Cebrián: "Kirchner y Zapatero no son políticos simuladores"

El fundador del diario El País dice que la Argentina es un país mal organizado
Silvia Pisani
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28 de abril de 2004  

MADRID.- Escritor y periodista, fundador y ex director del diario madrileño El País, Juan Luis Cebrián es testigo de privilegio del fascinante proceso de transición española. Tiene claro aquello, lo que siguió después y lo que ocurrió dentro de las fronteras españolas, y fuera de ellas, desde entonces.

Parece tener, también, una bola de cristal. El ataque del terrorismo integrista en España y la fenomenal estela de crisis y giro político que vivió en las semanas siguientes este país volvieron dolorosamente premonitorio un libro suyo que ahora aparece en la Argentina.

En sólo 175 páginas, "El fundamentalismo democrático" desbroza cómo esos dos términos aparentemente opuestos -fundamentalismo y democracia- se conjugan a menudo. "Fundamentalismo refiere a un concepto religioso, pero también define a aquellas corrientes que pretenden aplicar de modo ortodoxo la doctrina política de un partido político o, aún peor, ejercer de ese modo la acción pública", dice Cebrián.

Pensamiento único, fanatismo, autoritarismo, reduccionismo, desprecio por la opinión distinta, la ignorancia y la acción política que no la revoca, porque le es funcional. De todas esas amenazas se habla en esas páginas, que podrían haber aludido también a la Argentina. O a cualquier otro país. Cebrián es implacable con el diagnóstico internacional. "Lo que ha hecho Estados Unidos en Irak es un desastre tan enorme como previsible. La decisión equivocada no es retirar las tropas (de lo que se acusa a España), sino haber acudido. La retirada no significa nada en términos logísticos, porque toda tropa lo único que hace ahora allí es defenderse", dice.

-¿Qué mostró España con lo ocurrido en este último mes?

-Que la democracia funciona, al menos, en el derecho de los ciudadanos de expulsar al gobierno. Y también echa por tierra la tendencia a creer que se vota sólo por razones económicas. Aquí no se votó con la cartera ni con el bolsillo, sino con motivaciones morales o políticas. Si algo demostró España es que la economía es importante, pero la política también.

-¿Es eso o es que la economía europea tiene poco margen para el cambio?

-Con apertura y un país modernizado, es cierto que los gobiernos pueden hacer muy poco para impulsar la economía, pero mucho por arruinarla. La opción por Rodríguez Zapatero estuvo por arriba de eso.

-¿En qué medida el voto fue impulsado por el terrorismo y cuánto de ese modus operandi veremos en el futuro?

-Lo que perjudicó al gobierno de José María Aznar definitivamente fue el manejo de la crisis de los cuatro días previos. Está demostrado que su gobierno mintió y manipuló muchísimo, y eso sentó mal hasta a los votantes del Partido Popular. No lo afectaron tanto las bombas en sí como el manejo que ellos hicieron de lo ocurrido.

-¿La mentira hizo todo eso?

-La mentira, la manipulación, la falta de criterio, la torpeza.

-Su diario, El País, también le creyó a Aznar, al principio.

-Es disculpable que en esa primera mañana del jueves todos se equivocaran, incluidos el gobierno y la policía. La banda terrorista ETA está aquí y no había razón inicial para no pensar en que había sido la autora del atentado. El País le creyó al presidente del gobierno. ¡Claro! Si un presidente de gobierno que llama formalmente no es fuente confiable, vamos por mal camino. Lo peor fue cuando persistió en su versión, contra todos los elementos.

-¿Lo sorprendió esa actitud del ex presidente?

-No. Siempre hablé mal de Aznar. Es un hombre muy mediocre, con oportunismo de bandolero y principios morales de muy poca calidad, por así decirlo. Sólo piensa en su destino personal, como lo demostró a la semana del atentado, al aparecer en televisión para defender su honor, cuando aquí se había matado a 200 personas. En una crisis nacional tan grande, el tema para él era su honor y si había mentido o no.

