Big Little Lies. Por qué se convirtió en la serie emblema del #MeToo

Desde Nueva York, cómo el escándalo de Harvey Weinstein impulsó el éxito de Big Little Lies y el empoderamiento femenino en las nuevas dinámicas de producción.
Desde Nueva York, cómo el escándalo de Harvey Weinstein impulsó el éxito de Big Little Lies y el empoderamiento femenino en las nuevas dinámicas de producción. Fuente: Archivo
Humphrey Inzillo
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27 de junio de 2019  

En el corazón de Times Square hay un cartel enorme con las caras gigantes de Nicole Kidman, Reese Witherspoon, Laura Dern, Zoe Kravitz y Shailene Woodley, el quinteto protagónico de Big Little Lies, que anuncia el estreno de la segunda temporada (el pasado 9 de junio).

A 10 cuadras, en el coqueto hotel Whitby, periodistas de todo el mundo sienten (sentimos) que la convocatoria para entrevistar al elenco masculino de una de las series más esperadas del año, sumado al detalle de que a ese quinteto femenino debe añadirse la enorme Meryl Streep en su regreso a la pantalla chica, es una especie de premio consuelo.

Más allá del elenco fenomenal, las grandes actuaciones, un guion poderoso y la entrañable banda de sonido, el éxito de la serie puede medirse en relación con la magnitud que tomó el empoderamiento femenino. De hecho, que se haya convertido en una saga y que tenga una segunda temporada es gracias a la presión del público. Un dato curioso que parece resaltar el concepto de "on demand", no ya como el modo de consumo cotidiano, sino como elemento modificador de la producción televisiva.

Un timing inesperado. Así lo resume Jeffrey Nordling, que en la serie encarna al esposo de Renata (Laura Dern): "La serie se escribió antes de que estallara el #MeToo y las denuncias contra Harvey Weinstein. Pero, definitivamente, fue un condicionante que resignificó e impulsó el suceso del programa".

"Fue un típico caso de estar en el lugar justo y en el momento indicado", subraya James Tupper, ex marido de Madeleine (Reese Witherspoon) y actual pareja de Bonnie (Zoe Kravitz). "Cuando uno filma o cuenta una historia, siempre tiene la esperanza de que la gente la reciba y la disfrute. De algún modo, es como tirar una botella al mar. O estar perdido en medio del océano y tirar fuegos artificiales. El impacto de la serie excede todo lo ligado al argumento, y tiene que ver con los modos de producción. De hecho, Hollywood no es lo mismo que solía ser antes del #MeToo. Y eso involucra a los actores, pero también a los agentes, a los managers, a los productores".

Un cambio cultural

"Necesitamos más voces en el mundo del entretenimiento que cuenten historias. Necesitamos más historias de mujeres, necesitamos más historias de mujeres de color. Necesitamos otro tipo de historias, y creo que las estamos contando. No necesito ver otro programa sobre un hombre de mediana edad que trata de hacer malabarismos con su trabajo y sus hijos. Estamos siendo parte de un cambio cultural, y eso se expresa en el deseo de las audiencias. Pero además es una gran oportunidad para la industria", sostiene Adam Scott, la pareja de Madeleine (Reese Witherspoon).

El empoderamiento del quinteto protagónico es apenas un síntoma de los cambios profundos que está produciendo el movimiento en la industria del entretenimiento. De hecho, las productoras ejecutivas de la serie, Kidman y Witherspoon, que en 2014 habían adquirido los derechos de la novela escrita por la Liane Moriarty, decidieron que una mujer fuera la directora de la segunda temporada. Y eligieron a la inglesa Andrea Arnold. "Amo su sensibilidad, amo su energía. Impuso una energía muy juguetona en el set. Personalmente, me encantó trabajar con Jean-Marc (Vallée, el director de la primera temporada), pero su estilo era mucho más impulsivo. Andrea generó un clima muy armónico, e hizo que todos disfrutemos mucho las jornadas de filmación", enfatiza Nordling.

"Es genial estar en un show que empodera a las mujeres. Ellas tendrían que ser las showrunners, siempre", celebra Scott. "Crearon un ambiente de trabajo muy funcional y extremadamente agradable".

De algún modo, más allá de los matices que ha mostrado el programa, que es un drama, pero al mismo tiempo una comedia, Nordling sostiene que es una serie política. "Que las mujeres hayan empezado a contar ellas mismas sus historias, con su propia voz, constituye un evento político en sí mismo. Porque durante años, muchísimos años, casi no han estado representadas. Que ahora lo estén haciendo es definitivamente saludable".

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