El reclamo de una solución a las adicciones une a los líderes comunitarios

Saravia, Moreno, Zulema y Cano, en la sede de APCD
Saravia, Moreno, Zulema y Cano, en la sede de APCD Fuente: LA NACION - Crédito: Javier Corbalán
María Ayuso
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1 de marzo de 2019  • 15:53

La problemática de las adicciones no es exclusiva de las comunidades wichis que conforman la periferia de las localidades más grandes del oeste de Formosa, como Ingeniero Juárez y Las Lomitas, sino que también afecta, aunque en menor medida, a las poblaciones rurales del monte.

Un ejemplo es el de Teniente General Fraga, a 30 kilómetros de Juárez, donde hay 20 familias. Carlos Méndez (34) es el referente de la comunidad. De sus cuatro hijos, el mayor, de 14, tiene problemas de consumo.

Carlos Méndez junto a parte de su familia, en la comunidad de Teniente Fraga
Carlos Méndez junto a parte de su familia, en la comunidad de Teniente Fraga Fuente: LA NACION - Crédito: Javier Corbalán

"Acá en la provincia las drogas están en todos lados: los chicos me cuentan que llegan hasta las escuelas. Para nosotros es muy triste, porque como pueblos originarios conocíamos el alcohol, pero no las drogas, eso era algo de los ricos, de los criollos", cuenta Carlos, y continúa: "Hoy estamos sufriendo mucho por esto. Todos sabemos que la droga viene de afuera y no sale de las comunidades, como a veces se dice en los medios. Entra de noche y se re-parte como caramelos. Después se persigue a los originarios por que se drogan y son violen-tos, pero nunca se habla de quienes la venden".

Los líderes consultados coinciden con ese diagnóstico. En Las Lomitas, a 150 kilómetros de Juárez y en cuyos márgenes hay una decena de comunidades originarias, está la sede la Asociación para la Promoción de la Cultura y el Desarrollo (APCD), que lleva 31 años de trabajo en la zona.

Saravia, Moreno, Zulema y Cano, en la sede de APCD
Saravia, Moreno, Zulema y Cano, en la sede de APCD Fuente: LA NACION - Crédito: Javier Corbalán

Allí se reúnen para conversar con LA NACION Silverio Moreno, presidente de la asociación civil de La Pantalla -varias comunidades se organizan de esa manera-, donde viven 150 familias, junto a Gabriel Saravia, un joven de 27 años, y Mario (ése no es su nombre real), otro referente que prefiere resguardar su identidad; Rosa Zulema, de Pampa del 20 (23 familias); Amilcar Cano, de Lote 47 (100 familias); y Alejandro Ramírez, agente sanita-rio de Tres Pozos (93 familias).

Pocos recursos

Silverio y Almicar afirman que, en sus comunidades, la mitad de los jóvenes están en consumo, y que ya murieron algunos chicos por esa problemática. Coinciden en que los adolescentes "pierden la esperanza en la educación", porque terminan la escuela y no consiguen trabajo. Tampoco tienen recursos para capacitarse en oficios.

"Las drogas son un problema nuevo para nosotros. Se empezó con la inhalación de la nafta y el pegamento y después llegó el faso y la pasta base", dice Mario, y sigue: "El problema también está en los comercios, porque nuestros hijos compran y mezclan pastillas de venta libre en la farmacia. Buscamos que se deje de vender en las ferreterías Poxiran, pero ya renunciamos: nadie controla".

A todos les duele que en sus comunidades no haya ofertas de talleres y actividades recreativas para los jóvenes. "Están todo el día sin hacer nada, y ahí viene el pensamiento de las cosas malas", sostiene Mario.

Frente a esa realidad, Gustavo Núñez, referente del área joven de APCD, subraya que el objetivo es fortalecer, a través del arte y con un abanico de propuestas como la murga Elé, la autoestima de los jóvenes. "Su marginalidad es doble: por ser pobres y adictos, y por pertenecer a una cultura que la gente de ‘la otra sociedad’ no entiende o no quiere entender", describe.

Juani Rosasco (segundo a la izq.) junto a Leonardo Dell`Unti, Gustavo Núñez, Roberto Gobdar y Pablo Chianetta (de izq. a derecha), del equipo de APCD
Juani Rosasco (segundo a la izq.) junto a Leonardo Dell`Unti, Gustavo Núñez, Roberto Gobdar y Pablo Chianetta (de izq. a derecha), del equipo de APCD Fuente: LA NACION - Crédito: Javier Corbalán

La prevención, mediante actividades que atraigan a los jóvenes, es uno de los ejes de APCD. "El trabajo con los wichis es de corazón a corazón. Cuando ves que un chico de la murga se siente útil y reconocido, sentís que todo vale la pena. Festejamos cada pequeño triunfo, que es que un niño o joven pase un día alejado de las drogas y contento", cuenta Gustavo.

Cómo colaborar

Para colaborar con las becas de los estudiantes wichis o con alguno de los otros proyectos de prevención de adicciones que realiza el centro barrial Enrique Angelelli, comunicarse con Juani Rosasco escribiendo a juanicp@parroquiasantacruz.org.ar

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