El hotel centenario de Río que guarda secretos de las celebridades, desde Orson Welles y Janis Joplin hasta Lady Di
Desde su apertura, el hotel guarda secretos que se van conociendo según pasan los años
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No existe persona más discreta que el relacionista público de un hotel de lujo –ahora prefieren llamarse gerentes de comunicación–. Complacen caprichos de sus huéspedes famosos y evitan que los episodios bochornosos salgan a la luz. Son sus confesores y testigos mudos de escenas de celos, noches de excesos, peleas y escandaletes que trascienden las paredes del cuarto de hotel. Claro que, cuando los protagonistas ya no están en este mundo, sus fotos se exhiben en una sala especial y las nuevas generaciones de gerentes de comunicación cuentan con lujo de detalle las anécdotas que son la historia viva del hotel.
Es lo que ocurre en el Copacabana Palace de Río de Janeiro, hotel icónico no solo de la cidade maravilhosa, sino de Brasil. Cassiano Vitorino, actual gerente de comunicación del Copa, como le dicen todos en Río, pasa revista a la lista de celebridades que se han hospedado en el hotel en sus 103 años de vida y cuenta anécdotas jugosas de uno y otro.

Por el Copa han pasado Albert Einstein, Walt Disney, Lady Di, Rita Hayworth, Joséphine Baker, Bob Marley, Fred Astaire, Paul McCartney, Mandela, Ella Fitzgerald, Marlene Dietrich, Nat King Cole, Ava Gardner y una lista infinita. Aquí se han enamorado, emborrachado, discutido, y hoy Vitorino puede contar que Orson Welles arrojó los muebles de su cuarto a la piscina o que Rudolf Nuréyev pidió que orientaran su cama hacia la ventana para ver cómo salía el sol del mar sin levantarse.
Nos detenemos ante la foto de Janis Joplin que se exhibe en el hall of fame. La cantante quería huir de su adicción a la heroína y pensó que la mejor manera era ir a relajarse a Río, justo para el Carnaval de 1970. Se paseaba con sus túnicas hippies y sus anteojos redondos a lo Lennon por el hotel. En la playa de Ipanema conoció a su gran amor, David Niehaus, un periodista deportivo norteamericano que no tenía idea quién era Joplin. El clima alocado del Carnaval no fue lo mejor para sus planes de desintoxicación y la llevó a nadar desnuda a las tres de la mañana en la piscina. A la mañana siguiente, le pidieron amablemente que se mudara a otro hotel.

Otra que vivió un gran amor mientras estuvo hospedada aquí fue Brigitte Bardot. Llegó junto a su novio Bob Zagury en 1964, pero el asedio de los paparazzi fue tal que la pareja huyó a un pequeño pueblo de pescadores llamado Armaçao dos Búzios, a 180 kilómetros de Río. Vivieron allí cuatro meses y tras ellos llegaron los fotógrafos que pusieron la aldea en el foco y la convirtieron en el destino turístico que es hoy. Una calle –la Orla Bardot– y una escultura en bronce de la actriz francesa recuerdan cómo su estadía cambió el destino del pueblo.
Durante el primer megaconcierto de Rock in Río, en 1985, Iron Maiden, AC/DC, Rod Stewart eligieron el Copa. También Queen, pero ellos llegaron en helicóptero porque eran de la “realeza”. Después del show, que incluyó una versión inolvidable de Love of my life que se televisó a 200 millones de personas, Freddie Mercury dio una fiesta privada en el hotel que interrumpió para asomarse al balcón para ver las 1500 velas en la playa que formaban la palabra “Queen”, un conmovedor regalo de sus fans.
Algunos escándalos siguen siendo un secreto de estado, como la versión oficial que afirma que, en 1928, el presidente de Brasil Washington Luís dejó el hotel para ser operado de una apendicitis. Sin embargo, el periodista de O Globo Ricardo Boechat asegura que el hombre había recibido un disparo en el abdomen cuando trató de entrar a la fuerza en la suite de Yvonette Martin, una mujer francesa con quien tenía una relación.

Vitorino se detiene en la historia de Orson Welles en el Copa, porque su estadía en 1942 tiene consecuencias que llegan hasta nuestros días. Un año después del estreno de Ciudadano Kane, el director se hospedó ocho meses junto a su novia, la actriz mexicana Dolores del Río. Fue a filmar It’s All True (Todo es verdad), un documental que registraría el Carnaval y la historia de cuatro jangaderos que habían salido de Fortaleza el año anterior, recorrerían 2000 kilómetros y entrarían por la bahía de Guanabara para llevarle al entonces presidente Getúlio Vargas una petición sobre los derechos de los pescadores.
Venía de filmar en la histórica ciudad de Ouro Preto, donde había seguido las tradicionales procesiones de Semana Santa. La idea era marcar un contrapunto con el Carnaval carioca, lo sagrado y lo pagano.
El proyecto fue financiado por los estudios RKO y los gobiernos de Brasil y Estados Unidos como parte de la política norteamericana durante la Segunda Guerra Mundial. El presidente Franklin Roosevelt quería atraer a Vargas, que coqueteaba con los países del Eje, para tenerlo del lado de los aliados.

Welles se instaló en una habitación del sexto piso donde también había montado una pequeña oficina. Allí recibía a su jefe de producción, corregía el guion, planeaba las jornadas de rodaje y mandaba telegramas a RKO con los avances de la película. También tomaba whisky y, por la noche, le abría la puerta a mujeres que no eran Dolores del Rio cuando ella se iba a México.
Cuando llegó a Brasil, Welles no sabía exactamente qué película iba a filmar, pero el contacto con las religiones afro-brasileñas lo cautivó e hizo de los negros sus protagonistas. Filmó aquellos cuerpos morenos sambando en una época en que eran ciudadanos de segunda en los Estados Unidos. Se pasaba las noches en el Casino de Urca registrando a maestros como Dorival Caymmi y desoyendo los pedidos de la RKO para que corrigiera el rumbo de la película.

