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"Cada novela tiene su propia voz"

La soledad, el peso de los mandatos familiares, la identidad y la memoria son temas centrales en la novelística de Oates
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28 de enero de 2011  

La narradora norteamericana Joyce Carol Oates imagina tramas donde emerge lo más profundo, abismal y sensible de la condición humana. Nunca deja de asombrar por la originalidad de sus historias y la latencia siempre vívida de la subjetividad humana más impredecible y conmovedora. Aunque escriba sobre estadounidenses, sus temas son universales. Sus personajes son sobrevivientes de hechos traumáticos, que huyen hacia delante reinventándose constantemente. La soledad, el peso de los mandatos familiares, la memoria como fórmula para encontrar la identidad, los mitos que construye cada sociedad y la importancia de saber sobrevivir en un mundo competitivo y a la vez riesgoso son algunas de las constantes en las que profundiza. Alfaguara publicó su novela Mamá (2009) y en estos días llegará a las librerías de Buenos Aires Ave del paraíso .

En Mamá , Nikki Eaton, una mujer independiente económicamente, con una personalidad excéntrica y segura de sí misma, que nunca creyó ser una hija necesitada de afecto y consejos, sufre un shock emocional cuando matan a su madre. Esta inesperada muerte la sumergirá en una búsqueda. Intentará saber más sobre su madre y, al hacerlo, logrará recuperar aquellos consejos que ella le brindaba. El vínculo madre-hija determina muchas de las escenas, aun cuando la madre está ausente y la protagonista se relaciona con otros. De eso se trata. De recuperar, mediante el recuerdo, a la madre protectora. Ese viaje hacia el pasado provocará en la protagonista una intensa transformación. La novela es a la vez, como muchos otros libros de Oates, un retrato de un sector de la clase media norteamericana, sus ideales, sus costumbres, sus modos de convivencia.

En Ave del paraíso , Krissie Diehl es una niña cuando el asesinato de la amante de su padre lo convierte a él en un sospechoso. La relación entre padre e hija brinda a este relato instantes conmovedores. La tragedia se cernirá sobre ellos, los separará para siempre. Krissie se muda, estudia y se convierte en asesora jurídica. Se ha transformado, pero Sparta, el lugar donde nació y creció, sigue guardando misterios. Ella vuelve porque quiere investigarlos. Consigue lo que buscaba pero, enamorada del hijo de la amante del padre, deberá elegir si se queda con él o si retoma la vida que logró construir.

-En sus novelas, surgen múltiples puntos de vista. Las oraciones largas con pocas comas y un final dilatado crean un clima de vértigo. ¿Cada novela tiene una estructura propia?

-Cada novela tiene una voz particular, que es la expresión de sus personajes. Es una especie de música interior con la que experimento antes de empezar a escribir, muchas veces durante varias semanas. Le tengo mucho cariño a la voz de la novela, ya que es la expresión de una conjunción especial de personas y sus historias entrelazadas.

-Usted retrata gente marcada por destinos trágicos que, sin embargo, se transforma y sigue adelante, como Rebecca, la protagonista de La hija del sepulturero . ¿Son una muestra de la existencia de la mayoría de los seres humanos?

-Creo que Rebecca es una joven bastante heroica, que se transforma a sí misma y pasa de ser víctima -como persona y como hija de un hombre violento, suicida- a ser sobreviviente; y de ser sobreviviente, a ser una mujer que lleva una vida plena como esposa y madre de un exitoso concertista de piano. Me gustaría creer que la mayoría de los seres humanos son capaces de semejantes actos heroicos de sacrificio y realización personal después de atravesar la adversidad extrema.

-Hay una tensión entre la educación familiar y las circunstancias que les tocan vivir a los personajes. Siempre está lo social ahí, presionando. ¿Estamos determinados por nuestros contextos?

-No, no creo en la determinación. Obviamente, Rebecca transforma por completo su destino. Norma Jeane Baker (Marilyn Monroe) se transforma a sí misma, de huérfana sin ningún mérito especial, en una de las grandes imágenes famosas, y también infames, del siglo XX.

-Sus personajes tienen la sensibilidad y hasta la brutalidad de hombres y mujeres reales. Pueden ser miserables a la vez que amables y frágiles. ¿De qué modo los convierte en criaturas que nos conmueven, como Nikki, la hija de Mamá ?

-Nikki tiene muchos de los pensamientos que tenía yo cuando contemplaba a mi madre, Carolina Oates. No fue para nada difícil escribirla, ¡porque surgió directamente de la vida real! La gente cambia, a veces deliberadamente y a veces inconscientemente. Nikki está interiorizando lo valioso de su madre, como hacemos muchos de nosotros con la gente que queremos. Nikki se transforma en una persona que es mucho más madura, considerada, amable y generosa que al principio: ésa es la presencia de su madre dentro de ella.

-Usted utiliza la ironía y el humor en escenas dramáticas, por ejemplo, en el almuerzo del funeral y en la ceremonia de entierro de la madre de Nikki. ¿Es una crítica de costumbres y conductas de la sociedad estadounidense?

-En la novela hay una especie de humor discreto, pero también intencionado, sin llegar a ser nunca ni ironía ni sátira. Las costumbres de todas las sociedades, no solamente de la estadounidense, suelen ser cómicas y ridículas sin querer serlo, sobre todo las relacionadas con la muerte porque la muerte es una especie de tabú.

-La muerte de la madre es un punto de partida para la salvación de Nikki como mujer. Ella recuerda ciertos ritos y con ellos ilumina aspectos escondidos de su personalidad. ¿Hasta la tragedia nos deja una enseñanza?

-En su significado clásico, la tragedia siempre tiene algo por revelar: es esclarecedora, inspiradora, incluso pedagógica en cierto sentido.

-Nikki dice: "A ti también te ocurrirá? No lo tendrás previsto? La hemorragia no cesará en mucho tiempo". Se refiere al dolor de perder a la madre. ¿Esta apelación explícita al lector es una forma de complicidad literaria?

-Es una sugerencia de que el lector va a tener una experiencia como la de Nikki algún día.

-En Ave del paraíso Krissie ha crecido, es asesora jurídica, y está enamorada de Aaron, el hijo de la que fue la amante de su padre. Los dos han sufrido mucho. Este nuevo ingrediente la enfrentará a una decisión. Hay ahí un soberbio manejo del suspenso dramático.

-En mis novelas, lo más importante son las personas; al interactuar, ellas hacen que se desarrolle la historia. La historia es el resultado del encuentro de las personas. Yo no pensaría en una trama complicada sin haber establecido primero quiénes intervienen en ella. Y en Ave del paraíso , la joven que ha estado enamorada de un hombre de su ciudad natal, que se ha sentido "predestinada" por el pasado, se da cuenta de que debe irse, de que debe seguir adelante y repudiar sus sentimientos eróticos y amorosos por ese hombre. Se da cuenta de que estaría repitiendo la vida de su madre si se enamorara y se quedara con ese hombre que tanto le recuerda a su propio padre. Entonces Krissie se libera y vuelve al mundo que queda fuera de Sparta. (Yo siento que, como Krissie, cuando me hice adulta, dejé el mundo del norte de Nueva York que, en muchos sentidos, era atractivo y seductor; pero sabía que para desarrollar un potencial que excediera el de mi ciudad natal, tendría que arriesgarme a vivir y trabajar en otros lugares. A pesar de que visito mi ciudad con frecuencia, nunca me mudaría de vuelta allá, y siempre voy a querer vivir en un lugar muy diferente, como Princeton o la ciudad de Nueva York).

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