Entregar el corazón a largo plazo

Las ONG encuentran cada vez más dificultades para seguir con su tarea: hoy, piden, personas dispuestas a colaborar con poco pero en forma permanente
Micaela Urdinez
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4 de enero de 2014  

No piden gestos heroicos ni millonarios depósitos bancarios. Lo que las organizaciones sociales están reclamando – y necesitando de forma desesperada – son personas que se pongan la camiseta de la entidad y que decidan apoyarla en el largo plazo. No importa si es con dinero, con horas de voluntariado, con donaciones en especies o brindando contactos. Lo que ellas más desean para este 2014, es armar una legión de gente que sirva de red de contención para poder hacer crecer su obra y llegar a ser sustentables.

Desde los zapatos de ciudadanos, todos arrancamos el año brindando, regalando los mejores deseos y haciendo también algunas resoluciones, que – en la mayoría de los casos – se quedan simplemente en eso y nunca llegan a la práctica.

Y cuando hablamos de acercarnos al mundo social, a las heridas de los más vulnerables, al sudor de los líderes sociales que dejan la vida por una causa, siempre nos parece que lo que nosotros podemos hacer es poco, que ya hay mejores samaritanos colaborando, que en algún momento va a aparecer esa "movida" que sea la indicada para nosotros. Pero los meses siguen pasando y no arrancamos nunca …

"Lo que nosotros necesitamos no es que se comprometan con mucho sino que lo hagan con poco pero a largo plazo. Necesitamos manos que nos ayuden en cosas tan cotidianas como lavar los platos, hacer la comida o con los chicos", explica Lidia Hernández, fundadora de Sol Naciente, una ONG del Bajo Flores que en su comedor brinda 1500 raciones de comida entre almuerzo, merienda y cena, tiene un hogar que actualmente alberga a 25 mujeres víctimas de violencia de género junto a sus hijos y también manejan una panadería que da trabajo digno a mujeres y personas del barrio.

Un día como cualquier otro, en la entidad se arrancan los pelos pensando cómo van a hacer para pagar las deudas de luz y de agua. "Conseguí una persona que nos pagara $8000 de luz el mes pasado pero todos los meses tenemos el mismo problema. Son cerca de $6000 de gastos fijos mensuales, sin contar la parte alimenticia para la que contamos con alguna ayuda pero que el resto lo tenemos que conseguir nosotros", agrega Lidia.

El panorama, para la Fundación Sol Naciente y el resto de las ONG del país, está lejos de ser alentador. Porque según asegura Lidia, las donaciones de las empresas se redujeron muchísimo en 2013, especialmente estos últimos meses del año. "Yo creo que tiene que ver con que la gente siente que lo que nos puede donar, no nos sirve para mucho. Pero lo cierto es que necesitamos de todo lo que cualquier pueda aportar".

Y eso es justamente lo que un día de 2007 hizo Mabel Lescano, una vecina que cuando se mudó al barrio se acercó para ver qué necesitaban. Inclinada siempre a ayudar a los chicos, Mabel recibió una plata en herencia y no dudó en donarla en lo que a ella más la moviliza: la sonrisa y la salud de los niños. Además de colaborar con cualquier cosa que haga falta, Mabel se hace cargo de donar 300 kilos de harina mensuales que son necesarios para el funcionamiento de la panadería.

"Los ayudo porque me gusta como trabajan y me movilizan los chicos. Por eso me acerco todo el tiempo para ver qué necesitan. A mí me gusta andar, entonces salimos con unas amigas al barrio a pedir ayuda o también vengo a ayudar con mis hijos y mis nietos, y me pongo a cocinar", dice Mabel que cada día se siente más feliz y contenta de poder aportar su granito de arena a la vez que invita a otros a que también se sumen.

