Belleza de la erudición

En dos estudios de referencia, ahora disponibles otra vez localmente, el destacado historiador Paul Bénichou examina en detalle el itinerario intelectual del romanticismo francés
Alejandro Patat
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26 de octubre de 2012  

La coronación del escritor y El tiempo de los profetas , de Paul Bénichou, constituyen un díptico inseparable. Así como el primero puede considerarse el despliegue de un vasto mapa (el de la cultura francesa entre fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX), el segundo es un estudio de distintos territorios en el paisaje de ese mapa.

La coronación del escritor (1750-1830) lleva por subtítulo Ensayo sobre el advenimiento de un poder espiritual laico en la Francia moderna , pero la traducción al español esconde una trampa que puede conducir a una interpretación equívoca: en francés, Le sacre de l'écrivain , se refiere a la transformación del hombre de letras en el intelectual que actúa como referente espiritual frente a los lectores, desplazando definitivamente al clérigo. El poeta se reviste de un aura sagrada. El libro trata de desentrañar la aparente contradicción que subyace en el movimiento romántico entre la apropiación de los principios revolucionarios, herederos del iluminismo laico, y la formulación de una estética espiritualizada, incluso con tintes católicos.

El tiempo de los profetas. Doctrinas de la época romántica da por sentada la tesis de este primer volumen, con el objetivo de adentrarse en los debates, las ideas y los dogmas de las distintas facciones que, a partir de 1800, entraron en conflicto y dieron por resultado el nacimiento y desarrollo de la edad romántica en Francia. En este segundo volumen Bénichou se propone reconstruir la circulación de ideas vertebrales del siglo XIX: la convicción de que una sociedad necesita para su existencia y desarrollo un sistema orgánico de pensamiento traducible en acción; la historia humana concebida como evolución y progreso; la necesaria conciliación entre destino individual y colectivo, con miras a una perfectibilidad moral del sujeto y de la sociedad en la que éste vive. Ahora bien, para entender cómo fue posible que la visión optimista y esperanzada de los iluministas haya conducido a la angustiante desesperación en Baudelaire o al cinismo de Flaubert, es necesariuo hacer un recorrido completo por las grandes teorizaciones del iluminismo, el discurso opositor de los contrarrevolucionarios de la Restauración y, en fin, la resistencia más o menos clandestina del pensamiento liberal.

Los iluministas convierten definitivamente al "hombre de letras" en un pensador y le atribuyen, además del ejercicio sistemático de la razón, el don de la Sensibilidad, "el nuevo credo que sustituye los vetustos valores aristocráticos". Pero, detenida la fase expansionista de las ideologías revolucionarias y derribado el Imperio napoleónico, se propaga el pensamiento contrarrevolucionario, que tendrá su apogeo durante la Restauración (1815-1830). El libro clave será El genio del cristianismo de Chateaubriand, quien postula que la Verdad no es patrimonio de la ciencia, sino de Cristo. La busca de una autenticidad primitiva del hombre, que no puede sino hallarse en la fábula evangélica, echa por tierra un siglo de interrogaciones filosóficas y sumerge en un descrédito nunca antes conocido al discurso metafísico. Con Chateaubriand, que agiganta el abismo entre Dios y el hombre, nace esa sensibilidad desencantada del siglo XIX, que es "la melancolía moderna, que se naturaliza cristiana".

La fuerza propulsora de Chateaubriand halla su enérgica contraparte en la intelectual más brillante de su tiempo, la inquieta y provocadora Madame de Staël. Desde su exilio suizo, perseguida por Bonaparte, pero no por ello adscripta a los filomonárquicos nostálgicos de la vieja aristocracia, Madame de Staël transforma el riesgo de un nuevo dogmatismo en una aceptación implícita del impulso religioso inherente al hombre.

El romanticismo, en síntesis, es la caja de resonancia en que perduran las fuerzas conservadores del espiritualismo antirrevolucionario y la herencia liberal de los iluministas. La poesía romántica se vuelve un "lugar" sagrado, en que la inspiración del poeta sustituye a la razón filosófica. Así, "la fe dogmática -concluye Bénichou- deja espacio a un territorio laico, abierto y antidogmático".

Un rol principal juegan las figuras emblemáticas del movimiento: Vigny, Hugo y Sainte-Beuve. El primero introduce la duda como forma mentis del poeta. El segundo, asumiendo para sí la "voz profética" de Francia, conjuga en su obra la historia bíblica y la historia profana, considera el drama como el género clave de la modernidad. Sainte-Beuve, en cambio, afirma la correlación entre creación poética y creación artística: nace la ligazón indisoluble entre las artes. Luego la generación romántica sucesiva experimentará la decepción de la revolución. El arte descubre su propio veneno, pero allí empieza ya otra historia...

Los libros de Bénichou fueron escritos en los años setenta, durante la fiebre del estructuralismo y de los estudios semióticos. Su obra no es sólo una solitaria reivindicación del ensayo histórico-literario, sino también una crítica a cierto marxismo categórico, que, para Bénichou, reduce un estudio cultural sobre el desarrollo del pensamiento a la lucha de fuerzas. Sostiene, en cambio, que el espíritu actúa según su propia naturaleza, no necesariamente reductible a la mera realidad. El crítico francés concibe que la historia de las ideas es una recreación de hechos, representaciones e imaginarios. "La literatura es el lugar en que las ideas encuentran una forma." Sus dos libros recuerdan el estilo magistral de Francesco De Sanctis, que invitaba al lector a pasear por la literatura como se pasea por una pinacoteca. Bénichou nos ofrece en estas obras monumentales una visión insoslayable de la cultura francesa del siglo XIX; un fresco deslumbrante de rara belleza, en que la inteligencia sagaz y la erudición del crítico se someten a una impresionante claridad expositiva.

La coronación del escritor

Fuente: LA NACION

Paul Bénichou

FCE

Trad .: Aurelio Garzón del Camino

464 páginas

$ 89

El tiempo de los profetas

Fuente: LA NACION

Paul Bénichou

FCE

Trad .: Aurelio Garzón del Camino

550 páginas

$ 215

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