Alta Fidelidad. Voces de la tierra: Mercedes y la cantora de la Orquesta Típica

Sosa posa para Berni
Sosa posa para Berni Fuente: Archivo
Fernando García
(0)
2 de febrero de 2019  • 10:58

Por Fernando García

Déjenme que les cuente de que va el infierno. Se trata de un tren que transita enloquecido a unos seis metros por debajo de la tierra. Arriba, la sensación de temperatura del cuerpo araña los cuarenta y cinco grados centígrados. O sea que aquí abajo (el aire acondicionado no alcanza) quizás se aproxime a los cincuenta. Aquí todos sudamos como el Elvis final; el Elvis gordo de Las Vegas; el Elvis de las pastillas (para dormir; para despertarse; para no deprimirse; para poder ir del hotel al camarín y del camarín al escenario) y las lentejuelas y los anteojos ahumados.

Los que nos encontramos a esta hora de la tarde en el subte A no estamos con los pies en el mar ni somos turistas del frío en el hemisferio norte. Somos rehenes de Buenos Aires y espectadores circunstanciales de una mujer que de pronto avanza por el vagón con la sola compañía de un micrófono cuadrado como de juguete que amplifica levemente su voz. Anuncia que va a cantar una zamba de Argentino Luna. No tiene pista de karaoke ni beat box (como los free stylers que insisten en pedirles palabras a los pasajeros para rimar: que plaga) donde sostenerse. Está sola con su cuerpo y con su voz. Ahora empieza con el "Ultimo café" de Cátulo Castillo y Héctor Stamponi. Soberbia. Camina el vagón como si fueran las mesitas de Caño 14. La miro y me recuerda a una de esas mujeres mayores de La Habana (¿No era el tango un desarrollo de la habanera?) que salen en NatGeo. Nadie es inmune a su vibrato: "¡Lo mismo que el café/ Que el amor, que el olvido! Que el vértigo final, De un rencor sin porqué…" Ese "porqué" se alarga y se clava en uno como una flecha envenenada. Lleva una bolsa gastada donde los pasajeros (ahora, el público) van dejando aplausos en forma de billetes de cinco, de diez, de veinte. Elena Sara Rosales dice el carnet que la acredita como artista del subte ("voz/guitarra") y apenas si se detiene a por un sorbo de agua antes de arremeter: "Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando/su boca que era mía ya no me besa más/se apagaron los ecos de su reír sonoro/Y es cruel este silencio que me hace tanto mal". Le Pera, el modernista que escribía letras y diseñaba estrategias proto pop para Gardel, viene del fondo del túnel evocado en esta voz que ahora mismo es nada menos que la voz de las entrañas de la tierra.

***

Es la madrugada del primer día de febrero y todavía el poderosísimo buscador Google sigue mostrando en su portada un remix telúrico de su logotipo. Las letras se recortan de un fondo de abstracción indoamericana y en el centro resalta la ilustración de una Mercedes Sosa como de comic, joven y emponchada. Es lo que se llama "Doodle", cuya definición descubro mientras escribo esto ("alteración temporal del logotipo"), y que se va adaptando según el calendario. Toca ahora señalar que hace 54 años Mercedes llegaba al escenario de Cosquín apadrinada por Jorge Cafrune y empezaba así su larga leyenda. La efémerides del mega buscador hace que los portales digitales repliquen el audio que un usuario llamado "santicatalan" había subido a You Tube en diciembre de 2008. Cafrune introduce a "una tucumana" que se acompaña apenas con una caja para cantar "Canción del derrumbe indio". Ninguna máquina de ritmos podría reproducir el latido que la tucumana imprime sobre el cuero, cada golpe es una afirmación taxativa, política. Es el verano de 1965 y la Negra adelanta el fin de la inocencia que sobrevendría tres años después. "Tuve un imperio de sol, grande y feliz/ el blanco me lo quitó, charanguito…" La "o" dolida, india. Estupor: no eran esas cosas las que cantaba el boom del folclore. Y apenas después, espontáneo, arranca un aplauso cerrado cuando la voz se va bien arriba y perfora la atmósfera: "Llora mi raza vencida, por otra civilización". Es una parada consagratoria y bajo el posteo (¡que pena que no se haya filmado!) se acumulan los comentarios como esas inscripciones testimoniales en las piedras.

–"Yo estaba en el 65, cuando subió Mercedes Sosa a este escenario invitada por Jorge Cafrune. Me acuerdo que Mahárbiz decía: ¿quién es esa mina, con esa pinta de sirvienta? ¿Qué hace acá?"

–"Allí estuve, tengo una foto sacada por mí, cuando Cafrune la presenta. Yo entraba colado, en la fila delante de todos, sentado en el pedregullo que cubría el suelo. Fue una experiencia única, llegue a Cosquín a dedo, desde Chivilcoy".

*****

Antonio Berni pintó a Mercedes Sosa en el taller que el maestro rosarino tenía en la esquina de Lezica y Rawson, Almagro. Fue en 1974. No solo los unía el mismo programa estético sino que también eran compañeros de ruta, simpatizantes del PC argentino. Mercedes posó para una colección de retratos que Berni hizo entonces sobre los músicos populares: Pugliese, Piazzolla, Palito, Edmundo Rivero, Amelita Baltar y otros. La leyenda es que a Mercedes no le gustó nada el retrato de Berni, que se vió mal ahí. César Isella, otro de los retratados, recuerda que la Negra le disparó por teléfono: "¿Estás seguro que el viejo es comunista? Porque a mí me pintó como el culo. Yo no soy esa que pintó". Los retratos se exhibieron en agosto de 1975 en la galería Rubbers acompañando una pieza de grandes dimensiones que Berni había empezado en los años 40 y terminó recién entonces: "Orquesta típica". El cuadro es su versión del tango como fenómeno urbano y moderno de Buenos Aires y la Orquesta Típica es todas y ninguna. Tiene al frente a una cantora y ahora que la escucho no puedo dejar de pensar que la joven mujer ha salido de la ficción de la pintura para envejecer como esta subterránea Elena Sara Rosales que hace vibrar el núcleo de la tierra (la tierra porteña) una vez más: "Yo sé que ahora vendrán caras extrañas/ Con su limosna de alivio a mi tormento/ Todo es mentira, mentira es el lamento/ Hoy esta sólo mi corazón".

Aquí estamos las caras extrañas, todas iguales bajo el abrasivo infierno porteño y el dolor de sus tangos viejos.

ADEMÁS

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.