Creatividad al servicio del saber

Los docentes, que demostraron impulsar en sus escuelas los proyectos más innovadores para mejorar la educación de alumnos en poblaciones vulnerables, fueron los merecidos ganadores del Premio Comunidad a la Educación
Cynthia Palacios
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5 de noviembre de 2011  

Cuando la realidad los sumergía en lugares cada vez más difíciles apelaron a la creatividad y redoblaron el esfuerzo haciendo pie en lo que más sabían. Más y mejor educación fue el norte de un grupo de docentes que se propusieron mejorar el futuro de sus alumnos y resultaron ganadores del Premio Comunidad a la Educación.

La quinta edición de este reconocimiento, que organiza la Fundación La Nacion junto con el Banco Galicia y la Fundación OSDE, convocó a 70 iniciativas de escuelas de 16 provincias. El objetivo principal del premio consiste en revalorizar el rol del maestro como agente decisivo para mejorar la calidad de la educación de alumnos en riesgo, ya que la pobreza de recursos agrava la desigualdad de oportunidades educativas que reciben esos chicos.

El eje del concurso de este año - que cuenta con el apoyo de LAN, Cimientos, Fundación Leer y el trabajo de la Fundación Arte Vivo, que realizará un documental de cada práctica ganadora - apuntó a la calidad de la educación, base fundamental para el desarrollo de nuestro país. Por eso, en esta convocatoria, se buscó reconocer los logros de escuelas de todo el país que llevan adelante proyectos educativos que apuntan a la inclusión social de alumnos que viven en contextos vulnerables.

Cosechando Biogás de las Bacterias, de la Escuela Técnica N° 3 María Sánchez de Thompson, de la ciudad de Buenos Aires; Arboles para mi Comunidad, de la Escuela de Familia Agrícola de Colonia Alpina, en Santiago del Estero, y Nosotros También Podemos, de la Escuela José de San Martín N° 430, de Colonia Dolores, Santa Fe, son los ganadores de la edición 2011, que recibirán 35.000 pesos para el proyecto y la escuela, además del videodocumental y la difusión publicitaria y periodística.

En la primera iniciativa, alumnos de una escuela técnica porteña pensaron cómo una población salteña muy vulnerable podría producir biogás y los ayudaron a adoptar una tecnología medioambiental que suplantara el uso de madera y yungas para cocinar y calefaccionar, mientras que en la segunda, chicos santiagueños plantaron 1000 árboles para su comunidad, creando un pulmón verde que protege al pueblo y genera conciencia del cuidado del medio ambiente.

El tercer proyecto reunió a alumnas santafecinas que se transformaron en tutoras de otros chicos con dificultades en la alfabetización inicial en lengua y matemática. También se orienta a rescatar la cultura y la lengua mocovíes, a brindar capacitación en informática para las madres y abrió una biblioteca ambulante.

El jurado de la quinta edición del concurso estuvo formado por el director del Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP), Gustavo Iaies; el coordinador del área Educación de Flacso Argentina, Carlos Skliar; el editor de la sección Cultura de La Nacion, Patricio Bernabé; la rectora de la Universidad Nacional de Córdoba, Silvia Carolina Scotto, y la directora del Instituto Nacional de Formación Docente (Infod), Graciela Lombardi. Estudiaron los proyectos y eligieron los mejores.

Riqueza en potencia

"Cada vez que uno se confronta con la riqueza de los proyectos que llegan al Premio La Nacion se renueva la pregunta por qué nos pasa. ¿Cómo no logramos que semejantes capacidades se articulen en un sistema con capacidad de reconocer a los que lo están haciendo muy bien? Porque la evidencia es que hay muchos que lo están haciendo muy bien", consideró Iaies.

Y agregó: "Lo interesante de muchos de los trabajos que se presentaron es la capacidad de dotar de pertinencia los contenidos, hacer que los chicos los vean como propios. Ahí hay una clave para pensar lo común y lo distinto en un sistema educativo, todos tenemos que aprender a producir textos, a gestionar proyectos, pero es maravilloso cuando esas competencias se adecuan a que cada chico sienta que es su texto, su proyecto. Ahí aparece una veta muy interesante de la calidad educativa".

