Bergoglio y la fuerza del bajo perfil
Pese a que rehúsa toda aparición pública, se extiende su influencia decisiva en la Iglesia argentina
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El cardenal Jorge Mario Bergoglio cumple hoy 10 años al frente de la jurisdicción de la Iglesia con mayor cantidad de fieles en el país –2.500.000–, la Arquidiócesis de Buenos Aires. Una década en la que, aun queriendo vivir "como un simple cura", se destacó en todos los frentes.
En el último cónclave, en el Vaticano, fue uno de los firmes candidatos a suceder a Juan Pablo II; en la cumbre de obispos latinoamericanos, realizada en Aparecida el año pasado, tuvo un rol fundamental, y en la Argentina fue elegido por sus pares para conducir el Episcopado, cargo que muy probablemente renovará en noviembre próximo. En ese puesto se convirtió en uno de los principales protagonistas de la escena política del país.
Sin embargo, en el edificio de la curia porteña, frente a la Plaza de Mayo, no habrá festejos. "¿Que Bergoglio cumple qué?", exclamó un empleado de la oficina de prensa del arzobispado al ser consultado ayer por LA NACION. "Acá sólo tenemos programada una misa que celebrará el arzobispo, a las 18, en la Catedral en memoria del fallecimiento del cardenal Antonio Quarracino", explicó.
Como es su costumbre, Bergoglio pedirá que hoy se enciendan dos velas y se pongan rosas blancas en la tumba de su amigo y antecesor. Por sugerencia de Quarracino, fue designado arzobispo coadjutor de Buenos Aires en 1997 y, al fallecer el cardenal primado, a las 3 de la mañana del 28 de febrero de 1998, se convirtió en su sucesor.
Bergoglio tratará de que su aniversario pase inadvertido. Y esta actitud describe su estilo de gestión eclesiástica y política.
Como titular del Episcopado, desde noviembre de 2005, profundizó la relación de independencia entre la Iglesia y el Estado que había comenzado el cardenal Estanislao Karlic, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina entre 1996 y 2002.
En diez años tuvo como vecinos en la Casa Rosada a ocho presidentes. Con todos tuvo una relación respetuosa, pero no complaciente. Fue a la Casa Rosada sólo lo estrictamente necesario. "Con los tedeums marcaba la cancha", recordó ayer a LA NACION el padre Guillermo Marcó, quien fue vocero de Bergoglio durante nueve años. Marcó se refirió, así, a los pronunciamientos en los que el arzobispo expresaba "intuiciones claras" o "palabras proféticas" sobre la realidad social como "la pobreza que se veía venir en los años 90 y la falta de un proyecto de país".
A diferencia de los altos prelados de hace dos décadas, Bergoglio no acepta la mayoría de las invitaciones para actos públicos. Sin embargo, alienta a participar en política y asumir responsabilidades a quien sea que lo consulte. De ahí que no faltaron quienes le asignaran un activo rol opositor al gobierno nacional durante la última campaña electoral porteña, en la que, se afirmaba, Bergoglio habría sugerido nombres de funcionarios.
De su actuación se destaca también el incentivo constante a la educación, a la participación protagónica de los laicos y su acompañamiento a las iniciativas interreligiosas y ecuménicas. "Con él hemos logrado un diálogo maravilloso", dijo ayer el rabino Ariel Stokman, director de la Escuela de Amor.
Un monje de a pie
Desde que asumió el arzobispado, intentó mantener su estilo de vida sencillo y austero. Se levanta muy temprano, reza, lee los diarios y visita las parroquias o las villas miseria. Se traslada en medios públicos o a pie, no asiste a las recepciones en las embajadas para las que es invitado y recibe en la curia, junto a la Catedral, donde vive, a quien le pida una audiencia. Sólo limitó estos encuentros durante la última campaña electoral presidencial para evitar, dijeron en el arzobispado, la manipulación de esos encuentros por quienes asistían a ellos.
"Una característica muy particular de Bergoglio es su accesibilidad. Entre los sacerdotes sabemos que es imposible no lograr hablar con él, recibe a todos", contó a LA NACION el padre Gustavo Larrazábal, director de editorial Claretiana y recopilador de los textos del arzobispo publicados en El verdadero poder es el servicio.
Entre los obispos, el cardenal también se convirtió en punto de referencia natural. En las asambleas plenarias que el Episcopado realiza en Pilar es habitual que pase las horas de la siesta recibiendo a los prelados que lo consultan sobre sus preocupaciones.
A los únicos que no acepta es a los periodistas. "No doy entrevistas", responde. LA NACION reiteró para esta nota el pedido de entrevista y fue rechazado. Para conocer su pensamiento hay que escuchar sus homilías y mensajes o leer los libros que los recopilan.
En lo doctrinario Bergoglio siguió la línea de teólogos muy queridos por Juan Pablo II y Benedicto XVI, como Henri de Lubac y Hans Urs von Balthasar, entre otros. En lo pastoral puso a la arquidiócesis en "estado de asamblea permanente" y, si bien está preocupado por la pobreza y la prostitución infantil, su prioridad, según repite, es el anuncio de Cristo y la propuesta de la santidad como un camino posible.
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