Vacaciones diferentes: un viaje al corazón de los pueblos

Distintas organizaciones ofrecen al turista la posibilidad de ser un participante activo de la vida de los pequeños productores
Teresa Bausili
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19 de diciembre de 2009  

Hasta hace cinco años, los vecinos de la localidad mendocina de La Consulta llegaban a la finca de los hermanos Appon con los bidones al hombro. Y ellos, que llevan más de 80 años a cuestas y otros tantos en la producción de vino artesanal, se encargaban de llenar los envases con la uva cosechada y fermentada en la bodega de la casa.

Hoy cuentan con una bombita que los ayuda a completar el trabajo que alguna vez hicieron con una trituradora a manivela. Y antes de eso, incluso con sus propios pies, cuando zapateaban sobre las uvas para producir el famoso vino patero. También consiguieron botellas, etiquetas y lo que es más: el orgullo de poder compartir su saber con los turistas que se acercan a degustar los vinos, los mismos Malbec que aún se venden en la casa de los Appon.

Aquel salto en la empresa familiar, por más chico que sea, no hubiera sido posible sin la existencia de Caminos de Altamira, programa que incorporó el turismo en la vida cotidiana de un grupo de familias rurales. El proyecto surgió en forma espontánea a fines de 2001, con la crisis golpeando de lleno en los bolsillos de los pequeños productores de La Consulta, poblado enclavado en el corazón de la Cordillera.

"Era imposible sostener la calidad de vida con porciones de tierra de apenas 5 o 10 hectáreas como máximo. Entonces, sumando esfuerzos para diversificar la economía, nació este producto que, en definitiva, no es más que una imagen fiel de nuestra cultura", cuenta Marcelo Reynoso, fundador de Caminos de Altamira.

Así, sin alterar su rutina, cada vecino comenzó a ofrecer al turista la posibilidad de compartir una actividad relacionada con su historia de vida. Desde amasar pan en la casa de Susana López hasta cosechar fruta en la finca orgánica de Oscar Miranda, las propuestas se fueron multiplicando. Incluso hace dos años se sumó Manos de Jaurúa, una nueva alternativa en la que los visitantes participan de talleres organizados por artesanos y ceramistas de la zona.

"Trabajamos con grupos chicos, nada de turismo masivo. A mí me gusta llamarlo turismo sin maquillaje, porque no hay ninguna transformación física del lugar, de la cultura local. Además, en este tipo de experiencia, el turista pasa de ser un mero espectador a un participante activo", dice Reynoso.

Turismo sin maquillaje, turismo rural, turismo sostenible, turismo responsable, turismo participativo... Existen unas cuantas maneras de denominar esta propuesta en la que distintas comunidades abren las puertas de sus casas al viajero.

Guadalupe Carbó, de la Fundación Plan 21 por el Desarrollo Humano Sostenible, delinea los tres pilares sobre los que debería basarse este concepto:

1) Generar una actividad económica que mejore la calidad de vida de los habitantes.

2) Promover el cuidado del medio ambiente.

3) Fortalecer el tejido social de la comunidad.

Además de contar con una ecofinca en La Plata donde se dictan cursos y talleres de reciclado, permacultura o construcción natural, la fundación dirige un programa, Pueblos Protegidos, que busca promover el desarrollo local de pequeñas comunidades (por ahora se trabaja en tres pueblitos de Neuquén y uno de Corrientes).

Por ejemplo, los habitantes aprenden a hacer invernaderos con botellas de plástico, cocinas solares con el interior plateado de los pet (o tetrapack), combustible a base de materia orgánica, ecoleños con papel y cartón. Es decir, se trata de aprovechar al máximo los residuos y usarlos en función de las necesidades de cada comunidad.

¿Cómo se relaciona el turismo con todo esto? "El turismo es una herramienta más de desarrollo. No se trata de imponer nada, sino de mostrarles a los pueblos cómo administrar, promocionar y autogestionar sus emprendimientos", explica Guadalupe.

Aun en una localidad con accesos de tierra, escondida en un bosque nativo y alejada de los principales circuitos urbanos como es Manzano Amargo, al norte de Neuquén, el número de visitantes que se adentró hasta allí trepó de 200 a 2000 en menos de tres años.

"Les guste o no a las comunidades, con o sin su consentimiento, el turismo llega. Y mejor estar preparados para eso", advierte Guadalupe.

Así, en Manzano Amargo ahora funcionan comedores, alojamientos en casas de familia, visitas guiadas por los bosques, senderos y cascadas. Y aún más importante, se logró una mayor conciencia y revalorización del patrimonio cultural de la región.

"Un ejemplo claro es la trashumancia, esa forma de pastoreo en que las cabras se suben a la montaña en verano y se bajan en invierno. Es un espectáculo maravilloso, fuera de serie, aunque para los crianceros no tenía nada de especial", ilustra la tesorera de Plan 21.

A pulmón

Siempre a pulmón y con grandes esfuerzos, en los últimos años han asomado expresiones de turismo responsable y rural en todo el país. Desde la Patagonia, con fundaciones como Fundación Patagonia Natural -que entre otros objetivos medioambientales busca minimizar el impacto negativo del turismo en la región-, hasta el Noroeste, con asociaciones como la Red de Turismo Campesino, en Salta, o la Asociación de Turismo Comunitario Las Queñoas (Atucoque), en Jujuy.

Muchos de los proyectos, de todos modos, carecen de necesidades tan básicas como un teléfono.

Es el caso de Atucoque, que propone recorridos por la Reserva de Biosfera de las Yungas -hay travesías, cabalgatas, visitas a aguas termales o a asentamientos indígenas- con todos los servicios brindados por las comunidades locales (incluso el paraje de Alto Calilegua, de apenas 20 habitantes, cuenta con comedor, camping y alojamiento en casas de familia).

"A veces llegan turistas de golpe y no estamos preparados para recibirlos, simplemente porque nunca se pudieron comunicar con nosotros -se lamenta Valentín Mamaní, tesorero de la asociación, desde el pueblo de San Francisco-. Nos cambiaría la vida contar con una antena satelital para recibir señal, sobre todo ahora que el único teléfono público que teníamos no funciona hace dos meses."

Porque turistas interesados en llegar, insiste, hay muchos. Eso sí: hablamos de turistas responsables, respetuosos de las demás culturas y preocupados por el medio ambiente. El tipo de turista que cualquier lugar del mundo quisiera recibir.

CONTACTOS

  • Caminos de Altamira: www.caminosdealtamira.com
  • Fundación Plan 21: www.plan21.org
  • Fundación Patagonia Natural: www.patagonianatural.org.ar
  • Atucoque: 0388-4242261
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