Carracci, Pontormo y los otros

Alicia de Arteaga
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22 de octubre de 2000  

La increíble historia del Carracci viajero publicada en estas páginas pocas semanas atrás se ha convertido en tema recurrente en el ambiente del arte. Coleccionistas, operadores y curiosos se preguntan una y otra vez cómo fue posible que un cuadro vendido en Buenos Aires por 40.000 dólares obtenga meses después en una subasta neoyorquina la friolera de 5 millones. Esa cifra desmesurada y su modesto punto de partida erizan la piel de un amigo coleccionista que cavila largamente la decisión de vender una antigua pintura de familia por ahora colgada en el escritorio de su casa. El hombre deberá vender al paso que va la economía argentina, calificada como una de las más estancadas del planeta. Pero, ¿hay alguien que pueda darle garantías absolutas en el momento de la tasación, tratándose de una obra del siglo XVII? Negativo. La categoría de los old masters ha sido siempre materia de análisis permanente y los expertos tiemblan antes de dar la última palabra. Pocos pueden arrojarse el poder de una atribución indudable. Veamos algunos ejemplos de la historia reciente, que prueban hasta qué punto se trata de un territorio de riesgo.

  • Durante años, el Met neoyorquino exhibió un conjunto de pinturas antiguas cuya autoría fue atribuida siempre a Rembrandt. Poco tiempo atrás, la Rembrandt research , que revisó todas las pinturas atribuidas al holandés, cambió la catalogación y algunas de esas obras pasaron a ser trabajos realizados por "integrantes del taller" del maestro del claroscuro. Philippe de Montebello, director del museo de la 5º Avenida, dejó los cuadros en su lugar... pero cambió el cartelito.
  • A fines de los años ochenta salió a la venta en la casa Posadas una pintura del español Tomás Yepes que había integrado la colección de Enrique Larreta. Quienes vieron la obra en las paredes de Acelain -la casa de Larreta en Tandil- la tasaron en un valor cercano a los 10.000 dólares, sin conocer la prosapia y los antecedentes del tal Yepes, que, se supo luego, estaba bien representado en el Museo del Prado. Cuando el cuadro fue ofrecido al mejor postor, hubo muchas manos en la sala, pero una más decidida que otras se quedó con la pintura por 200.000 dólares. Pocos meses después, ¿o al año siguiente?, apareció el cuadro ilustrando un preview de Sotheby´s con estimación de un millón de dólares.
  • Durante años, la Frick Collection de Nueva York exhibió en calidad de prestamo un retrato atribuido a un old master , titulado El alabardero . Cuando la investigación realizada por un experto determinó que el joven del retrato era, en realidad, Cósimo de Medici, las cosas tuvieron, de inmediato, otro color. El dueño del cuadro lo retiró de la Frick y lo mandó al remate. Poco después, el veredicto del martillo confirmó la importancia de llamarse Médici:ese retrato se convirtió en un récord para la categoría de antiguos maestros, al subastarse en 35 millones de dólares, luego de una reñida puja entre el Met y el Museo Getty. Ganó -elemental Watson- el Museo Getty de Malibu, que tiene el mejor presupuesto planetario para comprar arte.
  • aarteaga@lanacion.com.ar

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