Las organizaciones sociales piden más donaciones para poder funcionar

Algunas tuvieron que achicar programas y otras piden insumos básicos para seguir dando ayuda; estrategias de las ONG para hacerle frente a la inflación y al desánimo
Algunas tuvieron que achicar programas y otras piden insumos básicos para seguir dando ayuda; estrategias de las ONG para hacerle frente a la inflación y al desánimo Crédito: Daniela Zarate
Evangelina Bucari
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13 de mayo de 2019  • 15:44

La crisis económica se hace sentir en todos los sectores y muchas organizaciones sociales enfrentan una encrucijada: disponen de recursos cada vez más limitados y que les rinden menos, mientras no para de crecer la demanda de los sectores vulnerables a los que asisten. Y aunque las ONG pequeñas son las más afectadas por la merma de donaciones, también las entidades más grandes y consolidadas deben adaptarse a un contexto que limita sus proyectos y hasta las obliga a cesar actividades.

Un caso testigo es el de Cáritas Argentina, que este año, por ejemplo, no pudo sostener el volumen de sus becas para estudiantes. "El incremento en el valor de las pequeñas becas educativas no acompaña a la inflación. Entonces, cuando un joven se recibe, esa vacante no se está reemplazando, a pesar de que son muy importantes para apuntalar a las familias y evitar la deserción escolar", explicó María Lagos, responsable de Desarrollo de Recursos de esta entidad.

Además, tuvieron que priorizar ciertas líneas de acción y, después de un análisis de contexto, resolvieron reforzar la asistencia a necesidades básicas. "Cáritas afronta con dolor no poder responder a una mayor demanda", lamentó Lagos.

Como en otras de las ONG consultadas, también señalaron que las donaciones de particulares "se sostienen", pero que no se incrementaron "como tenían planificado" y que hubo un cambio de comportamiento: la gente colabora a través de aportes por única vez, porque "tiene incertidumbre -explicó Lagos- sobre cómo estará su economía familiar en los próximos meses". En este escenario, Cáritas se jugará mucho en su colecta anual de junio próximo: "la necesidad inmediata de nuestros hermanos más pobres nos obliga a pedir ayuda de forma más directa".

Para Potenciar Solidario, una entidad que acompaña la gestión de 150 ONG, el diagnóstico está claro: "Los gastos de las organizaciones sociales se ven fuertemente afectados por la inflación, que va muy por arriba del incremento en ingresos", resumió Juan Thomas, su fundador, por lo que los caminos son desarrollar nuevos donantes, generar otras fuentes de ingresos o hacer lo que ninguna desea: reducir la ayuda social.

Virgilio Gregorini, director Ejecutivo de Techo Argentina, aseguró que "salvo que se tengan donaciones en moneda extranjera, situaciones inflacionarias como esta son dramáticas". En su caso, el golpe fue duro. "Teníamos una política de reserva que nos hizo sobrevivir, pero estamos muy complicados: hemos perdido valor adquisitivo, achicado el equipo, ajustado el salario", detalló el referente.

Hace una semana, le envió una carta a Dante Sica, ministro de Producción y Trabajo, solicitándole que busquen una manera de ayudar a las organizaciones de la sociedad civil, con mecanismos similares a los que existen para las empresas, como créditos o procesos preventivos de crisis. "Debe discutirse el marco jurídico de la sociedad civil que reemplaza un servicio que el Estado no llega a dar", planteó Gregorini.

Días atrás, Techo Argentina tuvo su colecta anual, donde recaudó $5.581.002,04, una cifra similar a la de 2018. De todos modos, el director Ejecutivo recordó que "el dinero vale casi un 55% menos". Entre las estrategias que esta ONG puso en marcha está darle más fuerza a la venta de productos de su fábrica social para poder financiarse, utilizando las maderas sobrantes de la construcción de las casas de emergencia.

En el caso de Manos Abiertas Buenos Aires, el ajuste llegó a su estructura misma. "Hoy no contamos con director Ejecutivo en Buenos Aires y lo estamos cubriendo sin reemplazo. Cuando alguien deja su cargo, tratamos de acudir a voluntarios", describió Sebastián Gonzales Chaves, su presidente. "Se hace cada vez más difícil cubrir la diferencia entre el presupuesto de egreso y el de ingreso, mantener las obras y continuar con los programas. Tenemos que salir a pedir salvatajes para seguir acompañando a los que más lo necesitan", sostuvo Gonzales Chaves, que destacó la importancia de sus más de 500 voluntarios en sus 12 obras en la provincia de Buenos Aires.