-Empieza a haber sospechas. El diario El Mundo, por ejemplo, comparó el suicidio de los terroristas supuestamente autores de la masacre con el asesinato de Harry Lee Oswald. ¿Qué piensa de eso?

-Las teorías de conspiración gustan mucho a la izquierda... pero también a la derecha. Creo que, desgraciadamente, todo es más sencillo y, también, más complicado. Fuimos a buscar a los terroristas a Irak y estaban aquí, a cien metros, en el barrio de Lavapiés. Buscamos las armas, y las compraron en una mina de Burgos. Los del 11 de septiembre se entrenaron en las escuelas de pilotos de Florida, no fueron a Libia ni a Sudán. Cualquier teoría de conspiración es absurda.

-¿El ataque previo a las elecciones significa un nuevo modus operandi?

-No estoy tan de acuerdo con que los terroristas atacaron con un propósito electoral.

-Pero no es descabellado pensar que desearan vengarse de Aznar, visto como el hombre que apoyó la guerra contra los suyos.

-La presencia española en Irak no fue decisiva. El problema del fundamentalismo como cultura es complejo. Al-Qaeda no es una organización terrorista, aunque sea terrorista. Es una red, el símbolo bajo el cual un fanatizado se acoge. Es un fenómeno que mezcla causas sociales y políticas de opresión y de pobreza. De marginación en las ciudades europeas.

-O sea, ¿todas causas ajenas?

-No, también tiene que ver con causas religiosas, con el fanatismo de creer en recompensas en el cielo. Y tiene que ver también con la presencia abusiva de Occidente en el Cercano Oriente.

-¿Abusiva por definición o por ignorancia?

-Es, sobre todo, una presencia poco inteligente. Estados Unidos nunca fue colonialista, no sabe combinar la ocupación del poder político de acuerdo con las autoridades locales. Es tan na•ve que tiene el ejército colonial más grande de la historia. En la India, las tropas inglesas eran indias, sólo los oficiales eran ingleses. Lo mismo en Marruecos, con Francia. Lo que ha hecho Estados Unidos es un desastre tan enorme como previsible. Nadie está mejor ahora en Irak.

-Tras el retiro de las tropas españolas, otros países anuncian lo mismo. ¿Zapatero le da vuelta el pastel a Bush?

-Quien dio vuelta el pastel es Estados Unidos. La decisión equivocada no es irse, sino haber acudido. La retirada no significa nada en términos logísticos, porque lo que están haciendo las tropas allí es defenderse, incluidas las norteamericanas.

-Entonces, ¿cuál es el valor que rescata del giro español?

-El más importante, en un mundo cada vez más escéptico respecto de los líderes políticos, donde Lula tiene que tragarse la mitad de su programa: la sensación de que la democracia funciona, de que lo que se vota se cumple. Eso es muy importante para la cultura occidental de la democracia. La recuperación del sentido democrático de que los gobiernos temen a los ciudadanos. Luego, sobre el tema de la invasión, la comprobación de que ni Irak ni el Cercano Oriente tienen salida con la política de Bush. Todo está peor.

-¿Y de eso se sale retirando las tropas?

-Se sale con la Liga Arabe, con mayor presencia de tropas árabes, con freno al terrorismo de Estado de Sharon. Se sale con los principios básicos de moral política occidental. El problema fundamental en la Casa Blanca y en Madrid es que se hicieron con el poder unos fanáticos de ultraderecha a los que nadie se atrevía a decirles nada. El gobierno de Bush tiene una pobreza intelectual muy del gusto del fundamentalismo de la América profunda.

-¿Cuál fue el eje del acuerdo entre España y Washington para apoyar la guerra?

