Alta Fidelidad. Ji ji ji: el pozo más grande del mundo

Las cuatro actrices de Piel de Lava, en Petróleo
Las cuatro actrices de Piel de Lava, en Petróleo Crédito: Carlos Furman
Fernando García
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24 de febrero de 2019  • 17:21

"Yacimiento petrolero en la Patagonia. Cuatro hombres conviven en un tráiler y, a solo unos metros de allí, extraen petróleo de un pozo casi vacío. Arriba, el tiempo libre se cubre de polvo, de mitos oscuros de la zona, de desafíos físicos. Abajo, la piedra se fractura para extraer la última gota, lo poco que queda". De esto dicen que se trata Petróleo, la obra que el grupo Piel de Lava presenta en la sala Casacuberta del Teatro San Martín mientras en Bombay el presidente Macri intenta que los indios se interesen en invertir en el yacimiento de Vaca Muerta. Los cuatro hombres son en realidad actrices en poses de combate: Elisa Carricajo, Valeria Correa, Pilar Gamboa y Laura Paredes. Las mismas que se distribuyen roles cambiantes a lo largo de las 14 horas de "La Flor", obra maestra de la desmesura filmada por Mariano Llinás. Carricajo encarna a "El Palla", un recién llegado al tráiler que usa un tapado de piel de su mujer y sweaters colorinches que otro personaje, "El Carli", impugna como "distractivos". En la noche profunda del escenario, "El Palla" pide a sus compañeros que presten atención al ritmo de la bomba del pozo. Es una metáfora de otro ritmo, el del "pogo más grande del mundo". "El Palla" canta: "En este film velado en blanca noche, el hijo tenaz de tu enemigo/el muy verdugo cena distinguido una noche de cristal que se hace añicos". El público susurra el estribillo sentado en su butaca; la acción, el pogo, se actúa en el escenario.

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"Jijiji" o "ji-ji-ji" (de las dos formas en el vinilo original) se grabó entre agosto y setiembre de 1986 y se publicó ese mismo año en el disco Oktubre, que Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota presentaron antes en Paladium, las noches del 16 y 17 de mayo. Ahí la escuché por primera vez. Y no hubo pogo. Era una canción intrigante que los hermeneutas del Parque Rivadavia se afanaban en descifrar pero no tenía ese espesor de himno que los años y las multitudes le dieron. Paladium, a su vez, era un ámbito que sintonizaba el cisma underground. Una discoteca que no se parecía a las discotecas donde el rock, el teatro y la performance vivían en permanente contagio. Muchos de los temas del ominoso Oktubre fueron saliendo del repertorio conforme fueron dejando su lugar de banda estable de un cabaret dadaísta para establecerse como grupo de rock and roll. Pero "Jijiji" (la risita nerviosa de la blanca noche parakultural) se quedó a vivir hasta ser la excusa para ser eso, el pogo más grande del mundo, de la despedida de Los Redondos al nomadismo de la misa ricotera que convoca (¿convocaba?) el Indio Solari.

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Rafael y yo somos exiliados del Parque Rivadavia conspirando en El Coleccionista, un bar que con otro nombre, ochenta años atrás juntaba a los exiliados del franquismo. El horizonte del parque está tapado ahora por los puestos de la feria de libros que por la absurda apertura de la calle Beaucheff se tuvieron que amontonar sobre Rivadavia. Nuestras conversaciones han ido variando pero mantienen encendida la llama de los domingos al mediodía, cuando los melómanos con anteojos de sol intercambiaban discos e información o más bien secretos. En el parque, un domingo, fue que escuché a alguien por primera vez hablar de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Sonaba todo tan sexy y misterioso como la historia que Rafael me está contando ahora sobre El Gordo Fasulo, un vanguardista de barrio que se carteaba con el situacionista Guy Debord. De pronto, al escucharlo, no hay Google ni nada que se parezca a esto: volver al Parque a parar la oreja y escuchar las historias de la cultura subterránea de Buenos Aires.

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Las Piel de Lava, obreros petroleros, convierten la sala Casacuberta en uno de los enclaves del under donde Batato, Tortonese y Urdapilleta se travestían para extremar los recursos de la parodia y transgredir los géneros en los 80. Hay una correspondencia directa en la manera en que ellas se presentan y organizan con aquella encrucijada de teatro, rock y performance. En esta versión travestida y anárquica; a capella y desaforada, las Piel de Lava restituyen en "Jijiji" algo que ningún grupo de rock podría hacer hoy. Son como unas Pussy Riot (¡de regreso a Oktubre!) vandalizando la catedral de la misa ricotera. Y a la vez, lo más parecido a escuchar "Jijiji" en Paladium, a los 50 minutos de comenzado el show.

No lo soñé: lo ví en Petróleo, el pozo más grande del mundo.

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