Lidia la describe como su colaboradora más permanente, porque hace 6 años que pone cabeza, hombros, manos y oídos al servicio de la ONG. "La volvemos loca con las cosas que necesitamos y ella hace lo que puede. Muchas veces se emociona y llora con nosotros. Lo más difícil es sentirse sólo en esta tarea y por eso quizás, lo único que uno anhela, es poder contar con gente que esté interesada y vinculada con la organización, en la cual uno se pueda apoyar, compartir los problemas y buscar soluciones", agrega Lidia.

En este momento, Sol Naciente necesita voluntarios, una sobadora grande, un vehículo para ir a buscar las donaciones y juguetes para los chicos. "A las personas que están pensando en colaborar con alguna ONG yo les diría que Dios les va a multiplicar todo lo que den. Y que la ayuda no la tienen que ver como una pérdida sino como una ofrenda. Porque dando es como se recibe", concluye Lidia.

* * *

La llamada viene en el momento menos pensado, cuando quizás el rompecabezas de nuestra vida se acomoda para tener algo de tiempo disponible y las mismas ganas intactas de brindarnos a los demás. Este es el caso de Mercedes Brizuela que siempre se sintió atraída por la propuesta de Conin en su lucha contra la desnutrición en diferentes puntos del país. Asi fue que cuando se enteró de que iba a abrir uno en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sintió que era una señal.

Era la ONG Caacupé la que estaba abriendo un Centro de Atención Integral para la Inclusión bajo esta metodología, en la villa 21-24 de Barracas. Allí, 38 madres y 50 chicos de 0 a 5 años van los miércoles y viernes por la mañana a recibir diferentes tipos de atención: los niños son asistidos por pediatras y nutricionistas las cuáles les brindan también estimulación temprana, mientras que las madres reciben contención, charlas de interés, talleres de oficios y capacitación.

El calor raja las calles de tierra de la villa, contaminadas por cables de todo tipo y un constante movimiento de obras en construcción. A esta imagen dantesca, se suman personas viviendo en la calle, kioscos, almacenes, comedores, iglesias y fachadas de casas pintadas de diferentes colores.

Hasta allí se acerca Mercedes todos los viernes de 9 a 12, desde Caballito, para dar talleres y contención a estas mujeres cuyos hijos están en riesgo de malnutrición. Porque el objetivo fundamental del Centro, es educar a las madres en la mejor manera de alimentar, hacer crecer sanos y vincularse con sus hijos.

"Tengo 4 hijos grandes y todavía no llegaron los nietos.Asi que tengo tiempo libre y un espírtu solidario. Entonces vine a ver qué es lo que necesitaban. La experiencia es muy buena porque siempre hacen falta voluntarios para muchísimas cosas. Es cuestión de acercarse y ver en qué uno puede ser útil.", explica Mercedes, que arrancó con esta tarea allá por noviembre de 2012.

"Entre todos, si cada uno pone su granito de arena, podemos construir una sociedad mejor. Siempre es más lo que uno se lleva que lo que da", sostiene Mercedes convencida.

Además, su compromiso social llegó a generar un efecto contagio en su familia y hoy su hija menor, que es estudiante de nutrición, también se involucró con el proyecto hace 4 meses.

Aída Díaz Benitez, es una de las madres que asiste al Centro. Hace 6 años que vino de Paraguay para instalarse en la villa y hoy dedica todo su tiempo a cuidar de su hija Nairina de 2 años. Hace 8 meses que se enteró del centro por una amiga y se sumó a los talleres de cocina y crochet. "Además me ayudan con la mercadería y atienden a los chicos en pediatría y nutrición. Una vez nos dieron una charla sobre el dengue, y otro día vino un dentista. Son cosas que te ayudan bastante", dice esta joven de 21 años, que está en pareja con un albañil y a la que este año le gustaría terminar el secundario que dejó en 3er año.

