Cien años atrás

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25 de febrero de 2004  

Instrucción pública - Matrícula atrevida - Tenemos á la vista un formulario impreso de matrícula que revela con elocuencia el prurito de abusar de las formalidades inútiles y de la paciencia del prójimo. Es un remedo de censo de un niño y sus parientes en primer grado y corresponde á un colegio nacional.

Atrevido y pródigamente curioso, este pliego de condiciones para inscribirse en alguno de los cursos de estudios secundarios comprende dos capítulos: el de la matrícula escolar pura, que deberá suscribir el alumno, y el de antecedentes, que firmará el padre ó tutor del mismo. Todavía lleva al pié este pliego un apéndice en blanco titulado "otras referencias" que, por su misma ambigüedad, no tiene especificación de firma.

La primera parte de esta matrícula no tiene nada de objetable porque es precisamente correcta; pero la segunda contiene una porción de cosas improcedentes, porque no bastándole el nombre y la profesión de los padres del alumno, únicos datos indispensables á la autoridad escolar para mantener la armonía entre el instituto y el hogar doméstico y definir las responsabilidades de cada uno, entra á investigar el número de hermanos solteros y casados del estudiante, y cuántos son los varones y cuántas son las mujeres, y cuántos están en la menor edad y cuántos en la mayor, y cuántos trabajan y cuánto ganan... ¡oh! y meterse en estas honduras es como meterse en camisa de once varas.

Ignoramos si esa matrícula original es obra del rector del colegio ó del ministro de instrucción pública, que ha encontrado malas todas las cosas de la enseñanza y necesitadas de reforma...

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