-Aznar es bastante mediocre. Es un fascista sociológico puro que tiene una incomprensión formidable del mundo, que se sintió muy a gusto con un mediocre de parecidas características a las de él. Bush lo arropó con una mentalidad tan fundamentalista como la de su propio partido, que es de lo peor que ha dado la cultura norteamericana del fin de siglo...

-¿Qué es lo primero que se le pasa por la cabeza cuando escucha hablar de la Argentina?

-Soy recipiendario de todos los tópicos que de ella se hacen, muchos por obra de argentinos. Es un país con elites gobernantes y capital humano muy superior a lo que tenía España hace cuarenta años. El problema de la Argentina es de institucionalización política y de la sociedad. Y ése es el problema de la corrupción. No es que los jueces, los militares y los diputados argentinos sean más corruptos que otros. El problema es que allí la institucionalidad no funciona. Por tanto, es limitada la capacidad para corregir esas conductas.

-He escuchado aquí cierta sorpresa por la revisión del pasado en la Argentina. ¿Usted qué piensa?

-El pasado hay que revisarlo siempre que se tenga mirada hacia delante. Para empezar, es algo que la Argentina hizo mucho mejor que España. No creo que la cuestión se dirima por revisar el pasado o no hacerlo. Un político amigo mío -no diré su nombre- me definió muy bien la situación. Dijo: "La Argentina tendrá solución el día en que los argentinos decidan encargarse de su país". Ustedes tienen calidad humana, pero esa calidad se tiene que poner al servicio del país.

-¿Qué le parece el presidente Néstor Kirchner?

-Lo conozco poco. Sólo lo que lo traté aquí. Confieso que me habían prevenido tanto que, tal vez por eso, me impresionó bien. Es un político que dice lo que piensa, como Zapatero. Uno puede estar de acuerdo o no, pero no parece un político engañador o simulador. No sé si tiene una cabeza muy estructurada, pero creo que tiene voluntad real para sacar a la Argentina del bache.

-¿Qué queda de aquellas desconfianzas con inversores españoles?

-Le faltó mano izquierda. Sobre todo, la primera vez. Creo que un poco se debe a que tiene esa ingenuidad a lo Zapatero, de quien dice lo que piensa de un modo virtuoso, pensando que es posible. Pero... ¡vamos! Kirchner parecía un invento y, además, un invento de Duhalde, al igual que Zapatero parecía un invento de las circunstancias. El error sería desconocer que Kirchner es una oportunidad democrática para la Argentina y que, por lo tanto, merece el apoyo de todos, de los que lo han votado y de los que no. Eso si creemos en el valor de la democracia.

-¿Acota esto por principio o por alguna razón especial?

-Soy un lector curioso de lo que pasa. Tenemos empresas allí... La situación de Kirchner no es sencilla. Pacta y se pelea con el Fondo. La Argentina no es un país fácil de gobernar. Creo que él se equivocó en su primera respuesta a los empresarios españoles, pero, sí, también muchos hablan como si fueran todos premios Nobel de Economía. Creo que para la Argentina es una bendición que los españoles hayan invertido allí, porque son empresas institucionalizadas y ayudan en ese proceso, más allá de alguna cosa que no haya sido del todo buena. Pero funcionan razonablemente bien respecto de los estándares de otros. Es bueno que estén allí, pero los empresarios en la Argentina deben ser solidarios con la Argentina. El error de Kirchner fue no darse cuenta de que la mayoría de las empresas españolas son solidarias con la Argentina.

-¿Y el error de las empresas?

-No haber sabido transmitir esa idea. No hablo ahora de la Argentina, sino de todo el proceso en América latina, donde alguno llegó sobornando.

-¿Es inteligente Zapatero cuando se queda con Felipe González o es que no se lo puede sacar de encima?

-Creo que en eso Zapatero es leal. Y es muy consciente del valor personal de Felipe y de su experiencia. No es esto un cogobierno ni creo que Felipe tenga más influencia que la de alguien que fue catorce años presidente del gobierno...

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