Borges y Bioy: cuando ser argentino equivale a ser universal
Juntos forjaron un mundo literario único
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El primer trabajo que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares realizaron en colaboración fue un folleto de veinte páginas en el que se exaltaban las virtudes de la leche cuajada y el yogur. Miguel Casares, director de La Martona, se lo había encargado a su sobrino Adolfo y éste le propuso a Borges hacer el trabajo en colaboración. Para redactar el folleto se instalaron en Pardo, como se llamaba familiarmente la estancia Rincón Viejo, de los Bioy, en el partido de Las Flores. Promediaba la década del 30. Les pagaron 16 pesos por página.
Aquel folleto significó para Bioy, que entonces tenía 22 o 23 años, un valioso aprendizaje. A partir de las horas compartidas con Borges en el campo sintió que se había convertido en un "escritor nuevo", más experimentado y avezado.
Horas fructíferas
Esos días compartidos en Pardo fueron fructíferos para los dos escritores. Concluido el folleto, los dos amigos intentaron otros emprendimientos. "Un poco hartos del yogur, decidimos escribir un cuento policial", rememora Adolfito en uno de sus libros de evocación. "Nos pusimos a escribir la historia del doctor Pretorius, un holandés que compraba un jardín de infantes con el único fin de matar a todos los niños administrándoles dosis exageradas de placer: juegos a toda hora, música a toda hora". Así está consignado en el libro "Palabra de Bioy", que reúne los diálogos del escritor con el crítico Sergio López.
Tal vez Borges y Bioy estaban elaborando, inconscientemente, una metáfora del nazismo. Hitler llevaba ya, por entonces, dos o tres años en el poder. Georgie y Adolfito -ambos de conocida militancia antinazi- decían que nunca habían terminado de escribir ese cuento macabro: fue un proyecto. O quedó como un original inconcluso.
Las enriquecedoras conversaciones que mantuvieron en Pardo con motivo de esos primeros trabajos en colaboración fueron aleccionadoras para los dos. Bioy estaba convencido hasta entonces de que la creación artística sólo podía abordarse a partir de la "libertad total". En consonancia con lo sostenido en tantos manifiestos más o menos vanguardistas de la época, consideraba que el sueño, la reflexión y la locura jugaban un rol decisivo en el camino hacia la creación literaria. Adolfito se sorprendió cuando advirtió que Borges no compartía esa postura: al contrario, abogaba por una literatura deliberada y reflexiva. Pero ni Borges ni Bioy se mantuvieron irreductibles en sus posiciones iniciales. Cada uno de los dos terminó sustentando el punto de vista del otro. El trabajo en común los había hecho menos rígidos, más receptivos a las observaciones críticas que toda obra literaria suscita. La amistad de Borges y Bioy fue altamente enriquecedora: los ayudó a descubrir lo mucho que les faltaba aprender en el camino hacia la tolerancia, el pluralismo y la aceptación del otro.
¿Quiénes eran Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares cuando la vida los puso a trabajar por primera vez en colaboración? Borges era ya un escritor en ascenso: había publicado tres libros de poemas ("Fervor de Buenos Aires", "Luna de enfrente" y "Cuaderno San Martín") y varios libros de artículos y ensayos. Tenía experiencia como colaborador de revistas literarias (entre otras: Proa, Nosotros, Martín Fierro, Sur) y había sido el introductor en la Argentina del efímero movimiento ultraísta, al que se había acercado en España en 1924, cuando viajó por segunda vez a Europa con su familia.
Bioy, que tenía quince años menos, se definía a sí mismo como "un escritor muy joven, inmaduro, desconocido, que escribía muy mal". Desde los quince años escribía relatos de misterio, cuentos y reflexiones, algunos de los cuales llegaron a publicarse -con el apoyo económico de Adolfo Bioy padre- cuando todavía cursaba el colegio secundario. Pero aun en ese período leía constantemente. Vivía consagrado a toda la literatura: la española, la inglesa, la francesa, la alemana, la rusa.
En los años siguientes, Borges y Bioy iban a descubrir el potencial creativo que habitaba en ellos. La década del 40 los estaba esperando: Borges tenía una cita con el cuento, género al que muy pronto lograría llevar a la máxima perfección, con libros tan extraordinarios como "Ficciones" y "El Aleph". Bioy estaba próximo a producir "La invención de Morel", novela que en 1940 lo reveló como un maestro de la literatura fantástica.
Borges y Bioy Casares forjaron un universo literario tan perfecto como deslumbrante. Un universo en el que cabía toda la cultura universal y que, al mismo tiempo, era intransferiblemente argentino. En esa aparente contradicción residía, probablemente, el secreto de su impresionante vitalidad.
Pasado mañana, "El Aleph"
- Pasado mañana se podrá adquirir el primer volumen de la Biblioteca Esencial, que comprende en total veinte títulos, diez de Jorge Luis Borges y diez de Adolfo Bioy Casares. Presentando en los puestos de ventas de diarios el cupón que aparecerá impreso en la portada de LA NACION, más $ 4,90, el lector podrá obtener un ejemplar de "El Aleph", de Borges. La entrega de la colección continuará el miércoles siguiente con "El sueño de los héroes", la gran novela de Bioy Casares.
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