Arte y militancia

Claridad: la vanguardia en lucha inaugura la temporada de exposiciones en el MNBA con una selección de obras del patrimonio revisadas por el guión curatorial de Sergio Baur, que traza un retrato de las vanguardias combativas a comienzos del siglo XX
Raquel San Martín
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23 de marzo de 2012  

Una muestra puede exhibir una trayectoria estética, poner en diálogo a varios artistas, revelar cercanías entre obras. Pero a veces, pocas veces, una muestra apela al arte para retratar un clima de época.

Eso hace justamente Claridad: la vanguardia en lucha , la exposición que abre el año en el Museo Nacional de Bellas Artes, dedicada a retratar el ambiente intelectual que, entre los años 20 y 40 del siglo XX, dio origen y acompañó el arte del compromiso social y la militancia política, que rechazó el "arte por el arte" para buscar en la renovación estética una herramienta para la denuncia social.

La vanguardia militante que retrata la muestra es, por cierto, una de las corrientes renovadoras de una época de notable vitalidad en los debates y los cuestionamientos al arte académico. En rigor, Claridad? cierra el ciclo abierto, hace dos años, con la muestra sobre el grupo Martín Fierro, la vanguardia estética que fue contrapunto y complemento de la que ahora despliega su utopía en la renovada sala del MNBA.

Hay que estar atento: el nombre de la muestra puede llevar a engaño. En rigor, hace referencia a la editorial fundada en Buenos Aires en 1926, a imagen y semejanza de emprendimientos similares en Europa, dedicada a difundir autores e ideas de izquierda y obras de denuncia social, en tiradas amplias, de edición cuidada y a precios muy populares. La revista Claridad , que se publicó, a veces trabajosamente, durante 20 años, fue uno de sus legados más relevantes. Sin embargo, y aunque la iconografía de Claridad sintetice la época -sus obreros triunfantes, sus trabajadores en lucha, sus mordaces caricaturas de la guerra, sus portadas dedicadas a Marx, a Trotsky y hasta a Sarmiento-, la muestra es mucho más. Tiene como uno de sus núcleos centrales a los Artistas del Pueblo, el grupo que integraban José Arato, Adolfo Bellocq, Guillermo Facio Hebequer, Agustín Riganelli y Abraham Vigo, todos de origen proletario e ideas de izquierda, con mayor o menor pasión por la militancia, pero igual rigor estético, quienes, por ejemplo, ilustraron muchas tapas de Claridad y libros de escritores del llamado "Grupo de Boedo", como Leónidas Barletta, Raúl González Tuñón, Álvaro Yunque, César Tiempo y Gustavo Riccio, muchos de los cuales se exponen en la muestra.

"No hicimos una lectura arqueológica de la revista Claridad , sino que quisimos llevar a la museografía una revista de crítica literaria y de arte, reconstruir el clima de ideas en el que se desarrolló el arte de la denuncia social y la militancia", puntualizó a adn Sergio Baur, curador de la muestra, que desde hace seis meses es embajador argentino en Túnez.

Por eso, y a pesar de que el recorte histórico es claro, saludablemente la cronología no se respeta en la exposición. La línea que se propone al visitante tiene que ver con los temas que estos artistas miraron con interés y se identifican con obras del período: Los charcos rojos , Tribuna proletaria , Las puertas de Babel , Los destinos humildes , El arte y las masas , La rosa blindada . Como en el arte revolucionario, son expresiones utópicas, pacifistas al comienzo de la década del 20, de cruda denuncia de la pobreza obrera luego, de alerta sobre el crecimiento de los totalitarismos nacientes, un presagio del mundo que vendría y de la estética que trataría de representarlo. En el último tramo de la sala, Medianoche en el mundo , de Berni, dialoga cómodamente con Sueño y mentira de Franco , de Picasso. "Ésta es la vanguardia de entreguerras, que vivió el ascenso de los totalitarismos", apunta Baur.

Fiel a ese espíritu, en la muestra tampoco hay exclusividades estéticas. Hay óleos en las paredes, pero también grabados de los Artistas del Pueblo, y volúmenes de los autores de Boedo; hay obras de los inspiradores europeos de esos artistas de vanguardia y, lo más novedoso del montaje, fragmentos de películas de esos años que, en lugar de estar confinados a una sala oscura que el público termina evitando o no advierte, se proyectan sobre las paredes aquí y allá en la sala, para entrar en diálogo oportuno con las obras.

De este modo, Sin pan y sin trabajo , de Ernesto de la Cárcova, que recibe al visitante como plato fuerte y abre la exposición para mostrar el origen del tema social en el arte argentino, a fines del siglo XIX, cuelga al lado de la proyección de una de las primeras filmaciones de los hermanos Lumière en Francia: la salida de las obreras de la fábrica de Lyon, hecha en la misma época. El diálogo cine-artes visuales se repite: una serie de Facio Hebequer sobre el trabajo se mira en paralelo con fragmentos de una película sobre la vida de los mineros en Francia; la exquisita escultura La madre , de Riganelli, confronta con la película homónima de Pudovkin.

"La vida de la fábrica, el mitin político, el barrio de La Boca, el arrabal, el espacio de lo suburbano, el obrero, todos esos temas se generalizan en el arte y la literatura en estos años", dice Baur, y señala la preeminencia del grabado como expresión de la época, "un elemento de diferenciación de una estética, por su bajo costo y su capacidad de ser reproducido."

No deja de ser un gesto para aplaudir que los Artistas del Pueblo -cuya incorporación al patrimonio del MNBA fue compleja y resistida por años, y que fueron objeto de una exposición relevante en 2008 en la Fundación OSDE- hayan pasado del depósito a las paredes privilegiadas de una muestra de peso. ¿Qué pasó después de los años 40 con este espíritu social en el arte? Baur tiene su hipótesis: "El debate alrededor del arte del compromiso político no se ha interrumpido. Creo que es una manera de leer la historia, gracias a la cual uno siempre puede dar un salto adelante", dice.

Entre las activas vanguardias de los años 20 en Buenos Aires no todo fue oposicón y polémica. Sin embargo la muestra del MNBA apunta un momneto de irónica crítica. Cuadros de Xul Solar, Pettoruti y Norah Borges -centrales en la estética del "opositor" grupo Martín Fierro-, cuelgan junto a la crítica que les dedicó Claridad : la pintura de Pettoruti es "decorativa"; Xul es "sólo pintorero" y la señorita Borges es apenas "pintusta".

Quizás haya sido Leónidas Barletta quien mejor describió el espíritu de la vanguardia que lo tuvo como uno de sus protagonistas y quien, si se nos permite la lectura, puso la medida del compromiso para los artistas que siguieron: "No luchábamos para crear una nueva literatura, sino una nueva sociedad".

CLARIDAD: LA VANGUARDIA EN LA LUCHA

MNBA. Avenida del Libertador 1473. Hasta el 20 de mayo.

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