Moisés Vallejo: "Si ando con la ropa rota, la gente piensa que me drogo o que robo"

Moisés Vallejo conoció la cara del racismo socioeconómico desde muy pequeño
Moisés Vallejo conoció la cara del racismo socioeconómico desde muy pequeño Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk
Lorena Oliva
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14 de julio de 2020  • 00:02

Moisés Vallejo no tiene el mejor de los recuerdos de su infancia. Como si no hubiera sido suficiente padecimiento el haber tenido que vivir un tiempo en la calle con su mamá o crecer en un barrio vulnerable asentado dentro de una fábrica abandonada, en ocasiones sin lo básico para vivir, tuvo que aprender a defenderse del trato discriminatorio que recibió por ese motivo durante su paso por la escuela primaria.

"Mis compañeros me molestaban por no tener ropa linda, por ir con las zapatillas rotas o sin medias, porque usaba la ropa que me regalaban en la calle. Pero siempre trataba de ir limpio y eso me molestaba, que me dijeran sucio o que se burlaran porque llevaba peine para peinarme en la escuela", recuerda este joven de 18 años que vive en "La California", un asentamiento vulnerable ubicado en San Martín.

Cuando explora aquella época, le cuesta detectar buenos momentos. Lo que le viene a la mente es el recuerdo de que nunca lo invitaron a un cumpleaños. Que los padres de uno de los pocos amigos que tuvo nunca lo dejaron entrar a su casa porque, según su amigo, "eran muy quisquillosos con el tema de la ropa".

Uno de los primeros episodios de burlas sucedió cuando estaba en primer grado. Moisés recuerda que había ido a la escuela sin medias porque no tenía, y que un dedo del pie se le escapaba por uno de los agujeros que tenían sus zapatillas. Las risas y cargadas se volvieron insoportables y tuvo que refugiarse en el baño para que no lo vieran llorar.

"Los maestros no hacían mucho en esas situaciones. Mis compañeros también me descansaban (sic) porque yo trabajaba vendiendo bizcochuelo por el barrio. Yo era de no decir nada y aguantar. Me guardaba todo eso y también algunas situaciones de violencia que pasaban en mi casa. En algunos momentos explotaba de manera violenta hacia mis compañeros. Las maestras y los directivos me decían que tenía que ir a un psicólogo pero nunca fui a uno, ahora trato de autocontrolarme", sostiene.

El hecho de haber crecido en un entorno vulnerable y hostil, que suele ser despreciado por buena parte de la sociedad argentina, allí donde viven los "negros de alma" o sencillamente los "negros de mierda", le deparó a Moisés innumerables situaciones de rechazo. Tantas, que le han permitido decodificar, a sus 18 años, cuáles son los prejuicios que se despliegan en la mente de las personas cuando lo ven mal vestido o, como él dice, "hablando villero".

A diario, Moisés colabora en el comedor y merendero "Por los chicos", ubicado en el barrio Loyola de San Martín
A diario, Moisés colabora en el comedor y merendero "Por los chicos", ubicado en el barrio Loyola de San Martín Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

"Si ando con la ropa rota, la gente piensa que me drogo o que robo. Lo veo en sus caras, hacen un gesto horrible. Lo mismo si hablás villero, aunque no me gusta hablar así. Hablo tranquilamente porque sé que, si no, la gente piensa mal, enseguida cree que vendés droga o robás o andás con pandillas", explica.

Actualmente Moisés cursa cuarto año de la secundaria. Lo hace como puede. No siempre tiene Internet para bajarse los trabajos en su celular y no todos los profesores son igual de comprensivos. Por eso mismo, espera poder pasar de año, aunque tiene miedo de no lograrlo. "En la secundaria no me molestan tanto. Me acuerdo que en primer año tuve que faltar como tres meses porque no tenía agua para bañarme y que me molestaron bastante con eso. Pero ahora no. Yo hago la mía. Tampoco tengo amigos", reconoce.

En forma paralela, colabora con el comedor y merendero "Por los chicos", ubicado en el barrio Loyola, en donde cuentan que Moisés es un gran chico y confirman que la vida no fue nada generosa con él. "Ayudo a limpiar, a servir y en lo que haga falta. Ahí me siento contenido. Me gusta mucho cocinar. Me encantaría ser chef pero bueno, hoy busco trabajo de lo que sea. En las fábricas o de ayudante de albañil", afirma, convencido de que "la gente tendría que juzgar menos por las apariencias".

  • Para colaborar con el comedor y merendero "Por los chicos", podés comunicarte al: 4754-5949 o al 15-5577-5264. También a través de la caja de ahorros N° 541153/0 del Banco Provincia, a nombre de Luis Angel Gómez (CUIL 20-16876263-2; CBU 01400267 03509754115309).

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