"El premio tiene la intención de enviar un mensaje claro a los docentes involucrados en los proyectos: decirles que su esfuerzo vale la pena, que sigan adelante, que lo que hacen marca una diferencia -explicó Bernabé-. Lo que somos de adultos es también el resultado y el reflejo de nuestro paso por las aulas. Siempre vamos a recordar a aquellos maestros que a través de su ejemplo nos enseñaron el camino."

Para Lombardi, la selección de los proyectos premiados y mencionados en la actual convocatoria "tuvo como rasgo peculiar la fuerte impronta de la preocupación comunitaria de los docentes que los impulsan. Esta dimensión de la ética de la solidaridad vivida y promovida en las propuestas presentadas ilumina y profundiza el aprendizaje de los contenidos disciplinarios, les otorga la significatividad de la preocupación por el otro traducida en acción".

Las elegidas son apenas un puñado de buenas ideas. Pero hay muchas más. Todas las experiencias pueden verse en www.fundacionlanacion.org.ar/premio y los docentes también pueden hacer consultas sobre la edición 2012 en premiocomunidad@lanacion.org.ar

Informe realizado con la colaboración de Teodelina Basavilbaso y Belén Quellet

Algarrobos: una propuesta sustentable

Escuela de la Familia Agrícola

Colonia Alpina, Santiago del Estero

Proyecto: Arboles para mi Comunidad

Docente: Verónica Patricia Lorenzón

En el frente de la escuela se divisa una hilera ordenada de pequeñas plantas que varios alumnos cuidan y monitorean diariamente. Son 1000 algarrobos blancos que fueron plantados en un predio de cinco hectáreas con la idea de reforzar en los chicos el amor por la naturaleza, a la vez que les enseñan una manera sustentable de producir.

"Desde la escuela queríamos ser un ejemplo para la comunidad. Mostrarles que es posible producir implementando otro tipo de sistema que no tale árboles", dice la docente Verónica Patricia Lorenzón, quien propuso que fuese la propia comunidad educativa la responsable de este proyecto que surgió como respuesta ante la preocupación del avance de la zona agrícola que fomenta la deforestación y la utilización de agroquímicos en desmedro del medio ambiente y la salud.

Buscando crear conciencia sobre la importancia de la sustentabilidad y la conservación de la biodiversidad rural, este predio está destinado, no solamente a la forestación, sino a un modelo de producción llamado silvopastoril, que combina los árboles forestales con una siembra de pasturas forrajeras de alfalfa destinadas a la ganadería, en forma simultánea y sobre la misma unidad de tierra.

"La propuesta tiene dos pilares. Por un lado crear conciencia ecológica en los alumnos, y por otro el tema autóctono, ya que los algarrobos son especies nativas de la zona", dice Lorenzón.

Asimismo, el docente Claudio Quintana, dice que es elemental el protagonismo del estudiante para la ejecución del proyecto. "El chico que se compromete con la forestación es capaz de pasar horas de dedicación y trabajo con la tierra", dice Quintana, quien además destaca el rol pedagógico del proyecto en el cuidado del medio ambiente y la adquisición de conocimientos sobre vivero y jardinería. "Los jóvenes aprenden que lo que uno hace o deja de hacer repercute en la planta", agrega.

Los alumnos confiesan que están ansiosos por ver los árboles grandes y crecidos. Sin embargo deben esperar por lo menos diez años. "Es una inversión a futuro, al igual que su educación", asegura Patricia Inés Mira, directora de la institución.

Alumnos que se transforman en líderes y tutores

Escuela 430 José de San Martín

Colonia Dolores, Santa Fe

Proyecto: Nosotros También Podemos

Docente: Luisa Colombo

La carencia de liderazgo social fue el punto de partida del proyecto. El desafío era saber cómo potenciarlo desde la escuela, un lugar que recibe todas las problemáticas sociales y de la cual deben salir ideas para transformar positivamente el entorno en la que está inserta.