"Los voluntarios son fundamentales a la hora de dar talleres.Necesitamos gente para la ludoteca, para dar apoyo escolar, para la logística operativa y para tareas administrativas. También la donación de ventiladores, aires acondicionados, heladera, horno, utensilios de cocina, camioneta para logística y computadoras", enumera minuciosamente Victoria Arnaude, Directora del Centro de Atención Integral para la Inclusión, para no olvidarse de nada.

* * *

Diego Martinez Seeber habla de Felipe Gomez como si fuera su tercer hijo, con ese amor paternal que hace que la boca sólo se le llenen de elogios y se le esboce una sonrisa cuando habla de este regalo que le dio la vida.

"Hace 3 años mi ex mujer (en ese momento seguían casados) nos enteramos de este programa de becas que realizaba la Fundación Nordelta junto con Conbeca (de la Asociación Conciencia) para acompañar a un chico durante sus últimos tres años del secundario. En un principio me dio bastante temor porque era un montón de tiempo y no sabía si lo iba a poder sostener pero finalmente dijimos que sí", cuenta Diego, quien si bien se separó de su mujer Florencia, siempre entendieron que seguir estando para Felipe, era lo más importante.

Felipe hoy tiene 18 años, terminó el secundario en el EES N° 22 de Las Tunas en donde vive junto a su madre y sus 4 hermanos y trabaja en la Ludoteca Potencialidades. Este año, arranca el CBC de Ingeniería Industrial en la UBA.

"Felipe nos llegó por sorteo y creo que fuimos los más afortunados porque es un chico que tiene mucho compromiso, que trabaja un montón, es un 10 en el colegio y tiene unas inmensas ganas de progresar. Más allá de que el acompañamiento por la beca llegó a su fin, mi relación con él no se va a terminar nunca", aclara Diego emocionado.

Durante estos 3 años, Diego y Florencia se ocuparon de tener periódicamente encuentros para ir apuntalándolo en lo que necesitara por temas de estudio, en su vida y aconsejarlo en lo que hiciera falta. "El crecimiento fue mutuo, para él y para mí. Nos comprometimos mucho el uno al otro. El vínculo fue mucho más allá de lo que la fundación en un principio nos presentó", explica Diego. Y esta relación se transformó en algo tan significativo para los dos, que Felipe eligió a Diego como padrino de confirmación. "Antes de conocerlo yo era muy colgado con los tiempos, con mi puntualidad y él me ayudó a ordenarme. Me encanta su carácter, es copado, se da con cualquiera. Y con él pegamos onda rápido", agrega Felipe.

Para Diego, esta experiencia le sirvió para tomar contacto con la realidad oculta detrás del paredón que separa Las Tunas del barrio Nordelta y hacer lo propio por mejorarla. "Ayudando, sin querer, uno se siente bien, es un mimo al alma. Yo lo considero mi tercer hijo, una personita que me cayó del cielo; es un huequito que tenía vacío y él lo llena. Y mientras lo pueda seguir apuntalando y humildemente ir ayudándolo, ahí voy a estar", concluye Diego.

Por su parte, Felipe también siente que tiene con Diego una relación de padre-hijo imposible de quebrar. "Diego es como mi papá y Flor es una genia que se encargó de toda la parte económica y los papeleos. Me sirven mucho los consejos que me dan, y fue una experiencia inolvidable. Y ahora quedó una amistad que espero que dure un montón", explica Felipe.

Con relación a por qué otras personas deberían también acercarse a colaborar, Felipe sostiene que "es una experiencia diferente porque en 3 años te encariñás con un chico que necesita mucho y te ganás un amigo para la vida. Es un ida y vuelta en el que todos aprendemos y siempre te llevás una enseñanza. Siempre los chicos que están en Conbeca quieren salir adelante y necesitan de la ayuda de alguien más. Alguien que los aliente y les diga que pueden. Como me pasó a mí", concluye Felipe, mientras sueña con su futuro de ingeniero.

Como colaborar:

Fundación Sol Naciente

www.solnaciente.org

Asociación Conciencia

www.conciencia.org

ONG Caacupé

www.caacupeong.org

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