Premio al esfuerzo: vive en el campo y todos los días recorrió 10 kilómetros en bici, caminando y en colectivo para poder terminar la secundaria

Tiene 17 años y para poder terminar este año la Escuela Técnica 479, todos las mañanas tuvo que recorrer cerca de 10 kilómetros en bici, caminando y en colectivo.
Tiene 17 años y para poder terminar este año la Escuela Técnica 479, todos las mañanas tuvo que recorrer cerca de 10 kilómetros en bici, caminando y en colectivo.
Micaela Urdinez
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7 de diciembre de 2018  • 23:07

Milagros Coronel vive en el campo, en una casa precaria en las afueras de la ciudad santafecina de Pérez, casi en el límite con Rosario. Tiene 19 años y para poder terminar este año la Escuela Técnica 459, todos las mañanas tuvo que recorrer cerca de 10 kilómetros en bici, caminando y en colectivo.

"Me queda lejísimos. Hago un tramo en bicicleta y la dejo en una verdulería. De ahí me voy a la parada y me tomo un colectivo hasta la escuela. Por último, camino unas cuadras. En total tardo casi 45 minutos en llegar", dice esta joven que acaba de recibirse y sueña con poder ser maestra jardinera.

Para ella, lo peor de vivir en el campo, son los días de lluvia. "Cuando tengo que ir a la escuela y hay barro no es lindo vivir acá. Me pongo unas botas y salgo con la bicicleta igual. Uso otra ropa y me cambio en el estacionamiento para no llegar toda embarrada", explica sobre las estrategias que tuvo que poner en marcha para llegar con el uniforme limpio y en horario, a la escuela.

"Milagros es encantadora. Hizo un esfuerzo muy grande por terminar sus trayectoria escolar. Tuvo casi asistencia perfecta", explica Paola Arnaboldi, directora de la escuela, una institución que nació hace 40 años, con la mayoría de sus alumnos de la periferia y con orientación en electromecánica.

Son muchos los motivos que llevan a los adolescentes a abandonar la escuela. La distancia, los embarazos adolescentes, el trabajo infantil
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Son 300 los alumnos que se distribuyen en tres turnos y en su mayoría vienen de familias obreras. En el caso de Milagros, vive con sus hermanos Antonella (5) y Fernando (14) y su mamá, Alejandra, que trabaja en el campo cosechando verduras en la huerta para después vender en el mercado de productores de Fisherton. También cobra una pensión por madre soltera.

Sobre las distancias y las inclemencias del tiempo que tiene que enfrentar Milagros, su mamá cuenta que sufrió mucho. "A veces se mojaba con la lluvia, se embarra o se le quedaba la bicicleta en la mitad del camino. Ella no quiere vivir más acá. Quiere vivir en el barrio, para tener todo más fácil. Pero a veces no se puede", dice.

La vida de Alejandra no fue fácil y por eso se emociona cuando habla del futuro de sus hijos. A los 9 años se vino de Jujuy. Nunca fue a la escuela porque tenía que trabajar en el campo. No sabe leer ni escribir. "Yo no tuve la vida fácil pero salí adelante. Mis hermanos son los que me ayudaron a criar a mis hijos. Yo siempre le digo que ella estudie para poder tener un buen trabajo. No como yo. Porque trabajar en la quinta no es fácil, abajo del sol sufriendo o cuando llueve", dice esta mujer de 35 años, con lágrimas en los ojos.

Milagros no fue al jardín de infantes. Arrancó directamente en 1er grado en una escuela cerca de su casa. Cuando tuvo que elegir la secundaria, escuchó hablar de una escuela técnica que era muy buena pero quedaba lejos. "En la que yo iba los profesores faltaban mucho y yo quería estudiar. Entones decidí irme todos los días hasta allá", recuerda.

Premio al esfuerzo: vive en el campo y todos los días recorrió 10 kilómetros en bici, caminando y en colectivo para poder terminar la secundaria

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Así empezó a tener sus primeros contactos con la carpintería, la electricidad, la soldadura, los circuitos y los tornos. En el último año, tuvo la oportunidad de hacer una pasantía en la empresa Gerdau en donde pudo poner en práctica todo lo aprendido.

Hizo el intento de empezar Ingeniería Industrial en la Universidad de Rosario pero le resultó muy difícil. "Fue un desastre. No me iba nada bien en Matemáticas. Me sentía perdida. Para mí es importante estudiar. Ahora quiero seguir para maestra jardinera porque me gustan mucho los chicos", dice esta adolescente.

Lo que más disfruta del campo es la tranquilidad, la paz y el silencio. Cuando no está estudiando, ayuda en su casa a cocinar y a limpiar, o cuida a su hermana Antonella.

"Cuando tengo tiempo salgo a caminar por el campo, los domingos por la tarde, con los perros. Mi hermanita es muy divertida, un poco berrinchuda, se pone como loca si no le hacés caso", dice entre risas.

Antonella Coronel tiene 5 años y acaba de terminar el preescolar. Le gusta el color rosa, tiene una bici con figuritas de monstruos y lo que más disfruta es jugar con sus perras Florencia y Mery. "Tengo pesadillas con zombies. Para Navidad Santa me dio una muñeca porque me porté bien y también una tetera pero se me rompió", cuenta con mucha gracias.

Milagros no tiene del todo planificado su futuro pero sí tiene una cosa muy en claro: "me gustaría trabajar de algo que me gusta".

La familia de Milagros necesita una heladera, bicicletas para que los tres hijos puedan ir del campo al pueblo y una computadora para que Milagros pueda seguir sus estudios
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Trayectorias escolares

Son muchos los motivos que llevan a los adolescentes a abandonar la escuela. La distancia, los embarazos adolescentes, el trabajo infantil. Por eso, Paola Arnaboldi, directora de la Escuela Técnica 459, de Pérez, afirma que "el principal desafío es la inclusión y acompañar las trayectorias de nuestro alumnos, el generar hábitos, acompañarlos, entendiendo que la escuela es para todos y en acompañar a las familias. Lo más importante es poder generar oportunidades", explica. En su escuela, de los 100 chicos que ingresan en 1er año, solo se reciben 18.

La principal problemáticas de las familias de la zona es la falta de trabajo o el tener un empleo precario. Eso hace que la mayoría de los egresados terminen haciendo changas. "Algunos, después de terminar las prácticas profesionalizantes, se quedan trabajando en la empresa Gerdau", dice Arnaboldi.

Otra traba importante es que no existen terciarios en Pérez y eso hace que sí o sí tengan que irse a Rosario para seguir sus estudios. "Estamos tan pegados a Rosario, que no los abren. Recién este año en el barrio Cabin 9 de nuestra ciudad abrieron un terciario de Seguridad e Higiene", agrega Arnaboldi.

Para ayudar

La familia de Milagros necesita una heladera, bicicletas para que los tres hijos puedan ir del campo al pueblo y una computadora para que Milagros pueda seguir sus estudios. Las personas que quieran colaborar pueden comunicarse con Paola Arnaboldi al 0341-686-1392.

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