Abstracción y vida de ciudad

Las esculturas de Alicia Penalba y las figuras urbanas de Antonio Seguí. El realismo de Jorge Castrillón
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24 de noviembre de 2002  

Aunque cada tanto se pudo ver en Buenos Aires parcialmente la obra de Alicia Penalba (1913-1982), oriunda de San Pedro, vale la pena conocer más acabadamente el grupo de esculturas de su atelier en París, donde realizó la mayor parte de su labor y donde finalmente murió a consecuencia de un accidente. El conjunto, integrado por 41 piezas, si bien muestra una considerable porción de lo que realizó desde 1952 hasta el final de su vida, es sólo parte de su producción. La observación de las fechas señala que arranca aproximadamente un año después de la realización del primer trabajo no figurativo. El hecho tiene especial significación porque Penalba destruyó casi toda su obra anterior, como su ahí hubiese comenzado verdaderamente una carrera que había iniciado unos treinta y nueve años antes en nuestra Escuela Nacional de Bellas Artes, de la que egresó como profesora de pintura. Después, en uso de una beca, en 1948, se radicó en a París. Allí hizo grabado en la Ecole Nationale Supériere de Beaux Arts y estudió en la Académie de la Grande Chaumière con Ossip Zadkine.

La extensa actividad internacional que desarrolló posteriormente extendió su nombre por diversos lugares del mundo. Exposiciones, trabajos públicos en hormigón de envergadura monumental le confirieron un prestigio que la ubicó entre los artistas argentinos más notables que trabajaban en el exterior. La sensualidad exuberante de las formas, la controlada libertad de la composición, el concepto espacial que explora la expresión sin perder el estilo, el análisis de las luces y la sombras que cambian la visión según el lugar que ocupa el espectador convergieron para subrayar la energía que desprendían sus obras.

Sin otro argumento que el de los símbolos que estimulan la asociación y sin otra salida para interpretarlas que la metafórica, sus esculturas concretaron un atajo del espíritu que alcanzó aún a las sensibilidades más remisas. La ausencia de temas aparente asentó la abstracción más absoluta en los metales, aunque no faltaron reminiscencias morfológicas de la biología. En especial, las plantas y los pájaros incidieron en su producción. Sus composiciones, si bien no definen un asunto inicial preciso, irradian una vitalidad que excede las fuerzas puras de la materia que las corporiza. La fantasía que las preside está sostenida por una construcción que estructura las formas enérgicamente. Neruda, en 1972, encontró en los volcanes y ventisqueros sudamericanos los profesores del silencio y de los signos de grandeza que leyó en la frente de Penalba. Así lo hizo saber con tinta verde, como se ve en el facsímil que abre el catálogo con reproducciones de la exposición.

En 1961, Alicia Penalba obtuvo el gran premio de escultura de la Bienal de San Pablo y en 1974 el premio Gulbekian.

(Hasta el 31 de diciembre. En Daniel Maman, Fine Art, Libertador 2475.)

Enfoques ciudadanos

Dos exposiciones inauguró casi simultáneamente Antonio Seguí: una, compuesta por pasteles; la otra, por grabados, algunos de ellos acuarelados. Ambas muestran en obras de pequeñas dimensiones escenas o figuras mundanas como las que viene realizando en los últimos años. En ese sentido, amplían con la seguridad y la soltura que da la veteranía, una imagen conocida; en otros, estimulan la posibilidad de un cambio que galvanice la expectación que suscita la actividad madura de tan notable pintor.

Con una gracia análoga a la de ciertos personajes del cómic, Seguí desarrolla los temas, tal vez por las medidas de los soportes, con menos personajes que en otras oportunidades. En ese aspecto, son obras de menor complejidad que muchas anteriores. A veces están conformados por figuras únicas, como se ve particularmente en los grabados “al carborundo”. En ellos no hay mayores referencias sobre el entorno de los seres representados, pero por el atuendo que rematan los sombreros que visten, es seguro que son gente de ciudad como la que habitualmente puebla sus cuadros. Son curiosas las imágenes en blanco y negro de esos hombrecitos conformados por una línea áspera que los contornea sobre los fondos desnudos de papel.

Entre una y otra exposición hay diferencias, aunque, como se ve, el repertorio temático es semejante; provienen de los procedimientos usados: el lenguaje del grabado y el de la pintura al pastel son muy distintos. En los pasteles, en este caso tratados con una paleta alta y vibrante, el colorido crea una atmósfera exultante que parece moderar el espíritu zumbón característico de Seguí. De todos modos, bien mirados, persisten en el propósito crítico que guía la confección de los grabados. Obviamente la apariencia estereotipada de hombres, mujeres o perros obedece a una actitud bien estudiada de situaciones en las que, pase lo que pase, queda la impresión de que la compañía no siempre mitiga la soledad.

(Hasta el 7 de diciembre. En Rubbers, Suipacha 1175, planta baja, los pasteles; en Santa Fe 1175, tercer piso, los grabados.)

Pintura realista

En el barrio de Palermo Viejo se abrió un estudio de dibujo y pintura en el que podrán exponer pintores, escultores y dibujantes. Allí en estos días, muestra sus trabajos Jorge Castrillón, pintor y escultor figurativo que después de estudiar y exponer en nuestro país residió varios años en los Estados Unidos, donde trabajó con Billy Alexander y realizó algunas exposiciones individuales.

Las pinturas interpretan los temas de un modo convencional. Paisajes y bodegones reproducen las apariencias de los motivos que las inspiran con una finalidad realista. Las representaciones se ajustan al interés que suscita la observación del modelo inspirador.

(Hasta el 24. En Estudio Arte, Julián Alvarez 1153.)

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