Creerle siempre al chico, la clave para poder ayudarlo cuanto antes

Andrea Aghazarian
Andrea Aghazarian PARA LA NACION
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30 de enero de 2017  

Siempre hay que creerle a un niño. Ya que éste no puede inventar aquello que no conoció. Una de las peores consecuencias del abuso es el encierro, mantener en secreto estas vivencias durante muchos años. Por eso cuanto antes encuentre a un profesional capacitado para ayudarlo, las consecuencias serán menores.

El abuso sexual se da en un vínculo absolutamente asimétrico y es perpetrado por un adulto en quien se confía. Cuanto más calificado esté para el niño, mayor es el riesgo, como es el caso de los curas, algunos profesores y los familiares en general. Esta relación vulnera la confianza del chico, que luego se traduce en una desconfianza permanente respecto de los vínculos de amor.

El abusador es alguien que encuentra en estas acciones una forma particular de goce perverso, por lo que no cesará de insistir. Son personas con características psicopáticas que amenazan, asustan y así condicionan al niño para su mejor manejo.

Guardar el secreto

El chico mantiene el secreto, no sólo porque erróneamente se siente responsable de lo que sucedió, sino porque si llegó a la pubertad guardándolo, teme ser el culpable de la desintegración familiar si saliera a la luz. De hecho, cuando se conoce un relato, pueden aparecer una fila de menores de la familia que han sido abusados por el mismo familiar.

La Justicia es un capítulo aparte en este entramado. Todos los días luchamos contra el pensamiento patriarcal de algunos juristas y el machismo. El Poder Judicial debe entender que alguien que sufrió abuso sexual viene del maltrato extremo y que estas personas necesitan atención, contención y justicia.

Las instituciones como las escuelas, en todos los niveles, empezando por el jardín maternal, deben empezar a hablar de esto entre los docentes y a educar a los niños dándoles posibilidad de ser escuchados, creerles, derivarlos a evaluaciones y tratamientos.

Los que trabajamos en estas áreas aspiramos a que la prevención se convierta en política de Estado, con información, orientación en cómo proceder para el beneficio de los niños o adolescentes abusados. No podremos evitar que esto suceda, pero sí bajar la cantidad y la continuidad del tiempo del abuso, que sin dudas agrava luego el cuadro, ya que se podrán identificar las señales que nos llevan a intervenir mucho antes.

La autora es psicóloga especialista en abuso sexual

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