Alta Fidelidad. Guasón: el último tango en el Bronx

Escaleras en Instagramm
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Fernando García
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17 de noviembre de 2019  • 00:00

"Me gusta verte sonreír/ me gusta verte llorar, natural". Dos acordes de una guitarra levemente desafinada y la sensibilidad monolítica del tono, la letra y la melodía hacen de "Natural" (compuesta alrededor de 1968, editada en 1973) una de las canciones más estremecedoras del songbook del temprano rock argentino.

En Guasón no hubiera desentonado que el director Todd Phillips echara mano a "Natural" de Tango (Tanguito, Ramsés VII) dado el extraño padecimiento que sufre Arthur Fleck, el deslumbrante personaje creado por Joaquin Phoenix. Ante situaciones estresantes, incómodas, a Fleck le brota, natural, una risa maníaca que acaso debería ser llanto. La película, en cartel en Buenos Aires desde el 3 de octubre es un estentóreo fenómeno de taquilla (se la considera la película para adultos más vista de la historia) pero también ha devenido un raro fenómeno cultural. A partir de su éxito y de la identificación con su perfil de antihéroe (antes que villano o asesino) los instagrammers apuntan su GPS para ubicar las escaleras que unen las avenidas Shakespeare y Anderson en el Bronx neoyorquino. En la película, Phoenix utiliza esas escaleras para realizar una danza extasiada que empieza con "Rock and Roll" de Gary Glitter (1972) y termina con un ambiente sinfónico. La escena ha provocado la aparición de un hashtag, #jokerstairs, por las escaleras, donde se acumulan fotos de personas de todo el mundo repitiendo la coreo de Phoenix en el filme. A mitad de camino entre el cosplay (muchos además se maquillan y disfrazan como el personaje) y estrategias de la performance en el arte contemporáneo, estos posteos consagran a Phoenix, además, como un estrafalario Fred Astaire (¿Fred Stairs?). En términos de canción pop, la escena de las escaleras es un estribillo, el climax de un hit.

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En la galería UV, especie de pensionado de artistas frente a la cancha de Atlanta, hay una obra remarcable de arte sonoro. Se llama "Manía" y la firma un artista joven llamado ICH. Fan de los productores británicos Xenomanía, ICH armó un loop de tres horas con un collage de los estribillos de trescientos (¡300!) temas de dance, electro pop, house producidos por ellos. Hay allí consagrados globales como Pet Shop Boys, artistas de culto como Saint Etienne y éxitos británicos como las Girls Aloud, nacidas de un reality show y resignificadas por la ola feminista. La mayor virtud de "Manía" es la fluidez del collage, ICH corta y pega a través de medios digitales pero su trabajo recuerda a los pioneros de la música electrónica y concreta en los 50 y 60. Como los instagrammers, ICH hace arte de fan: más fan-art que fine arts. Si lo suyo fuera "Joker" estaría por detrás de un loop de video con las fotografías que se hacen en el Bronx y se postean como #Jokerstairs.

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Leo García, estrella pop nunca consumada, es el mejor (y único) intérprete de Tanguito, un cantautor entre el fogón y la rave que rescató del olvido el repertorio del trovador aplastado por un tren cuando escapaba del Borda. Leo hace más que cantar las canciones de Tanguito, consigue el mismo efecto estremecedor sin necesidad de imitarlo, no es un impersonator ni un militante del cosplay. Por estos días está grabando esas canciones que suele incluir en sus shows para un futuro disco. Me llega por whats app su versión 2.0 de "Natural". Si Tanguito viviera sería trapero parece decir Leo que transforma el original acústico en una pieza ambient donde el scat original del trovador (esos "tururú" con los que reemplazaba los vientos) pasa por el efecto del auto-tune, un software que deforma la voz y que es al trap lo que la distorsión fue al rock. Pero como los instagrammers de Joker y la obra de ICH, Leo llegó al fan-art y hace algunas semanas visitó la casa natal de Tanguito en la esquina de Fernández de Oliveira y Puán, Caseros o Caseros City como decía el trovador, voz líder del soul de Plaza Francia. Acompañado de su guitarra acústica cantó "Amor de primavera" en la puerta de la casa, donde ahora vive su sobrina con un perro, y después la recorrió. En sus mensajes me describe un pasillo rosa y "fractales psicodélicos hechos con espejitos". Tenía la idea de tocar en la mismísima habitación de Tango pero no pudo: "¡Entré, quebré en llanto y ya no podía cantar!". En la recorrida conoció a un amigo de la adolescencia. "Me decía que eran muy felices, que todos los fines de semana en el cine pasaban las películas de Elvis y que ¡Tanguito iba disfrazado de Elvis!". Pionero del rock argentino y del cosplay, en la desgraciada leyenda de Tango hay ecos del atormentado Arthur Fleck, un desvío a la normativa de la salud pública. Pero es Leo quien ahora lleva a Tango a las escaleras del Bronx y a Joker a Caseros City cuando canta eso de "Reírme más".

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