A la hora del balance

Las ventas de arte argentino en el ámbito de las subastas no quedaron a salvo del impacto de la prolongada recesión
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30 de diciembre de 2001  

En el marco recesivo que caracterizó al ámbito económico nacional, el mercado del arte no logró a lo largo de la temporada que hoy finaliza revertir la tendencia a la baja que ya se había iniciado en 2000. Pero esta baja se manifestó de modo principal en el volumen general de las operaciones concretadas y no en la cotización individual de los artistas cuyas obras fueron vendidas.

En las subastas de primera línea realizadas este año en Buenos Aires, se vendieron unas 1700 obras por valor de 6,6 millones de dólares. A esto podemos adicionarle las 30 obras de autor argentino vendidas en un millón en los remates de arte latinoamericano realizados en Nueva York y Miami, para alcanzar así un volumen total de 7,6 millones de dólares.

Confrontada esta cifra con los 10,1 millones vendidos en los mismos ámbitos a lo largo de 2000, registramos un claro descenso del 24 por ciento. Muy lejos estamos hoy de los 15,5 millones vendidos en 1999, temporada que marcó el máximo nivel de realización en el campo del arte argentino en subastas.

Si la demanda actuó con la cautela que las circunstancias le impusieron, la oferta no dejó de manifestarse con análoga prudencia. Fueron muy pocas las obras de alto valor que llegaron a plaza, y en general éstas encontraron comprador. Sólo tres pinturas, el soberbio De la Vega recuperado por Sotheby´s, el Palliére con el que Arroyo sorprendió a finales de año, y el clásico Fader que Saráchaga vendió en mayo, superaron el nivel de los cien mil dólares. En la temporada 2000 fueron nueve las obras que se vendieron por encima de ese valor, y en 1999 esta suerte de "cuadro de honor" del mercado estuvo integrado por veintiuna pinturas.

Las ventas de Nueva York han continuado perdiendo relevancia en el contexto del mercado del arte argentino. Hacia 1990 los resultados de las convocatorias que Christie´s y Sotheby´s realizan en mayo y noviembre equivalían prácticamente al total que el conjunto de casas argentinas lograba a lo largo de todo un año. Actualmente, la consolidación de la plaza local y la acción de nuevos operadores, retiene en Buenos Aires a obras que años atrás eran atraídas por los brillos de Manhattan. Los 7,6 millones de este año se dividieron en un 85 por ciento para las ventas locales y un reducido 15 por ciento para las operaciones concretadas en las tarimas del Norte.

Cuarenta artistas vieron mejorar sus récords individuales, siempre en el ámbito de las subastas. Desde maestros ya fallecidos, como Jorge Bermúdez, Osvaldo Imperiale, Cleto Ciocchini y Juan Grela, hasta los contemporáneos Adolfo Nigro, Juan Doffo, Jorge Demirjian, y Nicolás Leiva. También integran esta nómina, entre otros, los escultores Rogelio Yrurtia, Carlos De la Cárcova, Aldo Papparella, y Miguel Angel Vidal.

Pretender cerrar este rápido balance de una temporada que seguramente no habrá de ser memorable, con alguna forma de predicción para la que se iniciará tras el receso estival, es tarea más propia de adivinos que de observadores del mercado. Todos los factores de la vida económica nacional, que hoy se trasmutan con inusual dinámica, incidirán de un modo u otro en el desenvolvimiento de la plaza. ¿Esperanzas? Por supuesto, la esperanza es lo último que se pierde...

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