Asumir el riesgo

A los 40 años, reconocida como fotógrafa a nivel internacional, Ananké Asseff decidió tomar un nuevo rumbo y realizar instalaciones site specific
Celina Chatruc
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7 de octubre de 2011  

El puño cerrado, tenso, cubre la ingle. Con la cabeza gacha, el joven se entrega a lo que viene: un tigre que camina directo hacia él. Un poco más allá, una inmensa ola de barro que parece venir del río amenaza con convertir en un pantano la planta baja de este lujoso edificio de Puerto Madero, sede de la Fundación YPF, donde Ananké Asseff presenta sus primeras instalaciones site specific . Reconocida como fotógrafa a nivel internacional -su obra, premiada y exhibida en varios países, integra la colección de la Tate Modern, en Londres-, a los 40 años esta artista formada en Córdoba optó por tomar el camino más difícil: dejar atrás lo conocido y asumir nuevos riesgos.

La única fotografía que se exhibe está semicubierta por un muro de cemento que no permite ver lo que hay detrás. La exposición se completa con la videoinstalación Constelaciones , ganadora del segundo premio Mamba-Fundación Telefónica de Arte y Nuevas Tecnologías 2011, en la que diez personas -la artista incluida- enfrentan inmutables los fuertes chorros de agua que les golpean el cuerpo. Nadie les dijo cuánto tiempo deberían permanecer así, ni hasta dónde llegaría el agua; la única consigna que se les dio fue "resistir".

-Esta muestra forma parte del proyecto Corrimientos , en el que yo empiezo a buscar mucho cambio. Hago un intento muy fuerte de dejar atrás lo que ya manejo: el trabajo sobre el miedo, la violencia, lo seriado...

-Pero el miedo se mantiene: la muestra se titula El miedo al viento ...

-En la sensación, sí. Pero no en el soporte ni en la estética. Eso es lo que está cambiando. En este proceso de Corrimientos , empecé con fotografía. Pero cada foto es una obra en sí misma. Una de las cosas del arte contemporáneo que me aburre mucho es el tema de las reiteraciones permanentes. Encontrar algo y reiterarlo, como una fórmula. Dije: yo no puedo seguir por acá. Cuando sos consciente de eso...

-Te estarías traicionando.

-Me estaría traicionando y... no me interesa ser una artista cómoda. Me fue bastante bien con lo que hice hasta acá. Pero de todas las cosas a las que llegué, hasta el hecho de estar yo misma dentro de la imagen, me estoy corriendo. Me estoy saliendo del primer plano de la escena.

-Hay imágenes tuyas muy fuertes, como una en la que te estás lamiendo la axila sin depilar...

-Así arranqué. En esa serie ya había una en la que estoy con un arma en la sien.

-¿Por qué el miedo es una constante en tu obra?

-Porque es lo que me pasa. Yo no llego al arte porque quiero ser artista; para mí la cámara de fotos, en su momento, era un medio de vida, de subsistencia. Una manera de relacionarme con el mundo.

-¿Una forma de comunicarte?

-De comunicarme y de subsistir. En un primer momento yo podía sacar con la cámara lo que veía que no se mostraba. Por eso hay cosas que son bastante fuertes. Después se pueden contextualizar, como se contextualizó el trabajo de Crímenes banales [N. de la R.: una serie de retratos de gente de clase media/alta que posa en sus casas con sus propias armas].

-¿O sea que fue una forma de expresar tus miedos?

-Por supuesto.

-¿A qué le tenés miedo?

-Las constantes en mi trabajo -el miedo, la violencia, la amenaza- reflejan mi sensación con el mundo según el momento. Cuando estaba haciendo PB , por ejemplo, casi no podía salir a la calle por lo que sufría. Esa serie tiene que ver con la exposición, con el cuerpo, con la violencia en muchos grados. Con Crímenes banales sentí que llegué a un lugar muy filoso. Ahí dije: basta, no quiero sufrir más haciendo obra. Porque no es divertido pararse adelante de una persona que vive armada, hablar de eso...

-¿Hacer obra te ayuda a transformar ese miedo?

-Sí. Por eso estoy haciendo esto. Me sirve en mi vida, es casi fundamental.

-¿Pensás que a través de tu obra podés lograr una transformación a nivel social?

-Generalmente mis obras son reflexivas, yo busco eso. Limpio, depuro mucho desde el arte. Y la propuesta de reflexión es uno de los puntos que más me interesan. A veces puede ser más hermético y a veces más abierto. Con Crímenes banales fue mucho más abierto y me cansé de eso también. A todas las cosas que venía haciendo necesité buscarles variaciones. Y experimentar.

-Así llegaste a este formato y a estos nuevos materiales.

-Claro. Cada pieza es única; no tengo idea de lo que viene después. Estoy revalorizando el proceso, esa falta de control, ese riesgo. Uno encuentra lugares seguros y se puede mantener en ese lugar siempre, o mucho tiempo. Desde lo personal, para mí esta muestra tiene que ver con el cambio. El tigre, para mí, implica el destino. El destino propio que está delante de uno, y uno está casi paralizado ante eso que tiene que tomar. Porque lo mejor que se puede hacer en la vida es tomar el destino. Y el destino parece así: fuerte, feroz, poderoso.

Hay que aprender a domarlo.

-Hay que aprender a tomarlo, con todo lo que eso implica. Yo entiendo que esto se lea como una amenaza. Mi punto de vista es anecdótico; lo que importa es lo que a la gente le pasa con la obra. Me considero una persona controladora y para mí este paso tiene un vértigo... ¿Qué sé yo cómo se va a recibir? Pero si no asumo este riesgo ahora... Lo que está pasando me resulta tanto más rico que quedarme en otro lugar; me emociona pasar por estas etapas... a pesar del terror que me da.

Ficha. El miedo al viento , de Ananké Asseff, en Fundación YPF (Macacha Güemes 515) hasta el 25 de noviembre

Adn Asseff

Buenos Aires, 1971

Artista visual, ganó varios premios y becas que le permitieron realizar residencias en Alemania y Canadá. Participó de festivales y ferias internacionales, como PHotoEspaña (2011) y el New York Photo Festival (2008). Su obra integra la colección de la Tate Modern (Londres) y fue incluida en el libro Auto Focus: el autorretrato en la fotografía contemporánea, de Susan Bright (Thames & Hudson, 2010)

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