La Escuela 430 José de San Martín de Colonia Dolores, Santa Fe, es la única de un pueblo de cerca de 700 habitantes, la mayoría descendientes de mocovíes.

El primer paso de un proyecto integral se dio a partir del establecimiento de tutorías. En ellas, las chicas y chicos de 4°, 5° y 6° grado brindan apoyo escolar, a contraturno, a los chicos de 1°, 2° y 3er. grado. El beneficio mutuo se plasmó en una mejora en la lectura y la escritura de parte de los más chicos, y en la certeza de saber que los más grandes eran capaces de transmitir sus conocimientos adquiridos en beneficio de los demás.

"El apoyo escolar a contraturno empodera a los chicos y a sus familias. Los padres se desenvuelven de otra manera al ver que sus hijos pueden y el no sé si puedo es reemplazado por el nosotros también podemos, dice Luisa Colombo, docente de 2° grado.

El siguiente paso se dio al reconocer la lengua materna y brindar su enseñanza en el colegio, además de involucrar a los chicos en el diseño de juegos didácticos como el juego de la memoria, con palabras del vocabulario mocoví.

Todas las actividades propuestas y llevadas adelante desde hace tres años resultaron en un mayor desenvolvimiento de los alumnos, que se mostraron más participativos y con iniciativas propias a la hora de tratar de resolver los problemas que se les fueron planteando.

Autonomía, autoestima, solidaridad, responsabilidad, compromiso, creatividad, equilibrio y la apertura a nuevos aprendizajes son los valores que están comenzando a definir el futuro de estos chicos; de la mano de un equipo docente que sabe que uno sólo, puede tener buenas ideas, pero hace falta más de uno para hablar de logros.

Un biodigestor para la comunidad colla

Escuela Técnica N° 3 María Sánchez de Thompson

Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Proyecto: Cosechando Biogás de las Bacterias

Docente: Alejandro Rodríguez

"Alejandro -el docente encargado del proyecto de Cosechando Biogás de las Bacterias- siempre se pone a un costado y deja que los alumnos sean los que trabajen. El se posiciona simplemente como guía", explica María del Carmen Storino, rectora de la Escuela Técnica María Sánchez de Thompson, y agrega: "Tiene una buena mirada del alumno que va a seleccionar para determinado rol en cada proyecto. Los chicos nunca lo han abandonado y son muy compinches con él, y eso principalmente por la buena comunicación que mantiene con ellos".

El docente Alejandro Rodríguez viajó en 2008 a la comunidad de Nazareno, provincia de Salta, y observó la necesidad de la comunidad colla de implementar alguna tecnología medioambiental que suplantara el uso de madera y yungas para cocinar y dar calor a los ranchos donde viven, ya que esta práctica estaba provocando una marcada desertificación en la zona.

Un año más tarde, el docente propuso el proyecto de biogás, que consiste en la generación de gas combustible a través de un biodigestor por la biodegradación de los desechos de animales mediante la acción de bacterias. Los alumnos del Club de Ciencias se entusiasmaron desde el primer momento y trabajaron arduo para lograr finalmente el objetivo: entregar a la comunidad colla un biodigestor que mejorase su calidad de vida.

"El Club de Ciencias no es una materia obligatoria y generalmente van los buenos alumnos o los que tienen tiempo de sobra, tienen ganas de investigar, de leer bibliografía extra, hacer experimentos y están motivados a seguir aprendiendo", explica Rodríguez.

Para lograr la realización del proyecto recurrieron a otras instituciones para que les proveyeran de los conocimientos científicos y técnicos que les faltaban. Además, el desarrollo del proyecto fue interdisciplinario ya que participaron las tres especialidades técnicas de la escuela: óptica, computación y geografía matemática.

PARA SABER MAS

Premio Comunidad a la Educación www.fundacionlanacion.org.ar/premio

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