Cómo lidiar con la ansiedad y los miedos en las quimioterapias

Donde Quiero Estar, es una fundación que, hace dos años, busca acompañar a enfermos oncológicos a través del arte y la reflexología
Donde Quiero Estar, es una fundación que, hace dos años, busca acompañar a enfermos oncológicos a través del arte y la reflexología Crédito: Donde Quiero Estar
Evangelina Bucari
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8 de marzo de 2019  • 13:07

Una señora recibe masajes en los pies, mientras otras dos que ya tuvieron su sesión de reflexología descansan en sillones con música suave de fondo. A su alrededor, cuadros de colores, mensajes como "Ríe cada día" y "Ama siempre", cuelgan de las paredes. A simple vista, nada remite a lo que el imaginario supone es una sala de un servicio de oncología, salvo porque estas mujeres tienen conectada una vía en el brazo para la quimioterapia.

Nancy Rodríguez es reflexóloga y desde 2017, todos los miércoles a partir de las 9, cuando los pacientes ya están recibiendo su medicación, llega al Hospital Municipal de Morón. Es una de voluntarias de Donde Quiero Estar, una fundación que busca acompañar a enfermos oncológicos a través del arte y la reflexología. "Queremos desenfocarlos, sacarlos de estar mirando el gotero las cuatro horas y que puedan expresar sus emociones. Los masajes o la pintura son el medio. A partir de eso, surgen otras cosas", describe Nancy.

"Buscamos humanizar los tratamientos oncológicos y llenar de color ese momento de ansiedad", explica Victoria Viel Temperley, fundadora de este programa que comenzó en el Hospital de Clínicas en 2006 y ya se replicó en 19 instituciones de salud pública, con más de 140 voluntarios y un coordinador por lugar. "La idea es llegar a todos los servicios de oncología públicos", anhela Viel Temperley, quien creó este proyecto luego de que su hijo falleciera a los 17 años por un tumor cerebral.

Hace dos años, Donde Quiero Estar llegó al hospital de Morón gracias a la convocatoria de la doctora Ana Inés Alonso, médica del servicio de oncología. Actualmente, tienen ocho voluntarios que se turnan todos los días para acompañar a unos 30 pacientes por semana.

"Las voluntarias son hadas madrinas, tienen un rol de mucha contención, conversan, ayudan a que se pase más rápido el tiempo de tratamiento y permite transformar el enojo en algo más productivo. Nosotros decimos que esto también es medicina", sostiene Alonso.

María Cristina Paz recibe la sesión de reflexología de las manos de Nancy. Esa mañana no hay taller de arte. Tiene cáncer de colon y metástasis en hígado y pulmón, y está en tratamiento hace más de un año. "Cuando llegué a la quimio, pensaba que iba a ser muy duro. Me imaginaba un lugar lúgubre, y de golpe, llegar y ver que aparecen personas riéndose, abrazándote, invitándote a pintar, acercándote cosas lindas, es un mimo al alma". El taller de arte es una de las cosas que María Cristina más valora: "Me permitió desahogarme. Para mi generación (tiene 57 años), que te digan metástasis era sinónimo de 'me muero mañana'. Acá aprendí que nada está dicho".

Nancy le hace reflexología a María Cristina durante la sesión de quimioterapia en el Hospital Municipal de Morón
Nancy le hace reflexología a María Cristina durante la sesión de quimioterapia en el Hospital Municipal de Morón Crédito: Cortesía Donde Quiero Estar

Para Rosario Vidal, jefa del servicio, "que venga un grupo de voluntarias a recrear a los pacientes mientras se les pasa la medicación habla de un amor por el prójimo que conmueve". Con una trayectoria de 35 años, esta oncóloga señala la importancia que esto tiene para los pacientes, por ser "una enfermedad que está socialmente considerada como algo tan tanático, tan vinculada con la muerte", y porque "los ayuda a conectarse con otra cosa, a ubicarlos en el camino de la vida nuevamente".

"Ellas llegan y cambian el clima. Vienen llenas de energía, risa, música, aromas, traen flores. Es maravilloso que exista gente que tenga esta capacidad de dar", celebra Vidal. También recuerda las muchas carencias de sus pacientes y el impacto de estas muestras de cariño: "Es realmente es un mimo, que les hagan masajes en las manos, en los pies, que estén a su lado, que alguien se preocupe por ellos más allá de la mirada médica".

Además, a raíz de la presencia de la fundación, muchas otras personas se sintieron motivadas y quisieron brindar su solidaridad, sumando propuestas de reiki, yoga y hasta desayunos una vez por semana.

"Hace un par de años, algo así era impensado y ahora no podemos pensarnos sin esto. Lo importante para ese cambio es lograr modificar la formación organicista que se trae de la formación de pregrado", explica Vidal. En este sentido, la especialista asegura que en oncología es indispensable pensar en lo interdisciplinario porque "no hay enfermedades sino enfermos, ya que cada uno evoluciona de una manera distinta" y que también "hay que bajarse de ese pedestal de la omnipotencia médica, porque cada paciente es una individualidad".

Pero no solo la solidaridad se da adentro de la sala. Afuera, donde esperan las familias, un tejido colaborativo va tomando forma. Olinda es voluntaria pero antes fue paciente, y desde hace un año acompaña a los familiares en la sala de espera, con una caja llena de lanas. ¿La propuesta? Pasar el tiempo de espera, que es de entre tres y cuatro horas, tejiendo cuadrados de 15 x 15 cm, para luego armar frazadas que serán usadas por los pacientes.

"Quería acompañar a la gente que está sola porque a mí me ayudaron mucho. Sanarme para ayudar a otro y que el otro se sane conmigo. Es un ida y vuelta", explica esta mujer, mientras le enseña a Alberto a agarrar las agujas y tejer sus primeros puntos. Él vino a acompañar a su novia de 38 años. "Olinda –dice– me preguntó si sabía tener y le dije que no, pero me dieron ganas. Sentí que no es solamente un tejido, sino que tiene un significado, hay un sentimiento detrás. Siento que es importante y que ayuda mucho al acompañante".

Olinda con una de sus frazadas tejidas a mano
Olinda con una de sus frazadas tejidas a mano Crédito: Cortesía Donde Quiero Estar

La pintura fue una de las cosas que más ayudó a Olinda a salir adelante y su cuadro fue uno de los ganadores de la exposición que hace Donde Quiero Estar a fin de año, con las obras de todos los talleres. "Si yo pintaba colores, desviaba mi cerebro por un mejor camino y eso me sanaba", cuenta. Algo similar sintió María Cristina: "Conocer a este grupo de voluntarias y ver cómo trabaja con tanto amor al servicio del otro, fue encontrarme con un mundo diferente. Ellas tal vez no se imaginan lo bien que nos hace una caricia, una palabra. Significa tanto para nosotros. Yo vengo cada 21 días y me dan un ánimo terrible".

Donde Quiero Estar

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Cómo ayudar

Además del trabajo que hacen los voluntarios en las salas de quimioterapia, Donde Quiero Estar ofrece gratis talleres, terapia de grupo y asesoramiento para pacientes oncológicos en su sede. Necesitan nuevos voluntarios de arte y reflexología y sumar aportantes mensuales. Tel.: (011) 4786-4471; www.dondequieroestar.org

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