Bajo el signo del peronismo

LA BATALLA DE LAS IDEAS (1943-1973) Por Beatriz Sarlo-(Ariel)-468 páginas-($ 25)
LA BATALLA DE LAS IDEAS (1943-1973) Por Beatriz Sarlo-(Ariel)-468 páginas-($ 25)
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23 de enero de 2002  

Entre el golpe de junio de 1943 y el regreso de Perón al poder en 1973, los mayores desafíos e incertidumbres que enfrentaron los intelectuales argentinos tuvieron como fuente dominante el protagonismo omnipresente del peronismo. El último trabajo de Beatriz Sarlo se dedica a explorar la "masa, verdaderamente gigantesca, de discursos sobre la política y la sociedad" producida durante esos treinta años.

La batalla de las ideas (1943-1973) consta de un extenso ensayo introductorio -en el que colabora Carlos Altamirano-, seguido de más de trescientas páginas de una notable antología de fuentes históricas, cuyos autores fueron intelectuales, artistas, universitarios, representantes de la Iglesia o el movimiento estudiantil.

La primera parte lleva por título "¿Qué hacer con las masas?" y gira alrededor del debate entre "políticos-escritores y escritores a secas" que se generó luego del derrocamiento del peronismo en 1955. Desde la revista Sur y la polémica entre Mario Amadeo -canciller durante la efímera presidencia del general Lonardi- y el por entonces joven escritor Ernesto Sabato, hasta la exégesis sociológica de Gino Germani, esta primera parte esboza los combates y las especulaciones teóricas motivadas por la búsqueda de una interpretación del peronismo. Las asociaciones de peronismo con rosismo y fascismo por parte de Ezequiel Martínez Estrada o las embestidas de Arturo Jauretche contra la intelligentsia integran el heterodoxo panorama.

La segunda parte, "Cristianos en el siglo", analiza la evolución de la línea del pensamiento católico plasmada en la revista Criterio , "la más poderosa por su rigor argumentativo". Sarlo discute los parentescos entre el discurso católico y el del peronismo emergente -separación de capital y capitalismo, oposición al latifundio, reclamo de la intervención del Estado, defensa del sindicalismo-, la versión socialcristiana de corporativismo durante la posguerra y su concepción del cristianismo como "instancia superadora de la dicotomía derecha/izquierda", como punto de equilibrio entre individualismo liberal y totalitarismo.

A comienzos de los cincuenta Criterio se enfrenta con los cristianos progresistas, quienes "reivindican la independencia respecto del magisterio de la Iglesia" en todo lo ajeno a la religión. Finalmente, en los sesenta, tendría lugar el diálogo entre católicos y marxistas, del que Criterio no participa, aunque, en una perspectiva de dos décadas, sostiene Sarlo, "no puede decirse que no haya de algún modo contribuido por su insistencia en abrir la cuestión social y por su reconocimiento de que hay verdades seculares en el marxismo que el comunismo ateo no realiza y que el cristianismo debe incluir y superar".

La tercera parte se titula "Los universitarios". Por lo menos cinco veces en el curso de los treinta años que se estudian, explica Sarlo, "la universidad argentina fue animada por una idea de refundación". Con esa idea se concibió la ley universitaria peronista de 1947, "donde no figuraban los principios de la reforma", y se dictó luego el decreto 6403, impulsado por la revolución libertadora, que intentó deslizar el artículo 28, por el cual se buscaba extender la facultad de otorgar títulos habilitantes a las universidades privadas. La pulseada por la reglamentación de ese artículo estalló en 1958, cuando "bajo la presidencia de Frondizi, en medio de enfrentamientos profundos, se establece el marco legal de las universidades privadas, llamadas Ôlibres´". La tercera fundación, cuenta Sarlo, se concretó con la intervención que siguió al golpe de Onganía, que "debía desterrar para siempre a la política de los claustros". La cuarta es la fugaz "universidad nacional y popular" que fue seguida por la intervención de Ottalagano, que "impulsa una restauración pre-1955", momento en que "esta épica tocará a su fin".

El último apartado, "Historiadores, sociólogos, intelectuales", se inicia en los últimos años de la década del cincuenta, con la emergencia de las disciplinas sociales modernas, con Gino Germani como "jefe de esta empresa de conocimiento". Pronto vendrán las críticas contra su perspectiva funcionalista y "su hostilidad al conflicto social". Para los intelectuales de Contorno, la lectura de Sartre y su concepción del compromiso marcarán el tono. "Al final de la década del sesenta y durante la primera parte de los años setenta, la izquierda ya casi no se plantea la Ôcuestión intelectual´ como cuestión específica: se ha resuelto -disuelto- en la política".

Resulta redundante comentar el conocido vigor intelectual de Beatriz Sarlo, la densidad histórica y crítica de su escritura. Raymond Williams enseña que toda tradición es selectiva. Sarlo, creemos, ha ganado un lugar entre quienes pueden construir y proponer una tradición. En este sentido, explorando una zona de la producción intelectual donde cultura y política se funden en la búsqueda de la comprensión social, Sarlo articula un escenario verosímil, pero sobre todo, fértil en interpretaciones, sugerencias y nuevos interrogantes. Así, La batalla de las ideas (1943-1973) -ensayo preliminar y antología de textos- tiene la solidez necesaria para instalarse entre los estudios ineludibles de un período que todavía golpea sobre el presente.

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