Desarrollar las capacidades de las personas

Fernanda Roigt
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7 de abril de 2012  

"Tuve hambre y me diste de comer; estaba excluido y juntos buscamos y encontramos caminos de inclusión." Estas palabras pueden sintetizar con absoluta fidelidad el espíritu que animó a Alejo Fernández Mouján en sus días con Casa de Galilea, un proyecto surgido hace más de una década impulsado por un equipo de trabajo que se propuso dar vuelta un paradigma.

El foco de trabajo de Casa de Galilea es la villa La Cava, en San Isidro, un barrio surgido hace más de 50 años en fosos de hornos de ladrillo que ahora cuenta con unos 15.000 pobladores.

En palabras de Fernández Mouján, ese nuevo paradigma adoptado en Casa de Galilea consistió en abordar los procesos y la metodología que se utiliza en la construcción de un tejido social desde el revés de la trama: deja de lado el asistencialismo y en cambio procura desarrollar las capacidades de cada persona para que haga su propio camino. En sus palabras, "si no hay un desarrollo de la persona, no hay posibilidad de desarrollo del individuo; es inútil dar algo si no se trata de formar a la persona como tal".

Esto implica considerar que "la riqueza del individuo está en él y la va mostrando, señalando, a lo largo del tiempo si existen las condiciones favorables". Y agregaba que ese modo de ver y actuar se asimilaba a las teorías del educador brasileño Paulo Freire, aunque no podía afirmar que hubiera existido una influencia consciente en ese sentido, sino una conclusión surgida desde la práctica y la búsqueda en común desde la profunda comprensión del Otro como sujeto.

Desde esa base que integra la cultura de las comunidades y los individuos y repara las amenazas y agresiones a la dignidad de cada uno, hay algo más: la novedad consiste también en considerar que el desarrollo de la persona se relaciona estrechamente con su religiosidad, que no necesariamente desemboca en una creencia cristiana, sino en la posibilidad de reconocernos en los otros como hermanos.

En ese espíritu, Fernández Mouján dedicó los últimos doce años de su vida (murió en Acassuso el 27 de febrero pasado) a animar la tarea y el espíritu de Casa de Galilea, seguro de la necesidad de enhebrar el tejido social en su patria chica, San Isidro, a partir del sector más vulnerable y estigmatizado: la población de la villa La Cava.

Puso su voluntad al servicio de ese objetivo: primero convencer a los pobladores de la villa de que él no era un paracaidista ni un improvisado, sino uno como ellos que pretendía acercar ideas y esfuerzos para lograr soluciones. Segundo, convencerlos de que cada cultura es valiosa por sí misma, con sus rasgos característicos y con sus deficiencias a corregir. Tercero, y quizás el más duro hueso de roer que tuvo esta tarea, fue persuadir a una sociedad tan compleja y autocomplacida como la de San Isidro, que la ancha brecha entre ricos y pobres podía ser suturada si se decidían a hacerlo.

Así, el equipo de Casa de Galilea logró los aportes para esta verdadera epopeya, primero de la Iglesia católica local, luego de la municipalidad y sus organismos y asociaciones, también recibió ayuda de algunas instituciones nacionales oficiales y, por último -y no menor- logró el consenso de individuos particulares -profesionales, técnicos, artistas, promotores sociales, deportistas, dirigentes deportivos- que se embarcaron en la iniciativa. En la historia de Casa de Galilea, Fernández Mouján encontró su conversión: se transformó de un ex ejecutivo de empresas en un líder social que propuso caminos de libertad e inclusión en donde sólo había desamparo, desprotección e instituciones ausentes.

Desde los iniciales y balbuceantes centros de atención a chicos en situación de calle, se pasó luego a la estimulación temprana, merced a un aporte de una integrante del equipo que también murió recientemente (María Inés Giuria), a la habilitación de consultorios psicológicos para la población y a un convenio de formación a socios del San Isidro Club, en función de esa integración que refleja la recuperación del tejido social en determinadas comunidades.

Fernández Mouján fue un inspirado por el mensaje evangélico. De ese punto de partida, buscó incesantemente nuevas ideas y teorías que dieran forma y canales prácticos a su inspiración, a su objetivo: el encuentro del Otro como tal, con las riquezas de su cultura y sin los lastres de la discriminación y la indiferencia. Para él, como para Teresa de Calcuta, cada punto de llegada era un nuevo punto de partida, un mero desafío para recomenzar. Ese fuego lo mantuvo hasta el final.

BIO: ALEJO FERNANDEZ MOUJAN (1929-2012)

Cargo: fundador de Casa de Galilea

Profesión : empresario

Logros : se convirtió en un referente en temas de niñez en riesgo, articulaciones sociales y el funcionamiento del tercer sector

www.casadegalilea.org.ar

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