 25 siglos, Platón ya se preguntaba cómo funciona el cerebro. Hoy el dilema todavía sigue desvelando a los científicos; pero si la cuestión aún dista mucho de estar resuelta, una serie de investigaciones realizando en Cemic están ayudando a aclararla.

La semana última, un trabajo del neurólogo Victor Frak fue publicado en la edición online de Experimental Brain Research , una de las más importantes revistas científicas de las neurociencias. Gracias a una serie de ingeniosos experimentos, el estudio pudo explorar algunas de las coordenadas del mapa neurológico tridimensional de la imaginación motriz; es decir, la geometría mental que le permite a una persona calcular el movimiento que debe hacer, por ejemplo, para tomar un objeto.

Neuronas bajo escrutinio

"El tema de la imaginación es por demás interesante, pero hasta hace muy pocos años nos basábamos simplemente en conjeturas", explica el doctor Frak, investigador asociado del Conicet.

Cuando una persona pretende tomar un objeto, tiene en cuenta la forma, la distancia, la orientación, y otras variables espaciales, explica el investigador, que además trabaja en el Instituto de Ciencias Cognitivas de Francia, con el neurocientífico francés Marc Jeannerod. El tipo de pinza que utiliza depende del uso que se le quiera dar al objeto: por ejemplo, la forma de tomarlo será distinta si se busca escribir o si se pretende martillar.

Para desandar el laberinto neuronal, los científicos se concentraron en lo que se conoce como eje de oposición , determinado por las fuerzas que se oponen para tomar un objeto (algo así como la línea imaginaria que va del pulgar al índice cuando se toma un vaso, por ejemplo).

Cualquiera diría que la mano tiene un repertorio de movimientos casi infinito, pero los científicos descubrieron que -en lo que respecta a la prehensión de objetos- se limita a algunas posiciones bien definidas. Y lo verificaron en una muy compleja experiencia que involucró objetos de distinto tamaño y en diferentes posiciones en el espacio. "Le colocamos a varios sujetos diodos infrarrojos en el miembro superior -describe Frak- e instalamos una máquina que filma el movimiento en tres dimensiones. Luego, mediante filmaciones de alta velocidad, analizamos el trayecto de la mano y el brazo al tomar objetos ."

Eran cilindros de tres, seis y nueve centímetros, distribuidos en un área de trabajo, en distintas posiciones con respecto al eje corporal. Para comprender la complejidad de la tarea basta con tener en cuenta que cada individuo realizó alrededor de 300 movimientos y que cada movimiento se descompuso en más de 5000 segmentos.

Las leyes de la mente

"Entonces descubrimos que, considerado desde el punto de vista del objeto, el eje de oposición cambia de acuerdo con el tamaño y la posición espacial. Sin embargo, cuando se hace el mismo cálculo desde el sujeto, es constante: se encuentra siempre entre los 45 y 90 grados. Todos los movimientos que hace el brazo buscan ese ángulo. Esto tiene una trascendencia enorme, porque hasta ahora no se habían encontrado constantes", reflexiona Frak.

Pero aún hay más. En otro experimento, se le pidió a un grupo de personas que evaluara si era fácil, difícil o imposible volcar un vaso de agua en un cilindro, dibujados en la pantalla de una computadora, de acuerdo con la posición figurada del eje de oposición. Las respuestas permitieron trazar algunas coordenadas de la imaginación motriz. "Pudimos comprobar, por ejemplo, que el movimiento imaginado respeta las mismas leyes que el movimiento real -se enorgullece el científico-. Es una prueba medible, objetivable, de la imaginación motriz." Así, poco a poco, los científicos van iluminando los senderos de la mente. "Las preguntas que nos preocupan son las mismas que se planteaban los egipcios, pero ahora tenemos útiles nuevos", concluye Frak.

Por: Nora Bär
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