Entre muchos de sus programas, la organización Manos Abiertas, tiene una casa de cuidados paliativos en Buenos Aires
Entre muchos de sus programas, la organización Manos Abiertas, tiene una casa de cuidados paliativos en Buenos Aires Crédito: Manos Abiertas

En los 27 años que lleva funcionando, los donantes particulares son la base de Manos Abiertas: "Tenemos 2964, un número importante, aunque en lo que va del año hubo muchas cancelaciones por problemas económicos. Fueron 51 en 2019, cuando años anteriores no pasábamos de cinco", graficó su presidente, quien no duda de la solidaridad a toda escala: "Con un pequeño aporte podemos cambiar muchas cosas".

Redoblar esfuerzos

Un caso diferente es de Fundación Vivienda Digna. Si bien tuvieron que ver la forma de mantener los ingresos, por el momento no hubo reducción de programas. "La crisis se ve, se nota, se siente, pero no nos quedamos de brazos cruzados", aseguró el director Alejandro Besuschio. "Tenemos la suerte -señaló- de contar con una forma de recaudar fondos constantemente a través de la venta de muebles reciclados".

Para lograrlo, pusieron énfasis en su campaña "Donar es el nuevo soltar", donde invitan a dar muebles y materiales de construcción que ya no se usan. Además, al planificar el 2019, buscaron anticiparse a la crisis. "Nuestra organización tiene 40 años y ya vivimos situaciones de este estilo", explicó Besuschio.

Crédito: Vivienda Digna

El Virreyes Rugby Club no solo ofrece actividades deportivas, recreativas y educativas a las familias de San Fernando, sino que es un espacio de contención para más de 600 chicos en situación de vulnerabilidad. Marcos Julianes, su cofundador y tesorero, diagnosticó un cuadro crítico: "La inflación real del club es por arriba del 50% y la gente que nos ayuda subió su aporte, como mucho, un 30%. Tenemos mucha angustia. Por ahora, no cerraremos nada, todavía no cortamos actividades, pero la situación es esa".

De todos modos, Julianes destacó que aún cuentan con mucha ayuda y que están en un escenario ventajoso respecto a otras ONG y clubes de barrio que viven de la cuota que con dificultad pagan los socios. "Tenemos 500 aportantes y también recibimos ayuda Estatal", agregó.

Justamente, las organizaciones pequeñas pero con altos gastos de mantenimiento, como clubes de barrio, comedores, centros de atención a chicos o mujeres, son las más complicadas. Una de ellas es el comedor Gargantitas, ubicado en villa Zavaleta, Barracas, que debió cambiar su sede y que precisa todo tipo de ayuda para comenzar a funcionar esta semana en la nueva casa de su fundadora, Mirta Ortega.

"Si bien recibimos donaciones de algunas fundaciones y 300 raciones de comida desde el Ministerio de Desarrollo Social porteño, necesitamos alimentos no perecederos porque no nos alcanza", contó Ortega. Además, pidió "urgente" donaciones de ollas, utensilios de cocina, mesas y sillas. Hoy, el comedor brinda 900 platos de comida a 70 familias, y "ya desde la mañana, hay quienes llegan a tomar mate cocido o una taza de leche", detalló Ortega, que cuenta con la ayuda de dos grupos de 15 voluntarios que trabajan mañana y tarde.

Un trance similar experimenta el refugio Uguet Mondaca, en Burzaco, donde viven mujeres y niños víctimas de violencia. "Estamos pasando por una situación bastante difícil, dependemos exclusivamente de la solidaridad", explicó Nancy Uguet, su fundadora. "La gente nos ayuda pero no en la misma medida que antes porque no pueden. Además, estamos recibiendo muchísimas derivaciones", describió.

A la vez, mermaron las ventas de la feria americana del refugio, su único ingreso firme. "Con mi pensión trato de cubrir los gastos fijos pero cada vez cuesta más y la verdad que algunos impuestos no se están pagando porque priorizamos los alimentos", detalló Uguet. Por eso, piden todo tipo de alimentos no perecederos y frescos, y ropas en buen estado que se puedan vender en la feria.

La falta de fondos es también el principal problema del colegio Las Lomas Oral, una asociación civil sin fines de lucro de la localidad bonaerense de Martínez, que enseña a chicos sordos a escuchar y a hablar. Tiene el 60% de sus alumnos becados y actualmente puede funcionar gracias a las donaciones de particulares y empresas. "No nos alcanza con el pago de las prestaciones. El nomenclador aumentó 2% desde octubre de 2017, mientras que los salarios docentes 53%", advirtió su presidenta, Mariela Perkins y aseguró: "Tuvimos que reestructurar y generar nuevos servicios para poder sostenernos, necesitamos sumar donaciones para cubrir los gastos".

En este contexto tan complejo, desde Potenciar Solidario creen que otro de los desafíos es lograr que las organizaciones no se desanimen: "Van a tener que tocar más puertas que otros años, pero sabiendo que hay gente y empresas con ganas y posibilidades de colaborar, que vale la pena el esfuerzo, porque su tarea social, silenciosa y maravillosa, tiene que seguir adelante", concluyó Thomas.

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