Dolores se cansó de sus infidelidades y lo abandonó por teléfono. Durante el rodaje de la escena de los jangaderos entrando a la bahía de Guanabara, uno de los líderes murió ahogado. Esta sucesión de episodios derivaron finalmente en el rompimiento del contrato con la RKO y en una noche de furia en la que el genial director arrojó su escritorio y otros muebles desde su habitación a la piscina. La gira brasileña de Orson Welles llegaba a su fin dejando su obra inconclusa.
Vitorino se entusiasma y agrega que aquellos rollos de película se convirtieron desde entonces en un tesoro perdido y una pequeña legión de antropólogos, cineastas y estudiosos los buscaron por todo Brasil y Estados Unidos. En 1993, algunas imágenes filmadas en Río y Fortaleza fueron rescatadas para el documental It’s All True: Based on an Unfinished Film by Orson Welles, dirigido por Richard Wilson, Bill Krohn y Myron Meisel. La película, sin embargo, no tenía ninguna escena de Ouro Preto y faltaban muchas de lo filmado en Río.
Laura Godoy, cineasta e investigadora, se dedicó con espíritu detectivesco a buscar aquellos rollos filmados en su ciudad natal, Ouro Preto. Tras años de peregrinaje por las hemerotecas brasileñas y archivos en varias ciudades de los Estados Unidos, encontró en la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), 23 horas de imágenes inéditas y bien preservadas de la procesión de la Semana Santa en Ouro Preto, de los jangaderos y del Carnaval.
El historiador Josafá Veloso se ocupó de la aventura brasileña de Welles y estima que hay al menos seis horas de material inédito filmado en Ouro Preto, Río, Niterói, Salvador, Recife y Fortaleza. Son rollos en blanco y negro y en technicolor (una técnica de la época para colorear películas que utilizaba tres rollos, en tres colores, verde, rojo y azul). También calcula que pueden existir siete horas de grabaciones de música registradas durante el Carnaval en Río de ese año.
Años después, Welles recordaría en una entrevista que un pai umbanda entró en su habitación del Copa, tomó una lapicera y perforó el guion que tenía sobre el escritorio. Se refería al hecho como el comienzo de “la maldición”. Aunque su viuda, Oja Kodar, dijo que “Brasil no fue una maldición para Orson, sino una bendición. Aún triste y sin conseguir financiación para sus películas, se acordaba de Brasil y sambaba. El samba nunca abandonó los pies de Orson”.

En esa misma piscina en la que se había bañado desnuda Janis Joplin y a donde fueron a parar los muebles de la habitación de Welles, Lady Di fue captada por un paparazzi haciendo unos largos una mañana bien temprano, dicen que para despejarse después de una pelea con el príncipe Carlos. La pareja había pasado varias noches en la suite presidencial en 1991, un año antes de separarse.
Copacabana hoy
Si hoy Copacabana es una de las playas más famosas de Brasil, hasta comienzos del siglo XX era un arenal desierto habitado por pescadores, que tenía el nombre de una virgen boliviana. Río de Janeiro era la capital del país y el presidente Epitácio Pessoa incentivó a los empresarios Octavio Guinle y Francisco Costa para que construyeran un hotel que atrajera el turismo internacional.

Contrataron al arquitecto francés Joseph Gire, que se inspiró en los hoteles más fastuosos de la Costa Azul. Importó los materiales de Europa, cristales de Bohemia, mármoles de Italia, muebles de Francia, tapices de Inglaterra y hasta el cemento de Alemania. No llegaron a inaugurarlo para el centenario de la Independencia como era la intención del presidente, pero el éxito fue inmediato y el Copa brilló hasta que la capital del país se mudó a Brasilia, en 1960. Entonces comenzó un lento declive hasta llegar a pensar en su demolición en 1985. Se salvó porque lo habían declarado Patrimonio Histórico.
En 1990 la cadena Orient Express –hoy Belmond– lo compró y remodeló conservando la fachada y el estilo clásico, renovando las habitaciones y la célebre piscina semiolímpica. Belmond se aseguró de cuidar al máximo la oferta culinaria –el origen de la cadena fue el hotel Cipriani de Venecia– con restaurantes Mee y Cipriani, ambos con estrella Michelin.
El Copa no es solo el hotel que eligen Coldplay o Miley Cirus cuando van a Río, es el lugar donde las socialité cariocas celebran sus casamientos y aniversarios. También son habitués de la feijoada de los sábados o del brunch del domingo en el Pérgula, junto a la piscina donde los cariocas se mezclan con los turistas.

El desfile de celebridades por supuesto que sigue. En noviembre Disney+ eligió el hotel para lanzar su serie Todo vale. Las protagonistas Naomi Watts y Sarah Paulson, que comparten la serie con Glenn Close, Kim Kardashian y Niecy Nash, llegaron a Río en el avión privado de Kardashian. El hotel montó una alfombra roja porque el desfile de vestidos ya es parte del show.
Cassiano Vitorino sonríe seguramente por las imágenes que le vienen a la cabeza y calla. No dirá qué futbolista y qué modelo que no era la esposa se pasaron cuatro días sin salir de la habitación, ni qué condiciones delirantes pidió un cantante mexicano, ni dirá jamás que aquella celebridad a cara lavada pasaría desapercibida haciendo las compras en el supermercado. Habrá que esperar otro siglo para que los secretos de hoy se sumen al anecdotario del Copa de mañana.
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