Una red de los Apeninos a los Andes

Empezó a construirse el primer aparato en Bariloche; será lanzado al espacio en 2003
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30 de agosto de 2000  

En los papeles, nuestro país ya forma parte del Sistema Italo Argentino Satelital para la Gestión de Emergencias (Siasge), un servicio espacial binacional de prevención, alerta y control de catástrofes ambientales. Las cancillerías de ambos países firmaron los acuerdos entre la Agenzia Spaziale Italiana (ASI) y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae).

No fueron sólo acuerdos formales, pues ya se construyen los primeros eslabones de una red de satélites de observación terrestre, se preparan las estaciones terrenas y se arma el software telemático que permitirá compartir la información obtenida.

El primer artefacto local de la futura constelación, el Saocom, se construye para la Conae en la fábrica de satélites de la firma estatal rionegrina Invap SE, en Bariloche, con vistas a lanzarlo al espacio en 2003. Cuando la red se complete, habrá casi siempre algún aparato de éstos pasando por sobre el horizonte de uno u otro país. Entonces se podrá pronosticar tanto una erupción inminente en el volcán andino Hudson, como un desmoronamiento fatal de suelos en la Campania italiana.

Como delfines y murciélagos

Los Saocom y sus pares italianos (los Cosmo) tendrán cámaras que funcionan con luz visible -como los ojos humanos-, pero también con rayos infrarrojos, como las fosetas loreales con que las yararás detectan ratones en la noche. Y verán con fineza cualquier rasgo mayor de 10 metros.

La visión, lumínica o infrarroja, es un sentido pasivo: el objeto emite o refleja luz, y el sensor (sea un ojo o una cámara) la atrapa. Los satélites Siasge tendrán, además, otro tipo de visión activa, parecida a la ecolocalización de los murciélagos y los delfines, que iluminan su objetivo con pulsos sónicos y analizan los ecos con sus cerebros para construir una representación tridimensional del mundo.

Los satélites argentinos e italianos emitirán, en forma similar, pulsos de microondas cuyos rebotes sobre la superficie terrestre, situada 600 kilómetros debajo, permitirán tomar fotografías por radar de muy alta definición (se verán detalles mayores de 1 centímetro).

No sólo les dará a ambos países un diagnóstico por imagen en tiempo real para prevenir catástrofes, sino que inaugurará (al menos para la Argentina) la capacidad de vender información espacial crítica a terceros países, y a precio competitivo.

¿Cómo funcionaría el sistema en la práctica? Si el volcán chileno Hudson estallara como en 1991, el radar de apertura sintética de algún satélite de la red podría detectar indicadores previos a la explosión, aún a través de cielos tormentosos.

El aparato apuntaría su cámara multiespectral hacia el Hudson y mediría si el cono volcánico emite más luz infrarroja, síntoma de calentamiento.

Empezaría un intercambio urgente entre los geólogos espaciales italianos y argentinos, se daría alarma al gobierno chileno, se enviarían vulcanólogos y sismólogos a la zona y, por fin, se tendría el cuadro completo de la situación.

En suma, con una alerta de erupción de acaso meses o el menos días, los habitantes de Los Antiguos, la población argentina más cercana al Hudson, podrían reforzar sus techos para que la ceniza más gruesa y pesada, la que cae más cerca del volcán, no los derrumbe con su sobrepeso, como sucedió en 1991.

Al mismo tiempo, los estancieros de la meseta central santacruceña, podrían proteger con techos de chapa sus aguadas para que la ceniza, fina como talco, no convierta el agua en un líquido imposible de beber.

En la erupción del 91 una tercera parte de las majadas de Santa Cruz terminó muriendo de sed. Y con el tiro de gracia del Hudson también desapareció la mitad de las estancias de la provincia.

Es que las catástrofes sin aviso previo son más catastróficas. Por eso, la red Siasge estará para mirarnos desde el cielo con nuestros propios ojos, escrutarnos desde los Apeninos a los Andes y evitar así que los daños inevitables pasen de mayores a mayúsculos.

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